sábado, 26 de marzo de 2011

CONTORNO

CON ESTE ARTÍCULO INICIAMOS UN DEBATE QUE AÚN NO ESTÁ CERRADO ENTRE LOS ESCRITORES, INTELECTUALES, AMANTES DE LAS LETRAS. 

LOS INVITAMOS A PARTICIPAR DEL MISMO ENVIANDO SUS OPINIONES

La vuelta de ‘Contorno’

La reciente aparición “Contorno. Edición fascimilar”, editado por la Biblioteca Nacional, vuelve a poner en circulación la expresión “parricidas”, con que el crítico Rodríguez Monegal describió a los integrantes de esa publicación, caracterizados por la absoluta ausencia del nombre de Borges, la reivindicación de Roberto Arlt y Ezequiel Martínez Estrada y el neto corte y distanciamiento con personalidades como la de Eduardo Mallea, en los años 50 más leído e influyente que Borges. Juan José Sebreli, que integró aquel comité de redacción, recuerda aquellos años.

Por Juan José Sebreli

El club de la pelea. De izq. a der., Carlos Correas, David Viñas, Ismael Viñas, Juan José Sebreli, Rodolfo Kusch y Oscar Masotta.

La Biblioteca Nacional acaba de publicar un facsímil de la revista Contorno con un prólogo lúcido e irónico de quien fuera su codirector, Ismael Viñas, que tal vez moleste a algunos colaboradores o lectores de la revista. Contorno surgió del clima singular de los años 50, cuando la acción política prohibida encontraba un sucedáneo en las actividades culturales. Sus antecedentes estaban en el ambiente universitario, en la revista del centro de estudiantes de la UBA, en el fracasado proyecto de Las ciento y una, dirigida por H.A. Murena, en las discusiones de la bohemia de los cafés literarios de la calle Viamonte.
Eran los años de boga del existencialismo, y como tal se describía toda actividad cultural no conformista. Tanto Ismael como David Viñas aclararon que Contorno, contra la opinión corriente, no tuvo una influencia sartreana, con la excepción de Oscar Masotta, Carlos Correas y yo que, además, constituíamos un subgrupo al margen del grupo central.
No puedo eludir la referencia personal al hablar de Contorno, puesto que uno de los participantes en el film documental sobre David Viñas [David Viñas, un intelectual irreverente, de Pablo Díaz, N. de R.] sostuvo que yo presumía de mi incidencia en esa revista. Esta intencionada afirmación no es compartida por Ismael Viñas que, por el contrario, sostiene en el prólogo que mi intervención tuvo un carácter “prominente”. Un detonador de la orientación contorniana, tal como lo señala también Ismael Viñas, fue mi articulo “Celeste y colorado”, publicado paradójicamente en la revista Sur, destinada a convertirse en la antagónica de Contorno.
También David Viñas, en una entrevista con Beatriz Sarlo, reconoció que realicé “casi todo el programa de la revista”. Algunos estudiosos consideraron asimismo, mi artículo publicado en la primera página del primer número, como un manifiesto de los contorneanos nunca escrito porque faltaban programas prefijados y acuerdo entre sus colaboradores, ni aun entre los Viñas. Ismael señala “el error de quienes nos ven como ‘los hermanos Viñas’, no como individuos, sino como algo así como siameses”. Sus vidas se desarrollaron por distintos caminos, David se inclinó por la ficción y la critica social de la literatura argentina; Ismael, luego de sus preocupaciones iniciales por la poesía, optó por la militancia y la teoría social y económica. También las opciones políticas de los dos hermanos fueron disímiles.
Los números de Contorno dedicados a Roberto Arlt y a Martínez Estrada, los reiterados ataques a Eduardo Mallea y la total ausencia del nombre de Borges –salvo una breve nota de Ismael acerca de un cuento muy secundario– reflejaba el clima intelectual de la época. El reconocimiento de Arlt –que no había logrado en vida– fue en parte consecuencia del fervor de algunos jóvenes de la década del 50, aunque, por diversos motivos, en algunos casos porque descubríamos en él a un precursor de Sartre. David Viñas lo tomaba, en cambio, como figura de choque contra los atildados escritores del establishment como Mallea, incluso por el uso del voseo. La implantación en la literatura de un lenguaje argentino o rioplatense fue uno de las constantes de los contornianos y tema de un polémico artículo de Oscar Masotta en el tercer número.
