sábado, 25 de septiembre de 2010

LITERATURA › ELSA DRUCAROFF, ESCRITORA, CRITICA Y DOCENTE

“Necesitamos artistas que nos obliguen a afilar el lápiz”

El último caso de Rodolfo Walsh, su última novela, funciona como un thriller que incluye al escritor y militante como personaje. En la ficción, Walsh tiene que investigar qué pasó con Vicki, si la mataron o está secuestrada como prenda de negociación.

Por Silvina Friera

Las manos ya no tiemblan, pero se acuerdan. Alguna vez temblaron –como si un relámpago las hubiera rozado– cuando a los 20 años leyó a Trotsky. Cinco años atrás, en el amanecer de los ’70, esa joven de bucles azabache intentó abrazar la militancia en la escuela secundaria, en el Partido Comunista, más por mandato que por apego a la causa. “Venir de una familia del PC es más o menos lo mismo que haber nacido en una familia católica chupacirios”, bromea Elsa Drucaroff con una ligera mueca de fastidio. No era el PC su lugar en el mundo. No encontró espacio para su vocación artística ni para su pensamiento crítico. Sentía, entonces, más simpatía por Montoneros; ésa fue la primera transgresión contra la “genética” antiperonista, como si entallaría que nunca podría ser “gorila”.

Los ojos de la escritora, que acaba de publicar la novela El último caso de Rodolfo Walsh (Norma), parecen una pantalla de cine. Proyectan –con una nitidez asombrosa– un capítulo inolvidable de su adolescencia. Ella está en el departamento familiar de Congreso. Es el 25 de mayo de 1973. Su mirada se embriaga con las columnas de obreros que marchan agarrados del brazo. Se hubiera tirado de cabeza, se moría de ganas por integrarse. Su padre se lo prohibió. “Estaba en el balcón con el puño levantado, porque tenía que mostrar que era comunista, pero con la otra mano, a escondidas, hacía la V. No por peronista, sino por ellos, que eran de verdad la clase obrera.”

Los dedos índice y medio extendidos forman la V peronista con una convicción casi en modo piloto automático, pero ante Página/12 Drucaroff omite por vergüenza emular el puño levantado. Se ríe como si estuviera involuntariamente pirateando una probable versión femenina de Bombita Rodríguez. Sabe que a fuerza del recuerdo en ese balcón le sale como si hubiera sido una peronista de pies a cabeza. Otra risa –de una potencia arrolladora– estremeció a la escritora, crítica y docente mientras estaba dando obras de Walsh en un seminario que dictaba en el Profesorado Joaquín V. González. La última risa de Vicki –mencionada en “Carta a mis amigos”– cuando disparaba la metralleta desde la terraza de una casa de Villa Luro, en un enfrentamiento desigual con las fuerzas represivas. Se lanzó a escribir con el eco de esa risa en la garganta, intentando comprender. En el thriller trepidante que tramó Drucaroff (escrito como si se hubiera apropiado de la prosa concisa y al hueso del autor de Operación masacre), Walsh tiene que resolver menudo enigma: si su hija Vicki está con vida, secuestrada por el Ejército para “negociar” con Montoneros. No se puede contar nada más –pide la autora– para no embarrar la cancha de las expectativas de los lectores y sugerir, sin querer, la vuelta de tuerca que propone esta ficción. Aunque en la vida real se sepa que el destino de hija y padre –en este “orden biológico subvertido”– fue la muerte.

Una pieza clave de El último caso de Rodolfo Walsh es la inserción de un personaje de ficción-real: el protagonista del cuento “Esa mujer”, el teniente coronel que secuestró el cadáver de Eva Perón. Retirado desde el ’56, pero con contactos en el ejército, el König de Drucaroff tiene una hija estudiante de antropología que milita en Montoneros. Y continúa –claro– dialogando con el escritor que lo “inmortalizó”, tironeado por la admiración literaria y el rechazo ideológico. En este policial que despliega su dispositivo micro político familiar en pequeñas dosis, también juegan sus cartas un puñado de personajes a dos puntas: militantes Montoneros que polemizan con Walsh y un militar –Oddone– que conspira en su “patriada” contra la guerrilla peronista, entre otros. La escritora plantea que la novela fue concebida para reconstruir el diálogo intergeneracional quebrado por la dictadura. “Soy muy amiga del dramaturgo y escritor Ignacio Apolo, que tuvo mucho que ver con la gestación de esta ficción. Hablando con Ignacio de mi adolescencia-juventud, le conté de la fiesta de la militancia, de lo que fueron los ’70. Pero él me decía que eso no existía; si tenía que pensar en el pasado, el pasado era 1976. Ignacio escribió una novela que para mí es fundacional en la nueva narrativa, Memoria falsa, que fue publicada en 1996 y que comienza con un personaje que dice que el mundo tiene 20 años y que cualquier cosa anterior es una nebulosa mítica. Quise escribir esta novela para hablarle de la fiesta de la militancia –admite–; por eso empieza en el ’72, con una acción de Montoneros cuando tenía representatividad social, con la repartija de alimentos en una villa. No eran acciones violentas; rara vez había sangre y eran muy simpáticas.”

–En una de las discusiones que se dan en la novela, un militante le dice a Walsh que “cuando pensamos en política tenemos que desterrar toda consideración de nuestra intimidad”. ¿Intenta refutar esta afirmación y pensar la política desde la intimidad?

–Sí, creo que es una buena definición. Una de mis obsesiones es la relación entre lo personal y lo político; probablemente a las mujeres este tema se nos plantea de un modo urgente. Hay una cantidad de cuestiones que no sé si tengo resueltas y tampoco sé si quiero resolver... En los años ’70, el discurso de que cualquier problema de la intimidad era egoísta y pequeñoburgués culpabilizó a mucha gente. Y es una cosa grave culpabilizar por los afectos, por la capacidad de entrega y generosidad con un núcleo íntimo, que también es un núcleo social. La pregunta que me martilla la cabeza es cómo vamos a conseguir la justicia social si en esa íntima sociedad que es el núcleo familiar que hemos armado –como fuere esa familia– no podemos sostener relaciones de justicia, ¿no? Ese es un gran tema para mí.

–Los personajes militares o ex militares, Oddone y König respectivamente, parecen sintonizar con el apropiador de “Potestad” de Pavlovsky; generan empatía, pero también un rechazo visceral. ¿Qué buscó al trabajar la ambigüedad?

–Esa ambigüedad es una especie de ética literaria; un escritor debe pensar sus personajes no como estereotipos, sino como personas. Es evidente que un nazi o un torturador –o quienes tengan las ideas más execrables– es una persona. En mi literatura, si estoy trabajando con una construcción verosímil, tengo la obligación de hacer ese proceso que Bajtín llamaba de vivencia y extraposición: ponerme en su lugar, respetarlo como persona y hacerme sus preguntas; respeto que no le tendría en la vida. Pero la ficción es para experimentar, para ponerme dentro de la cabeza de un tipo que ha decidido asesinar y torturar. Preguntarme qué le pasa, ¿es un sádico? Podría ser una respuesta, pero Oddone no es un sádico; al contrario, está haciendo lo que cree que se debe hacer, lo que el país necesita. El arte puede alumbrar, puede permitir pensar y contemplar cosas que en las urgencias de la vida real no se piensan ni se contemplan. ¡A mí me importa un pepino si Videla era honesto o no; tiene que estar preso y con cadena perpetua! Pero como escritora debo pensar en ese tipo de personajes, algo que hace Pavlovsky con el apropiador de Potestad. El arte está para abrirnos la cabeza y no para repetir lo que ya sabemos.

