sábado, 5 de enero de 2013

Malraux en el remite y en el destino

Unas 200 misivas conforman la correspondencia inédita del escritor y político francés

Picasso, Gide, De Gaulle, Bergamín y Dalí desfilan por el libro ‘Cartas escogidas’

Tres imágenes de André Malraux captadas por la fotógrafa Gisèle Freund, en una exposición en el CCCB de Barcelona.

André Malraux (París, 1901 -Créteil, 1976) era hasta ahora una de los pocas vacas sagradas de la literatura francesa del siglo XX que no contaba en su bagaje editorial con el correspondiente volumen de correspondencia inédita. En el caso del autor de L’ espoir, él mismo se había encargado de que sus cartas no vieran la luz, al menos en los treinta años que siguieran su muerte, según dejó estipulado en su testamento.
Malraux no consideraba la correspondencia como una forma de literatura. Sobre todo, era poco dado a hablar de él y de su intimidad, de lo que denominada “el miserable pequeño árbol secreto” de cada uno. Pero ahora, superado el impuesto veto temporal del autor, la editorial francesa Grasset ha decidido acabar con esta anomalía y publica una fascinante colección de cartas suyas, casi todas inéditas, que arrojan una nueva luz sobre uno de los grandes escritores —y políticos— del siglo pasado.
El libro, Lettres choisies, 1920-1976 (Cartas escogidas, 1920-1976), recoge así más de 200 cartas elegidas y anotadas por François de Saint-Cheron, en las que muestra a un Malraux liberado del corsé de la literatura y de su personaje de gran hombre de Estado. Deja así al descubierto al amigo atento, simpático, divertido y lector compulsivo, sin olvidar al hombre de compromiso político. Sus destinatarios no son otros que el general de Gaulle, Max Jacob, André Gide, José Bergamín —con quien mantuvo una estrecha relación hasta su muerte—,Marc Chagall, Pablo Picasso, Salvador Dalí...
“Nada me parece epistolar, salvo las ideas, las cosas de orden práctico y los elementos estrambóticos de la vida”. La frase del propio Malraux sirve de preámbulo a la obra, aunque en las cartas poco espacio se deja a esas “cosas de orden práctico”. Las ideas recorren toda su correspondencia, sean literarias o políticas, las más solemnes y las menos, y lo “estrambótico”, una de sus palabras fetiches, asoma en cada página.

Vida y obra

Nace en París el 3 de noviembre de 1901 y muere en Créteil en 1976.
De formación autodidacta, frecuentó los círculos de la vanguardia en París, junto a André Breton, Louis Aragon, André Gide...
En 1923, con su esposa Clara Goldsmith y un amigo viaja al templo de Angkor, en Camboya, y roba varios bajorrelieves. Es procesado y condenado a prisión. No cumple condena.
En 1936 explota la Guerra Civil española y se pone al servicio de la República. Combate en la Escuadrilla España como piloto. Es nombrado teniente-coronel. Realizó, con guion de Max Aub, la película Sierra de Teruel.
Fue ministro del Interior y de Cultura bajo la presidencia de De Gaulle.
Obras esenciales: La condición humana, La esperanza, Antimemorias, El museo imaginario...
Incluso investido ya de la función ministerial que ocupó desde 1958 hasta la retirada de De Gaulle de la política en 1969, Malraux demuestra su sentido del humor, el mismo que le hacía dibujar pequeños diablos en la esquina de sus notas del Consejo de Ministros. Así, en un correo fechado el 15 de junio de 1959, con el muy imponente sello del Ministerio de Asuntos Culturales, entabla un correo muy falsamente formal dirigido al escritor Pierre Véry sobre el presunto estudio por parte de una comisión de la ortografía de la palabra ministro con y “que expresa de forma sintética los sentimientos del gato de Mallarmé”, en lo que se parece a una broma entre los dos grandes amigos.
En las cartas dirigidas a De Gaulle, al que define como “un compañero a la vez maravilloso y fiel a bordo de un buque en el que el destino nos ha embarcado a los dos”, llama también la atención por momentos el tono desenfadado adoptado por Malraux. En una misiva de felicitación de Año Nuevo de 1966, adjunta “en un rincón, como el pastor de las pinturas flamencas que sostiene su pato detrás de los reyes magos, un deseo menor para los nietos”.
De principio a fin del libro, resalta sobre todo el valor aportado a la amistad por el autor de La condición humana. “En literatura, todo ataque personal es vano”, señala en un momento dado. En otra carta, se preocupa por la salud de una señora mayor y antigua resistente. A Martin du Gard le explica que se puso a cantar de la alegría al saber que le concedieron el Premio Nobel de Literatura, el mismo que Malraux nunca obtuvo. Incluso en otra misiva dirigida también a Du Gard transmite su enhorabuena a Albert Camus por obtener el premio y aplaude su “conducta ejemplar”: “se lo tendrían que haber dado a Malraux”, declaró Camus al saberse ganador.
Por momentos, su compromiso político formal con De Gaulle le aparta de su amor primero por la literatura. Muchas misivas son unas suertes de minicríticas literarias de obras que ha recibido, leído y analizado. En otras ocasiones, su intensa actividad política le impide mantener ese contacto tan fluido como desearía. Así lo manifiesta en una carta manuscrita a André Gide fechada a finales de 1945, en la que se disculpa por no haber podido agradecerle antes su artículo sobre su libro L’ espoir. “En cuanto a las pobres almas que piensan que ‘luchaba antes’ y ahora he ganado el reposo burgués, tendrían mucho que aprender…”, relata.
A Marcel Pagnol, quien le propone presentarse como candidato a la Academia Francesa en 1954, le argumenta su rechazo así: “El deseo de finalizar trabajos interrumpidos por 10 años empleados en lo que usted sabe, me ha obligado a una suerte de jubilación”. “Me separa de ustedes los libros que no he escrito”.
Saint-Cheron, el instigador de la publicación de estas cartas —muchas de las cuales tuvo que copiar a mano porque se encuentran en bibliotecas nacionales— asegura que las ha seleccionado con el único criterio de su interés. “No había nada escandaloso, ni desde luego mezquino en lo que he dejado de lado”. Desde la publicación del libro ha recibido varias copias de cartas enviadas por particulares que, por algún motivo, tienen guardada alguna carta de Malraux.

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