El tono de su voz se eleva al compás del fervor de una militancia literaria crítica. “El discurso sobre la represión y el terrorismo de Estado necesita pensar matices. En el caso de König, en mi novela, no es un hijo de puta; es un tipo que me resulta muy respetable”, subraya Drucaroff. “El personaje de la ficción es un militar retirado de la línea blanda que quería derrotar y vencer a la guerrilla por medios legales. No se puede olvidar que el problema de la represión, los 30 mil desaparecidos y la derrota del campo popular, no sólo atañe a los militares –recuerda–. El proceso de reorganización nacional, para usar la denominación que se dieron ellos, es un nombre correcto: reorganizaron para todos. No es un problema de militares contra civiles. Recién ahora comienzan los juicios a los beneficiarios civiles, por ejemplo a (José Alfredo) Martínez de Hoz. Yo quería mostrar a un militar que se porta dignamente. König es un tipo de derecha, pero muy respetable; con él tomaría un café; con Oddone, no”. La escritora busca redondear su planteo y agrega que no le interesa el macartismo al revés. “(Louis-Ferdinand) Céline era un tipo de derecha que era necesario para la sociedad; a (Michel) Houellebecq, desagradable si los hay y profundamente conservador, le agradezco lo que me ha hecho pensar porque sus libros me ponen en permanente conflicto. Necesitamos artistas que sepan pensar, que nos obliguen a afilar el lápiz y a contestar; ésa es una misión maravillosa del arte.”

–¿Por qué cree que en el ’76, con desapariciones y caídas de citas cotidianas como enumeraba Walsh en sus documentos, costó tanto asumir la derrota?

–Costó asumir la derrota no sólo en 1976; en 1988 o 1989 se seguía negando. Tengo documentos de los partidos de izquierda que en masa todavía decían que el campo popular había vencido a la dictadura y que por eso había democracia. ¡¡Un disparate absoluto!! Hoy parece un lugar común cuando se habla de derrota, pero costó asumirla. ¿Por qué no se reconoció en ese momento? El factor generacional no es un dato menor. El enceguecimiento de la pasión y la fantasía militarista fueron muy importantes para no asumir la derrota. Pensaban a veces en términos puramente militares: cuántas armas tenemos, qué poder de fuego tenemos; ese tipo de cuestiones. Montoneros no se dio cuenta de que la gente ya no los bancaba. Hubo acciones disparatadas que –hay que asumirlo– fueron acciones asesinas. No estoy sosteniendo la teoría de los dos demonios. Hubo un Estado terrorista y una fuerza revolucionaria que perdió en un momento el norte. Y lo perdió por una cantidad de complejos motivos que nada tienen que ver con lo demoníaco; 150 militares, un helicóptero y una tanqueta contra Vicki Walsh no son dos demonios. Una vez aclarado esto, tengo derecho a pensar críticamente la lucha armada. Hubo momentos tremendos, idiotas y asesinos...

–Walsh planteaba algo similar en varios documentos, pero aún cuesta hablar de esos momentos “idiotas”, ¿no?

–Sí, lamentablemente de estas cosas se habla poco, pero es necesario hablar desde la izquierda porque no tenemos que dejar que lo tome la derecha como bandera. En un documento fundamental de Walsh en el que critica a la conducción de Montoneros plantea que no se puede perder la bandera de los derechos humanos. Pero si ponemos una bomba en el comedor de la policía –escribe Walsh–, la vamos a perder. Y escribe esta frase porque de hecho se había puesto una bomba en el comedor de la policía que mató a la señora que limpiaba la mesa, que no era precisamente una enemiga del pueblo. Hay algo que me ha pasado a mí y les pasa a todos los jóvenes y es maravilloso que pase; no quiero que suene de un modo peyorativo. Uno se enamora de absolutos y eso habla de la posibilidad de entregarse, que es una gran virtud. Pero al mismo tiempo ahí es donde resulta importante el intercambio generacional. No viene mal escuchar el relativismo de otras generaciones, de la gente más grande, que a su vez tienen problemas graves porque ese relativismo los lleva al escepticismo, al cinismo y a sensaciones de mierda con las que no me identifico.

–En la novela inventa una acción de Montoneros en la que un joven vacila cuando tiene que matar a un militar no combatiente que pertenece a la Intendencia del Ejército. ¿Qué propone desde esa pequeña vacilación?

–La pequeña vacilación que tiene el muchacho se debe a que no es fácil matar a alguien que te mira a los ojos; vacila porque no es un enceguecido, pero finalmente mata porque le viene toda la teoría que leyó sobre que “el poder nace de la boca de un fusil” o que “la violencia es la partera de la historia” o qué vale la vida de alguien en comparación con la revolución para todos; frases que se decían y estaban naturalizadas y que yo misma, cuando tenía 18 años, no encontraba mucho cómo cuestionar. No soy una pacificista ciento por ciento; con ese criterio tengo que estar en contra de San Martín en la batalla de Chacabuco. San Martín también utilizó la violencia y mató a gente. No pasa por un planteo tan simple como ser o no pacifista. La violencia tiene que ser la expresión representativa de un grupo social real, no el delirio de un grupo que perdió todo anclaje en la sociedad. Y así y todo hay que ver... Yo no podría matar a alguien que me mira a los ojos. No lo tengo resuelto. Si supiera, no habría escrito la novela.

–¿Logró comprender la risa de Vicki?

–Sí, la risa de Vicki es un acto de autoafirmación generosa y heroica en el mejor sentido. Vicki se reía cuando disparaba porque estaba rodeada por 150 efectivos, había un helicóptero que disparaba y una tanqueta. Todo lo que tenía ella era su metralleta. Y su metralleta era decir: “Acá estoy, carajo, si no me bajo no me bajan...” Se reía de su poder, del poder que le dio entregar su vida no para ganar guita, no por todas las mierdas por las que se ha entregado la vida después de la derrota del campo popular en la Argentina. Se ríe porque ganó; muere riéndose. A mí me encanta la risa de Vicki. La gente que puede hacer de la muerte un gran acto me produce admiración.

lunes, 20 de septiembre de 2010

LITERATURA › RICARDO PIGLIA ANTE LA EDICION DE BLANCO NOCTURNO

“No quise darle el sentido de una alegoría nacional”

“No me parece que la literatura argentina haya cambiado mucho, mientras que si uno lee los medios, parece que cambia todo el tiempo”, señala el escritor, que entrega otra de esas novelas que terminan llenas de subrayados del lector.

Por Silvina Friera

Los recuerdos estallan como un relámpago justo cuando la luz del sol se retira de la ventana. Ricardo Piglia –tan amable que parece más alto de lo que realmente es– pone un racimo de uvas sobre la mesa, un saque de frescura tentador para paliar el aumento de la temperatura primaveral. Después de trece años, el escritor regresa con la esperadísima y excepcional “ficción paranoica” Blanco nocturno (Anagrama). Y vuelve por unos instantes a la infancia tardía. O al arranque –incierto– de su adolescencia. Habrá que imaginarlo con el pelo más prolijo, menos ensortijado; con la mirada alborotada por un destello fugaz, acaso la incomodidad típica de intuir que cuesta encajar en el mundo. Está en la casa de una de sus tías. Los primos juegan a las cartas. La fecha –26 de julio de 1952– es imposible de olvidar: se clava como una estaca que marcará un antes y un después en la vida de esa familia. Una radio, de esas que se enchufan a la pared, escupe “la” noticia del año. Un primo repite –a los gritos– la novedad: ha muerto Eva Perón. Las cartas vuelan por los aires. Algunos puños –los del padre– se cierran automáticamente por el dolor; otras manos se expanden sin pudor por arengar, como si estuvieran celebrando un gol. “Se armó un lío tremendo”, subtitula el escritor ese momento, con la austeridad que le suministra esa aliada fundamental en su vida que es la paciencia. “Algunos se pusieron contentos, otros lloraban. La tensión que generaba el peronismo estaba en el seno familiar.”

“La experiencia es una lámpara tenue que sólo ilumina a quien la sostiene.” La frase de Luois-Ferdinand Céline abre las puertas de la nueva novela de Piglia, en la que regresa una vez más su alter ego Emilio Renzi. El editor Jorge Herralde suele proclamar, contra viento y marea, que los libros del escritor argentino son los que más subraya el lector. Blanco nocturno no sólo podrá ser la confirmación de esta “regla”, sino que representará, probablemente, la exageración. No faltará quien marque de punta a punta las 299 páginas, o quien deje –quizá porque desconfía de la perfección, aunque la abrace como ideal– apenas un par de párrafos huérfanos de subrayados. Un pueblo del sur de la provincia de Buenos Aires asiste a la llegada de Tony Durán, un mulato portorriqueño tan aventurero como seductor que, cuando tropezó con las hermanas Belladona, las mellizas Sofía y Ada –tan iguales que la simetría resulta siniestra–, vio la oportunidad de ganar la apuesta máxima de su vida. El menage à trois rubrica las murmuraciones; es la comidilla de la que se alimentarán los parroquianos en el Club Social o en el almacén de Madariaga.

El triángulo erótico inicial desembocará en las peripecias de la historia familiar –dos hermanos, Lucio y Luca, con una fábrica familiar quebrada; un padre abandonado por dos mujeres y más trapitos para sacar al sol– cuando Durán es asesinado. Los rumores y chismes están a la orden del día: Durán –se dice– era un valijero que había traído plata, que no era para él, para comprar bajo cuerda las cosechas con empresas ficticias y no pagar impuestos. El comisario Croce –policía desde el primer peronismo, “un poco tocado”, lo definen algunos– ingresa en el reparto de personajes para llevar adelante la investigación. El caso adquiere una relevancia inusitada en los medios nacionales. Cada vez más obsesionado con la literatura –hasta reparar en las formas gramaticales y las conjugaciones de los verbos como un “filólogo enardecido” que no entiende lo que le dicen porque se distrae en sus divagaciones–, Renzi irrumpe en el pueblo como cronista del diario El Mundo. Y se enamorará perdidamente de la pelirroja y cocainómana Sofía. “Me gusta el tono de Sofía; funciona como un contraste en la novela. Sus diálogos con Renzi son como una pequeña pausa en medio de la acción”, plantea el escritor a Página/12.

–¿Por qué transcurre en 1972, cuando no se sabía aún si Perón regresaría?

–No quería situar la novela en el presente; durante un tiempo transcurrió diez años después, en la época de Malvinas, pero pensé que era un poco demagógico. No me gustan las novelas que recurren a acontecimientos muy notorios como para darles un valor suplementario. El ’72 es un año en el que todos están esperando que las cosas cambien; me pareció que era posible que la política no actuara de una manera tan directa, como pasa a menudo.

–Es muy interesante el comisario Croce, un peronista que no la pasó nada bien después del ’55, como su padre. ¿Hasta qué punto inciden los avatares del peronismo en la “locura” de Croce?

–Creo que están muy ligados. Como sabemos, nunca hay un motivo directo, pero ciertos acontecimientos agudizan las crisis. Me interesa mucho el período de la proscripción del peronismo porque lo sufrió mi padre. Era una situación muy irritante que no se podía resolver. Croce funcionaba en este contexto muy bien. En el policial nunca hay referencias directas a la situación política, pero sí a las relaciones de poder. En el caso de Blanco nocturno, que no es una novela policial, Croce encarna y sostiene el género. Siempre he incluido rastros del género policial en todos los libros que escribí, incluido Respiración artificial.

La risa nunca alcanza a estallar en una carcajada. Es una risa irónica de “perfil tanguero” tamizado por una pizca de escepticismo. Los labios del escritor se despegan apenas y amagan con ejecutar una cabriola cercana a la carcajada cuando escucha que con Blanco nocturno ha puesto la piedra fundamental de un nuevo género, la “ficción paranoica”, título de uno de los cursos que suele dar en la Universidad de Princeton. “La investigación o interpretación excesiva que formaría parte de esta tradición de la ‘ficción paranoica’ establece relaciones entre hechos que no necesariamente tienen relación, un poco lo que le pasa a Croce. Si bien él se da cuenta de que está tratando de entender lo que sucede, a la vez se está siendo observado, amenazado.” Piglia manotea unas uvas y las mastica apurado, como si intuyera la amenaza de algo que no terminó de explicar. “El género resuelve cuestiones que en lo real no se resuelven; establece una suerte de pacificación de los conflictos, aunque sea un poco incierto, como en el caso de Marlowe, pero hay siempre un ‘final feliz’ desde el punto de vista de la investigación. En cambio en esta novela –compara– me resultó más interesante que los hechos estuvieran sobre la mesa para el lector; que hubiera una interpretación de Croce que es desmentida, aunque creo que es bastante cierta. Pero nunca el relato decide de un modo explícito que ésa ha sido la verdadera interpretación.”

–¿De qué modo cree que esta historia íntima-familiar de los Belladona se superpone con la historia del país?

–No quise darle el sentido de una alegoría nacional; sencillamente intenté que funcionara con una historia que comenzaba con el abuelo, que es una historia real en el sentido de que es la historia de mi abuelo, el padre de mi padre que fue jefe de estación de ferrocarril. En las historias familiares también está la historia política de un país; eso es más visible en las zonas más tradicionales de la sociedad argentina, donde la herencia tiene que ver con la tierra. No quise que fuera una novela familiar; pero la estructura familiar es muy importante para la trama. Y eso es algo que hemos aprendido de Faulkner, ¡vamos a decir la verdad! Faulkner ha hecho de eso un gran uso para construir momentos densos de la historia. Pero además, yo tengo una familia por el lado de mi madre y de mi padre que te puedo asegurar que no podría contar todas esas historias, aunque viviera cinco vidas correlativas. La familia es una corporación narrativa; es uno de los grandes ámbitos de la narración, por lo menos ese tipo de familias donde, cuando yo era chico, convivían generaciones distintas en una misma cuadra del barrio.

–¡Tanto hay en su familia que no le alcanzarían cinco vidas!

–Yo lo pienso así (risas), hay muchísimas historias para contar, aunque suene exagerado; los primeros en llegar al país lo hicieron por 1890. Las historias de las familias de inmigrantes son muy épicas, muy heroicas, muy increíbles desde el punto de vista de lo que suponen esos desplazamientos. En Blanco nocturno intenté transmitir esas tradiciones de asentamientos que están en las historias familiares. Ese para mí es el fundamento de la historia: una familia de inmigrantes italianos que llega aquí, se instala, prospera y se incorpora, a su manera, en la tradición nacional. Todavía hay mucho para contar.

–Una parte fundamental para contar debe de haber sido cómo vivió su padre la derrota del peronismo después del ’55...

–Creo que no se repuso nunca; él miró con cierta distancia todo el proceso del ’73, y con mucha amargura y decepción el menemismo. En mi padre veía una serie de experiencias, de formas de vida, que pertenecían a una tradición fuerte en la Argentina, como las reuniones en casa para escuchar las cintas de Perón. El luto que había que usar por la muerte de Evita –las marcas autoritarias de ese momento–, todas esas cosas como que había que afiliarse al partido parecen menores después de lo que vino en el ’55, que fue igual o peor de autoritario. Estas tensiones entran muy filtradas en la novela. He tratado de que la política funcione, implícitamente, provocando efectos y cambios en la vida de los personajes.

–Luca es el personaje que resiste el derrumbe de la fábrica familiar, casi se diría que es un “personaje peronista”, en tanto sigue arañando cierto imaginario conectado, en parte, con el peronismo.

–Por eso digo en broma que ésta es mi novela sobre el conflicto del campo, sobre la especulación de la tierra (risas). Hay un clima que está insinuado del modo en que la ficción suele hacerlo, desplazando; entonces aparece Perón, como si estuviera en el aire, en las pintadas de las paredes del pueblo. Luca defiende un tipo de universo que es totalmente contrario a lo que lo rodea.

–¿Luca sería, también, una suerte de pariente lejano de Arlt?

–Cualquier inventor o personaje que esté construyendo objetos nos remite a Arlt. Luca construye objetos para los cuales la realidad no está preparada todavía y no se sabe qué funciones puede tener. Trata de que la realidad, su propia realidad, se conecte con el afuera; por eso piensa que lo van a llamar de algún lugar para financiarle algo. Esa es la sensación que me producen ese tipo de personajes de la cultura argentina, como Xul Solar, o esos inventores de provincia que trabajan en un taller mecánico; ese mundo que viene del universo de los talleres, el galpón de las herramientas, una destreza que también se puede remontar a la inmigración. Me gustó contar la historia de alguien que está construyendo objetos que son el eje central de su interés. Luca es un personaje trágico porque no puede decidir otra cosa.

–En estos trece años que le llevó Blanco nocturno, ¿sintió que estaba produciendo una novela para la cual la realidad no estaba preparada?

–Si pienso cómo estaban las cosas hace diez años, no me parece que la literatura argentina haya cambiado mucho, mientras que si uno lee los medios, parece que cambia todo el tiempo. Han cambiado ciertos elementos de circulación, pero desde el punto de vista de las cuestiones que están en juego y de los estilos no existen signos de grandes transformaciones. Veo más bien la continuidad de ciertas poéticas que ya existen, que se van profundizando y se van adaptando temáticamente o por su modo de circular con nuevas coyunturas. En las novelas de hace diez años los personajes se mandaban cartas o se llamaban por teléfono y ahora se mandan correos electrónicos. No es un signo que tenga que ver con cómo cambia la literatura.

–¿Cuál fue el último cambio significativo que vivió la literatura argentina?

–La aparición de una serie de poéticas relacionadas con la cultura de masas, las poéticas de Saer, Puig y Walsh, a fines de los años ‘60. Saer mantuvo una oposición irreductible respecto de la cultura de masas y construyó su obra como una oposición tajante. La literatura es aquello que usa una lengua que excede a los circuitos estandarizados de la cultura de masas. Puig incorporó toda la cultura de masas mientras mantuvo su carácter experimental como novelista. El fue uno de los escritores más visibles que comenzó a establecer una relación de intercambio y usos de los mundos sentimentales, los estereotipos y formas de la cultura de masas. Walsh intervino directamente en la cultura de masas; me parece el más moderno de todos porque se alejó del objeto libro. Sus grandes textos fueron publicados parcialmente en periódicos, sus intervenciones fueron cada vez más productivas, no sólo Operación masacre, que modificó la relación con el periodismo, sino el periódico de la CGT de los Argentinos, un gran acontecimiento para la historia del periodismo. Walsh produjo medios; por lo tanto, en esa relación escritura-cultura de masas es el más avanzado porque fue el primero en intervenir en esta discusión. Estas tres poéticas son los últimos grandes cambios de la literatura argentina. Hoy tenemos muchos Saer, muchos Puigs pocos Walsh... pero seguimos navegando en ese horizonte.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Retrato del hombre que fue el mismo y también fue otros

El primer volumen compila Poemas de la oficina, Noción de patria, A ras de sueño y Letras de emergencia, textos que abren el panorama de las preocupaciones de Benedetti y su determinación de abordarlas con todos los materiales que le da la lengua.


Por Liliana Viola

Si hay en toda Latinoamérica un poeta cantado, ese poeta es Mario Benedetti. Los Olimareños, Daniel Viglietti, Joan Manuel Serrat, Pablo Milanés, Nacha Guevara, Ismael Serrano, el piano de Favero. La lista sigue. Grandinetti recitándolo como un credo, el mismísimo Mario leyéndose en voz alta como un personaje taciturno y sabio de película argentina. Los choferes de colectivos que pegaban sus versos en formato de poster atrás del asiento y todos los pasajeros que lo rumiaban durante el viaje. La lista sigue. A tal punto que en 1993, el mismo Benedetti editó Canciones del más acá, donde recopilaba unos sesenta poemas que habían sido apropiados por diferentes intérpretes. En una época en la que ya no se aprenden poesías de memoria, largas generaciones recitaron entusiasmadas este lenguaje propio, este “código Benedetti” o ritmo interno, modo particular de nombrar cosas comunes a los habitantes del Cono Sur: la prepotencia, la rutina, el fracaso de la clase media, el amor como tabla de salvación, el exilio y también esa palabra inventada y experimentada por él mismo, el “desexilio”. Un optimismo nunca ingenuo ni tonto, si se toma en cuenta que siempre renace desde la evaluación de una realidad cruda y hostil, muchas veces vergonzante.

A menos de dos años de su muerte, vaya a saber si por fuerza de la nostalgia o por necesidad de rectificación, se impone una relectura de sus obras, todas sus obras, una necesidad de mirar otra vez el rostro de Benedetti, que por tan familiar y tan vecino no se vaya desdibujando. “Me interesa conocer el rostro del escritor, y éste sólo es reconocible en las obras completas”, había dicho alguna vez, tal vez clamando la atención por una obra múltiple, que suma aproximadamente ochenta títulos donde transitó casi todos los géneros posibles e imposibles. Desde la rima más pegadiza hasta el haiku, desde el diario íntimo del protagonista de La tregua a la maestría feroz de Gracias por el fuego, artículos periodísticos, arengas políticas, cartas literarias, papeles privados que se ocupó de guardar para la posteridad. En cada uno fue el mismo, pero también fue otros.

Biblioteca Benedetti Poesía

El 14 de septiembre se cumplieron 90 años de su nacimiento, y a los festejos que impulsa la Fundación Benedetti con el lanzamiento de un libro inédito y la creación de un concurso internacional de trabajos críticos sobre su obra, Página/12 se suma con la colección Biblioteca Benedetti Poesía, cuyo primer tomo se presenta mañana junto con el diario. Esta colección, de la cual irá apareciendo un libro por mes, está compuesta por doce tomos en los que se han reunido veinte títulos editados en vida por Mario Benedetti y que abarcan desde los primeros pasos hasta los últimos. Desde el hallazgo que lo consagró en 1956, Poemas de la oficina, pasando por los ya clásicos Noción de patria, Viento del exilio, Próximo prójimo, hasta llegar a El mundo que respiro (2000), Defensa propia (2004) y Adioses y bienvenidas (2005).

La edición de este diario, que se mantiene completamente fiel a las versiones originales, incluye prólogos escritos especialmente por poetas, críticos y escritores –Fernando Noy, Mariana Enriquez, Claudio Zeiger prologan los tres primeros–, dando cuenta de la expresa intención de esta biblioteca, que se completará más adelante con otros doce títulos con su obra en prosa: alentar no simplemente la lectura sino la relectura. A lo esperable, por repetido y recordado, le irán apareciendo las sorpresas que el escritor aún se reserva. Capacidad única de simplificar sin romper, sin dejar partes afuera. De ejercer la violencia sobre un pueblo aletargado, sin herirlo. Implacable en sus convicciones al punto de hacerlas proyecto literario que simultáneamente es un proyecto de país.

No es tan sencillo desentrañar las razones que convierten a una persona o a una obra entera en un mito. Y Benedetti, además, da la impresión de haber tenido algo que decir de todos los mitos y mitologías del sur. Para él, y a partir de él, el exilio es viento, Allende es “el hombre de la paz, la frente libre de pesadillas, el hombre que era un pueblo”, los desaparecidos “están en algún sitio / concertados desconcertados / sordosbuscándose / buscándonos”. Para él hay alguna razón secreta por la cual no se repitieron ya los viajes a la Luna, el bueno de Armstrong “algo debió explicar a su regreso/ algo diferente al discurso de gloria/ que le ordenaron pronunciar eufórico”. Impredecible Benedetti, puede escribir una habanera o un tango, convertirse en poster y denunciar el poster en el que han convertido al Che Guevara: “Lo han cubierto de afiches/ de pancartas/ de voces en los muros/ de agravios retroactivos/ de honores a destiempo”.

En todas estas palabras reunidas, cada lectura tiene la oportunidad de buscar las razones del mito, o mejor dicho, de ese “mito discretísimo”, como lo definió recientemente su biógrafa Hortensia Campanella.

La oficina, la patria, los sueños, el ritmo

El tomo que aparece mañana contiene cuatro títulos: Poemas de la oficina, Noción de patria, A ras de sueño y Letras de emergencia. En doscientas páginas, estos textos escritos entre mediados de los ’50 y comienzos de los ’70 abren el panorama de las preocupaciones del autor y de su determinación de abordarlas con todos los materiales que le da la lengua.

Los cuatro libros apuntan a objetos bien diferentes, pero que a la luz de Benedetti cobran coherencia: el gris de las oficinas convertido en objeto poético, la patria ya no como bandera a celebrar sino como una idea que duerme mucho pero que no sueña nada y a la que hay que despabilar, el pasaje onírico por los mismos territorios y el ingreso al cancionero de protesta visitando el tango, la habanera, la milonga y los cielitos más virulentos.

Las reflexiones del mismo Benedetti acerca de la relevancia de sus poemas de la oficina dan ya una pista sobre su proyecto literario, que si bien se hace evidente en este libro, nunca termina: “A partir de esa cosa gris que tiene la vida oficinista, yo traté de encontrar una esencia poética. En mi país había surgido una poesía de corzas y gacelas y madréporas y cosas así, que empleaba como base de metáfora una flora y una fauna ni siquiera existentes... el lector uruguayo le huía en general al libro nacional... porque no encontraban temas comunes casi, ni palabras comunes como aquellas que formaban su lenguaje, que expresaban su vida... Creo que el mérito que pueden tener los Poemas de la oficina es haber intentado llevar ese lenguaje, esas preocupaciones, esa problemática cotidiana a la poesía. Estos poemas de temática tan poco prestigiosa desde el punto de vista literario nos abrieron los ojos al país gris y triste que éramos”.

Fernado Noy destaca en el prólogo que este libro “le brindó a su autor la posibilidad casi utópica de crear una especie de poesía burocrática nunca antes vista, donde la epifanía de ciertos detalles laborales se agiganta como inesperada tabla de náufragos para quienes padecen horarios sin respiro. En sus páginas descubrimos que la esperanza apenas ‘cabe en un dedal’, metáfora de ese sueldo indigno, sucio de sobres manchados por jaurías de sellos alimentando la insaciable voracidad de toda burocracia. Multitud de autómatas cumpliendo horarios resignadamente hasta que la jubilación los separe del capataz urbano. Uniformes y figuras que al final terminan siendo la misma ajusticiada maraña de ojos que espían con ansiedad las dagas giratorias del reloj decapitando horas”.

Para Noy, vaya donde vaya, lo que jamás se pierde de vista en la poética de Benedetti es el suelo propio. Ese suelo es un Uruguay que hasta el momento ha mantenido su mirada fija en el exterior, desconociendo su propia y riquísima cultura. Benedetti lucha y logra hacer que comiencen a mirarse y redescubrirse. A su vez, en referencia a Letras de emergencia, Noy toma nota de que estos cantos de resistencia trascienden los límites de Uruguay, “cielitos sinceros contra una oligarquía compartida por ambas orillas. La bronca cruza las márgenes de un mismo río de este poeta que desde que irrumpe genera sucesivo y renovado placer, burla inteligente que supera hasta el tiempo”.

La estética de la colección diseñada por Alejandro Ros no por casualidad remite al tiempo, “el mago lejanísimo y borroso” contra y con quien luchó siempre. Doce tomos, el día entero dedicado a reconocer el rostro de un escritor.

lunes, 13 de septiembre de 2010

CULTURA › JOSE PABLO FEINMANN Y LEON ROZITCHNER EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

“Nadie escribe impunemente”

En el marco de la celebración por los 200 años de la BN, ambos intelectuales intercambiaron ideas, tomando la escritura como objeto de reflexión. Coincidieron en la necesidad de plasmar emoción y sentimiento en lo que se quiere decir, ya sea desde la literatura o desde la filosofía.

Por Juan Martín Bregazzi

¿Qué es aquello que surge cuando una mujer o un hombre se sienta a escribir? La respuesta parece resultar sencilla. Lo que se escribe es un texto y, por su contenido, podrá ser una novela o un ensayo filosófico, entre muchos otros géneros posibles. Pero, ¿quien redacta ese texto es, de manera irremediable, un escritor? Para José Pablo Feinmann “no cualquiera puede escribir”, y afirma que además, muy pocos pueden ser definidos como “escritores”. El, junto a León Rozitchner, conferenciaron el sábado a la tarde, en la Biblioteca Nacional, bajo el marco de la celebración que la Biblioteca está llevando a cabo por sus doscientos años. Tomaron a la escritura como objeto de análisis y reflexión, y entre desvíos y desplazamientos, intentaron vencer las definiciones comunes y brindar una visión distinta sobre el “arte de la palabra” –tanto como hecho en sí mismo, y como acto de creación en la Argentina del Bicentenario–.

“Afortunadamente apareció Internet –comenta Feinmann–. Ahí están los blogs, los foros, y todos ‘escriben’. Todos vuelcan su subjetividad tan apreciada –por ellos– y considerada tan valiosa como para ser puesta al examen universal, en un blog.” El público del auditorio se ríe y festeja las ironías del filósofo, quien continúa intentando demarcar lo que él considera que debe ser un escritor. “Cuando se presentan en un concurso literario 700 novelas, uno dice, definitivamente, que no puede haber 700 escritores. Es más, dudaría que hayan existido más de sesenta en todo el siglo XX.”

Para Feinmann, un autor debe pensar en el público al que se dirige. Considera falsa la visión que afirma que, a la hora de escribir, no hay que pensar en los futuros lectores, ya que esto condicionaría lo que en principio se quiere decir. Retoma en ese sentido una frase del novelista español Pío Baroja –autor de Tierra Vasca y el Arbol de la Ciencia–, quien señaló: “Hay que escribir sin buscar un estilo. Sólo hay que intentar que el que lea entienda, y se entretenga”. El entretener al público, el tenerlo en cuenta, es una pieza fundamental del armado del texto, subraya Feinmann. “La literatura, y el arte en general, han pasado a tener una cosa que podemos dar en llamar ‘el prestigio del tedio’. Cuanto más aburrido es algo, mayor calidad parece tener. Si me aburre un libro es por mi culpa, como lector. Porque sin dudas el autor es tan genial, que si no me entretengo es porque no lo entiendo. Esta es una maniobra muy inteligente del arte que se hace llamar ‘posmoderno’. Alfred Hitchcock, que realmente sabía entretener a la gente, decía que el cine es la vida sin las partes aburridas. Eso se ha invertido. Ahora, para muchos, el cine termina siendo sólo partes aburridas, sin la vida. Esto es lo que sucede con el ‘realismo argentino’, que después pasó a llamarse ‘nuevo cine argentino’. Y esto ocurre también con gran parte de los que muchos llaman literatura.” Escribir, hacerlo bien y ser considerado un “escritor” parece depender del ojo crítico de quien esté evaluando. Pero para Feinmann es fundamental que toda obra exprese el estado de enamoramiento del autor ante su texto; su esfuerzo y el empeño volcado en el entramado de las palabras y los sentidos.

Rozitchner, si bien centró su discurso en torno de los textos filosóficos y no de los literarios, coincide con la necesidad de plasmar emoción y sentimiento en lo que se quiere decir. Da cuenta, también, del deseo, siempre existente en el escritor, de ser leído por alguien. No existe el autor para-sí: “Quien escribe aspira a que lo escuchen todos. La conquista del otro es el horizonte de toda escritura. Cada hombre aspira a ser amado por lo que expresa de sí mismo”. Rozitchner intentará luego demostrar que escribir encierra siempre, además de un momento de alegría y de pasión, una instancia de angustia, vinculada con el inconsciente y el cuerpo. “Esta angustia aparece cuando queremos decir lo propio. La escritura nos pone en juego en ese sentido; nadie escribe impunemente. Aquel que lo hace necesariamente tiene que enfrentar esa disyuntiva: o escribir desde lo que está autorizado a decir –y por lo tanto no corre riesgo–, o escribir tratando de habitar ese umbral profundamente contenido, de la materialidad y lo inextricable.”

Para Rozitchner, la pregunta por la verdad se hace presente en la filosofía. Pero marca la necesidad de distanciarse de la “abstracción” que la filosofía occidental, pura y espiritual, impone desde un plano idealista. Y es allí en donde se hace presente la problemática de ser un escritor y un filósofo en nuestro país, luego de años de dictadura y opresión. “El desafío de los que estamos en la Argentina es cómo hacer para que las palabras espirituales, aparentemente abstractas, susciten sin embargo un afecto que está escondido e impedido de surgir en la gente. La filosofía debe hacer que las personas que están más distantes –por medio del pensamiento– de su propio cuerpo, puedan encontrarse, así, consigo mismo, con su origen y su afecto primero.”

Escribir en la Argentina evidencia, además, un obstáculo comercial. Feinmann subraya que el negocio de los libros está monopolizado, de forma clara, por importantes multinacionales. Y si bien puede ser cierto que la perseverancia y el trabajo permitan darse a conocer a través de pequeñas editoriales, alcanzar un público masivo está vedado para quien no tengan contacto con las editoriales de mayor renombre. “Estas empresas publican a los escritores ‘consagrados’, como Paulo Coelho, Marcos Aguinis, y ese tipo de gente. Además, en las vidrieras de las librerías más grandes, raramente se encuentran libros de pequeñas editoriales. No hay ninguna moral en esto. Las cadenas ponen en las vidrieras, por ejemplo, el libro del jefe de la SIDE de Menem –Juan Bautista Yofre– porque lo edita Sudamericana. Les importa un pito la calidad. Quieren vender. Y es que en definitiva, para el gran mercado editorial, el mejor libro es el que más vende.”

miércoles, 8 de septiembre de 2010

RICARDO PIGLIA

DIÁLOGO POR INTERNET CON PIGLIA

Señor Piglia, ¿la novela es siempre producto de pequeñas ideas, en principio independientes, que el escritor une? ¿Es posible crear una novela sin tener una idea clara?


No es necesario tener clara toda la historia antes de empezar. muchas veces se empieza sólo con una imagen y luego se avanza. siempre un poco a ciegas.

Renato Prada Oropeza

2. 08/09/2010 - 18:02h.


Ricardo, usted es uno de los más representativos escritores hispanoamericanos. El valor estético de sus novelas y cuentos son verdaderas e incuestionablas contribuciones al pensamiento estético; por eso también es un excelente ensayista. Además es catedrático de una universidad gringa, ¿Cómo ve la relación entre la academia y el ejercicio creativo? ¿Qué disciplina imparte?


Gracias Renato. No veo oposición entre el trabajo en las clases y mis discusiones sobre literatura con mis amigos. De esas reuniones surgen también temas para los relatos y las novelas. Saludos cordiales.

Felipe Escovar

3. 08/09/2010 - 18:02h.


Un saludo. Hace pocos días murió Fogwill, ¿qué opinión tiene de los trabajos literarios de este autor? ¿Considera que hay puntos de contacto entre su obra y la de él?


Puntos de contacto no creo. Lo que más me gusta de Fogwill son sus cuentos.

Téxil

4. 08/09/2010 - 18:04h.


¿Qué piensa acerca de la lectura digital? ¿Cree que con los nuevos formatos se perderá calidad en la literatura?


No veo que la literatura pierda calida porque cambie el formato donde se lee. Debemos esperar para ver que modificaciones se producen en los estilos y en el modo de narrar. Si es que se producen.

Lisi

5. 08/09/2010 - 18:04h.


Hola, Ricardo, ¿Hubo un desencadenante que lo llevó a terminar esta novela? ¿O existía, tal vez, la necesidad de cerrar un ciclo? Gracias, Lisi


En un momento pensé que la novela estaba terminada y que no podía mejorarla. Entonces la publiqué.

Núria

6. 08/09/2010 - 18:05h.


¿De qué fuentes e influencias bebe tu novela ' Blanco nocturno'?


Es difícil para un escritor identificar sus influencias. En esta novela me parece que está a la sombra de Faulkner.

Nicanor Zambrano

7. 08/09/2010 - 18:07h.


¿Cuál es el valor que le da usted a ser americano de la América toda, respecto de los rebrotes de racismo e intolerancia que se verifican en diferentes países europeos? ¿Cómo se pienso esta problemática en términos literarios?


Cualquier persona decente repudia el racismo y se opone a la xenofobia y a la discriminación. Pero no siempre la literatura se escribe con los buenos sentimientos. Alguna novelas de Céline o del mismo Faulkner tienen a veces un aire levemente racista. ¿Son igual buenas novelas?

ivan

8. 08/09/2010 - 18:07h.


¿Cuál considera que es su obra cumbre?


Siempre la próxima.

Peco

9. 08/09/2010 - 18:08h.


Señor, ¿la obra que más veces a releído?


El diario de Pavese, 'El oficio de vivir'.

CasaPROS

10. 08/09/2010 - 18:09h.


¿Qué opina de la reciente columna de Rosa Montero donde se desliza que "la siliconada de los Kirchner" con sus (supuestos) ataques a la prensa y una policía corrupta se parece a una dictadura?


Lamentablemente no he leído la columna de Rosa Montero pero seguramente utiliza el término dictadura en un sentido metafórico. Pese a todo lo que pueda decirse el gobierno de Cristina Kirschner es desde luego un gobierno democrático.

Matildo Ubaldo

11. 08/09/2010 - 18:10h.


Ricardo: ¿Qué le parecio el 4 a 1 de Argentina frente a España? ¿No es novelesco?


Tiene algo de novelesco porque todos imaginábamos a Maradona mirando el partido.

Manu y su reloj

12. 08/09/2010 - 18:12h.


Señor Piglia, no tenemos tiempo para todo. ¿Qué cree usted que debemos priorizar en la lectura? ¿clásicos? ¿modernos? ¿contemporáneos?


Muchas veces los libros que se leen son elegidos por motivos diversos. El azar tiene mucho que ver. No creo en el concepto de lectura obligatoria. De todos modos es bueno pasar varios meses leyendo Moby Dick de Melville.

Marta

13. 08/09/2010 - 18:13h.


¿Cree que escribirá lo siguiente con un intervalo menor entre libros?¿Le da alguna importancia al silencio? Gracias


Espero que sí. Es decir, espero que mi próxima novela me lleve menos tiempo. El silencio entre un libro y otro tiene la misma función que el silencio en la música.

Coleman Silk

14. 08/09/2010 - 18:14h.


Estimado Sr. Piglia, ¿Cómo ve usted la relación entre el oficio del escritor y el de profesor universitario? ¿Productiva, forzosa, benéfica, dañina? Muchas gracias y enhorabuena


Para mi ha sido muy productiva. He aprendido mucho en las clases y es una experiencia muy benéfica para un escritor que envejece tener siempre como interlocutores a las nuevas generaciones de estudiantes.

Jose Manuel

15. 08/09/2010 - 18:15h.


Hola Ricardo, enhorabuena por esta nueva novela que algunos hemos esperado con ansia. Tras leerla la primera sensación que tuve fue que es un texto con mayor descriptivismo y narratividad que otros, es decir, menos en la línea experimental y culturalista de lo que hiciste antes y más volcada en la intriga de lo detectivesco. ¿Hasta qué punto percibes este posible giro de tu poética en 'Blanco nocturno'? Muchas gracias


Intento que cada novela no se parezca a la anterior y también que cada libro sea una experiencia nueva para mi. A veces pienso que en esta época el mejor modo de ser un escritor experimental es escribir novelas tradicionales.

lucas

16. 08/09/2010 - 18:17h.


¿Escucha música mientras escribe? ¿cuál es la banda a la que recurre mientras lo hace??


Habitualmente no escucho música mientras estoy escribiendo. Pero déjeme decirle que mi banda favorita son Los Redonditos de Ricotta.

Juan Carlos Durán

17. 08/09/2010 - 18:18h.


¿Que opinión tiene de la literatura de Raymond Carver, Ian MacEwan, Haruki Murakami y Felisberto Hernández?


No me gusta nada Murakami. Admiro a Felisberto Hernández y leo con mucho interés a Raymond Carver y a Ian McEwan.

Antonio G. González

18. 08/09/2010 - 18:19h.


Sr. Piglia, se está produciendo una nueva eclosión cultural en Latinoamérica, no sólo la literatura, y el ensayo, sino el cine y el arte, por ejemplo. Hay una puesta en valor generalizada. Pero los perfiles de esta eclosión parece más globales, quizás menos específicos de la afirmación subcontinental que tuvo el 'boom' de los 70. Me gustaría saber su opinión.


La literatura en América Latina me parece hoy más compleja y más rica que en el pasado. Los jovenes escritores, sin perder su identidad, están en sincronía con lo que se está escribiendo en otras lenguas. Y eso siempre enriquece a la literatura.

Alicia

19. 08/09/2010 - 18:21h.


Mi enhorabuena ante todo. Lamento tener que confesar que voy por la página 77 de Blanco nocturno, de modo que mis felicitaciones van desde ese punto hacia atrás. Una curiosidad no estética: ¿podrías hablarnos sobre la teoría del encuentro entre Kafka y Hitler? ¿cómo surgió esa idea?


Había leído una historia del nazismo donde se contaba que Hitler de joven había un desertor del ejército y se había fugado durante un año a Praga. Anoté esa anécdota en mi diario y le agregué una pregunta: ¿se habrá encontrado con Kafka? Mientras estaba escribiendo la novela encontré esta entrada del diario y la incorporé al libro.

Malot

20. 08/09/2010 - 18:22h.


Sr. Piglia, ¿es usted de los que piensa que la ficción es una manera de entender la realidad? ¿cómo leencaja ahía la novela negra?


La novela policial tiene un modo propio de entender la realidad. Ve la sociedad desde el crimen y esa perspectiva sintetiza bien el estado del mundo.

Angela

21. 08/09/2010 - 18:24h.


¿Usted piensa que escribir una novela es un trabajo de ingeniería? ¿Cada autor, entonces, un ingeniero solitario?


Si usamos la metáfora de la máquina, por ejemplo la novela como una máquina de narrar, podemos imaginar al novelista como un ingeniero solitario que lucha para que esa máquina no se detenga.

núria

22. 08/09/2010 - 18:25h.


Autobiográfico en las novelas... ¿hasta qué punto?


Siempre hay en mis novelas un punto autobiográfico. Por ejemplo, 'Blanco nocturno' parte de la figura del hijo de un hermano de mi padre a quien conocí de chico. Sin esa experiencia autobiográfica quizás no hubiera escrito la novela.

Un pez en el hielo

23. 08/09/2010 - 18:26h.


¿Tiene cabida el nombre de Vargas Llosa en los premios Nobel de esta edicion?


Sí, claro.

Ratliff

24. 08/09/2010 - 18:27h.


Buenas tardes, Ricardo: ¿Qué puede proponer la novela del siglo XXI que no haya sido planteado anteriormente?


Bueno, ojalá lo supiera. Más allá de los cambios que ha sufrido en su historia la novela se ha mantenido fiel a la creación de personajes. Y creo que esa cualidad persistirá también en este siglo.

el gaucho rubio

25. 08/09/2010 - 18:28h.


¿Qué autores del boom latinoamericano lee con frecuencia?


No sé si Onetti pertenece al 'boom', pero es el escritor latinoamericano que leo con más admiración.

lettera

26. 08/09/2010 - 18:29h.


¿Hay denuncias a la dictadura en su novela "Respiracion artificial", dado el año en que fue escrita?


'Respiración artificial' es una novela que narra, entre otras cosas, la sensación de ahogo y de encierro que se vivía en la Argentina durante la última dictadura militar. Imagino que ese ha sido mi modo de denunciar la situación.

MAYASANTIAGO

27. 08/09/2010 - 18:30h.


Ricardo, ¿qué opinión le merece el célebre Francis Scott Fittzgerald?


Es uno de mis escritores favoritos. Creo que 'El gran Gatsby' es una novela perfecta.

Lina Land

28. 08/09/2010 - 18:30h.


¿Qué es la belleza para usted?


La belleza es la gracia. Es decir, algo difícil de definir.

Berta

29. 08/09/2010 - 18:31h.


¡Cree que los deportistas argentinos están desatados tras sus magníficas victorias ante España en fútbol y Brasil en basket? ¿Volveremos a resurgir?


Desatados no creo, contentos seguramente.

Juan Pirulero

30. 08/09/2010 - 18:32h.


Ricado, ¿la novela que relata o que se basa, mejor dicho, en hechos históricos, particularmente aquellos callados por la historia oficial, censurados, puede ser tomada como un documento que complementa esa parte de la historia soterrada?


Sí. Muchas veces las obras de ficción han ayudado a comprender una época mejor que las crónicas o los libros de historia.

Miguel

31. 08/09/2010 - 18:32h.


¿Tiene alguna manía confesable para (empezar a) avanzar "un poco a ciegas" en la escritura? Un saludo


Escribo siempre a la mañana, entre las 9 y la una. Y mi única manía es no atender el teléfono.

Javier Otaduy Otaduy

32. 08/09/2010 - 18:33h.


Ricardo, ¿tenés alguna influencia de Roberto Arlt? Saludos y ya espero tu nuevo libro


Ojalá que Roberto Arlt sea una influencia en mi literatura. Su obra nos ayudó a soportar la presencia de Borges.

Andrew

33. 08/09/2010 - 18:34h.


Ricardo, ¿cuál de las novelas de Saer es la más faulkneriana?


No podemos nombrar una novela, pero podemos decir que secretamente la sombra de Faulkner está presente en toda la obra de Saer.

Ruben

34. 08/09/2010 - 18:38h.


Sr.Piglia: ¿Se considera inscripto en una tradición particular de la literatura hispanoamericana? ¿Cuáles han sido sus referentes literarios?


Borges inauguró una tradición en el Río de la Plata, a la que el llamó literatura fantástica, Cortázar, Onetti, Feliberto Hernández, Silvina Ocampo forman parte de esta tradición. Escribo conectado con esa vertiente.

elefante blanco

35. 08/09/2010 - 18:39h.


¿Hacer y rehacer una novela varias veces, es un acontecimiento nuevo? ¿Hacia dónde va la novela post Bolaño?


Bolaño es un gran escritor y no podemos saber cuáles son los caminos que su obra abrirá en el futuro.

Patreig

36. 08/09/2010 - 18:40h.


¿Podría sobrevivir la literatura en un mundo feliz?


La literatura ha sobrevivido a muchos momentos felices en el mundo y en la vida de los escritores.

oscar

37. 08/09/2010 - 18:41h.


Recuerdo Respiración artificial y Plata quemada, pero siempre vuelve a mi La loca y el relato del crímen. Me pareció enseguida que la lectura que hace Renzi del discurso de la loca no solo sería la clave para desvelar ese crimen, sino para entender la historia: la verdad historica nos sería dicha en los segmentos de discurso que no repiten lugares comunes. ¿Hay algo así? Gracias-


No había pensado en eso. Está muy bien la observación.

Nwannda

38. 08/09/2010 - 18:42h.


¿Existe una verdadera barrera entre la realidad y la ficción, o en realidad tan solo se trata de una discriminación interesada para poder delimitar, y a veces sortear, la responsabilidad de lo que se puede contar y cómo se puede contar?


La literatura trabaja la tensión entre ficción y realidad; me parece que ahí está su campo específico.

Eugenio Marrón casanova

39. 08/09/2010 - 18:43h.


Saludos, Piglia, enhorabuena su pasión verbal que alienta y reconforta a "los últimos lectores". Debo a vuestro amigo Jorge Fornet el primer acercamiento a su obra. Desde esa parcela, ¿Cómo valora usted el encuentro de la imaginación literaria con el género policial -documentado o no- y qué ventajas le avizora de cara a lo arriscado cotidiano de estos tiempos? Un abrazo y gracias por contar con su obra.


Gracias por la pregunta. El género policial está muy conectado con el imaginario contemporáneo. Creo que el género va a persistir mientras existan los conflictos que definen el mundo actual.

Manu

40. 08/09/2010 - 18:44h.


¿Qué opinión le merece la manera de abordar la política desde la literatura de su compatriiota Alan Pauls?


En la serie de novelas autobiográficas que ha escrito Pauls su visión de la política ha demostrado ser muy sutil y muy sugestiva.

FreeCatalonia

41. 08/09/2010 - 18:44h.


¿Qué siente por lo general al terminar sus libros, Ricardo?


Incertidumbre.

Renzi

42. 08/09/2010 - 18:45h.


¿Su novela es más "Sarmiento" que Benito Lynch o Wernicke?


Ojalá esté cerca de los extraordinarios cuentos de Enrique Wernicke.

rau

43. 08/09/2010 - 18:46h.


Saludos don Ricardo. ¿Qué ha cambiado del Piglia de Respiración Artificial a Blanco Nocturno, aparte de los 30 largos años?


He envejecido.

Javier

44. 08/09/2010 - 18:46h.


¿Qué lee Ricardo Piglia de la nueva narrativa en español?


Leo con mucho interés a Vila-Matas, a Javier Marías, y también las novelas de Juan Marsé.

raul lilloy

45. 08/09/2010 - 18:47h.


Estimado Piglia, ¿qué opina de Roberto Bolaño?


Admiro sobre todo la energía de sus libros.

Jaime

46. 08/09/2010 - 18:49h.


En el conjunto de voces interiores narrativas ¿Cuál es su moderador?¿Se discute tachando?


La clave me parece es oír una voz que en un sentido parece dictar lo que uno está escribiendo. Cuando esa voz no se oye bien uno empieza a tachar.

Berta

47. 08/09/2010 - 18:50h.


Qué opinión le merece la escuela argentina del psicoanálisis. ¿Es comparable a la coreana?


Al ver el nuevo cine coreano desconfío de la enseñanza del psicoanálisis en ese país.

Fernando Herrera

48. 08/09/2010 - 18:51h.


¿Cuándo vendrás a la FIL de Guadalajara, Jalisco, México?


Espero que sí. Me gusta mucho la feria de Guadalajara. Siempre tan multitudinaria.

jesusdelaferrer

49. 08/09/2010 - 18:51h.


¿Su canción favorita de Los Redondos?


Yo Caníbal.

Maria Jose

50. 08/09/2010 - 18:52h.


Sr. Piglia, ¿qué opina de Julio Cortazar?


Soy uno de los escritores que en esta época sigue pensando que 'Rayuela' es una de las mejores novelas que se ha escrito en esta lengua.

Jerzy

51. 08/09/2010 - 18:53h.


¿Cuáles son los escritores vivos que recomendaría a los lectores?


Don DeLillo, Thomas Pynchon y Germán García.

René Arrieta Pérez

52. 08/09/2010 - 18:53h.


Maestro Piglia, ¿cree que la nueva generación de poetas en Latinoamérica lee más a autores contemporáneos que a los cásicos?


Espero que no.

Lola Miralles

53. 08/09/2010 - 18:54h.


El miedo a lo diferente, como pasa con el extranjero de 'Blanco nocturno' ¿es nuestro lado de civilización o nuestro lado de barbarie? Un saludo


Si aceptamos la oposición debemos decir que es una muestra de barbarie.

Aracati

54. 08/09/2010 - 18:54h.


Para usted, un buen libro debe tener...


Debe estar bien escrito.

tom

55. 08/09/2010 - 18:55h.


¿Tiene en mente ya una nueva novela?


Estoy escribiendo cuentos ahora. Y quizás alguna de esas historias se conviertan en una novela.

Hugo von Czernowitz

56. 08/09/2010 - 18:56h.


En primer lugar, felicidades maestro, por su nueva espléndida novela. ¿Sigue usted a los jóvenes autores argentinos? ¿Leyó 'Siete maneras de matar a un gato' de Matías Néspolo? ¿Algún otro autor le ha llamado la atención aparte de Marcos Herrera?


Gracias. Leo con mucho interés a los jovenes autores. Por ejemplo, Carlos Busquet, Germán Maggiori, Jorge Gonsiglio, entre otros.


Mensaje de despedida

Ha sido un gusto para mi conversar con ustedes. Espero que en mi próxima visita a España podamos retomar el contacto. La literatura, entre otras cosas, tiene la virtud de hacer amigos (y también enemigos). He disfrutado de las preguntas. Espero que las respuestas hayan podido transmitir mi entusiasmo por estar en contacto con los lectores.