Martínez Estrada, aunque redescubierto por un miembro de Sur, H.A. Murena, conoció su verdadero apogeo en los años 50 con la nueva generación contestataria que lo veía como al Sarmiento del siglo XX Su auge unía a los opuestos –Sur y Contorno– en la boga literario filosófica de la búsqueda de la “identidad nacional”. La faceta irracionalista de esta tendencia no faltó en Contorno a través de los textos de F.J. Solero y de Rodolfo Kusch, dos incondicionales de Murena.
El silencio respecto a Borges era también muy significativo de la época. Borges fue ajeno a esa generación, lo veíamos como un sobreviviente del ludismo del grupo martinfierrista. Nos parecía más útil atacar a Mallea que era entonces más leído e influyente que Borges. David Viñas lo admitió años después: “A mí Borges no me interesaba, la polémica era con Mallea, a quien se le veía mucho más que a Borges”. Los tiempos han cambiado desde entonces, Borges se convirtió en un ícono intelectual, en tanto que Mallea ha sido olvidado.
Si no hubo una ideología definida de Contorno, puede decirse que reflejó, antes que nada, una actitud, un estado de ánimo de ciertos sectores intelectuales. Los contorneanos se oponían, en el plano literario, por igual al costumbrismo, al realismo socialista, al formalismo y al surrealismo. En el plano político rechazaban el elitismo de las clases altas conservadoras, el nacionalismo católico, la esclerosada izquierda ortodoxa, incluido el incipiente nacionalismo de izquierda, criticado por Ramón Alcalde en su nota sobre Jorge Abelardo Ramos. El rechazo a la cultura oficial peronista –incidía la influencia de los antecedentes radicales de los Viñas– no podía ser explícito porque hubiera significado la clausura de la publicación y, tal vez, la cárcel de sus responsables. Sólo después de la caída de Perón le fue dado dedicar un número al peronismo, donde Ismael manifestaba el desencanto por la llamada Revolución Libertadora y Tulio Halperin Donghi se incorporaba a la revista con un certero análisis del peronismo.
Después se produjo en algunos miembros del comité de redacción la efímera seducción por el frondizismo. A Frondizi, político pragmático, no le interesaban los intelectuales ni las ideas, buscó a los colaboradores de Contorno sólo porque tenían influencia en el movimiento estudiantil. Estas afinidades fueron frágiles y breves y durante su vigencia, Contorno, significativamente, dejó de aparecer. Su reaparición se produjo no menos significativamente como consecuencia del desencanto ante el giro inesperado del frondizismo. Lo que no había podido realizarse en la acción se transformó en pensamiento crítico. En los números 9 y 10, que serán los últimos –si se exceptúa dos cuadernos posteriores–, la revista cambió de contenido, abandonó por completo los temas literarios. Aunque sus redactores nunca abundaron –muchas firmas eran seudónimos de los Viñas– se redujeron drásticamente a tres. David Viñas no intervino en ese número póstumo y Noé Jitrik fue excluido del comité de redacción por tener un cargo en el gobierno. La disolución del grupo estaba anunciada. Puede hablarse de una segunda época de Contorno donde dejó de ser una revista cultural para transformarse en el portavoz de una minúscula fracción de frondizistas arrepentidos que intentaron crear una alternativa de izquierda. El primer Contorno había comprendido que el papel del intelectual debía ser la critica social y política a través de las expresiones culturales de la Argentina, y ése fue su aporte imperecedero. El segundo Contorno mostró lo ilusorio del proyecto del “intelectual orgánico” que pretende orientar al político.

sábado, 19 de marzo de 2011

Adiós a David Viñas: hondo pesar en la cultura argentina

Luego del golpe de su muerte el jueves, los intelectuales reflexionan. Hablan Jeanmaire, Horacio González, Leonora Djament, Josefina Delgado, Américo Cristófalo, Divinsky y otros. Hoy lo homenajean en la Biblioteca Nacional.

POR MAURO LIBERTELLA 



Lo que el jueves a la noche fue un primer golpe emocional, mezcla de incredulidad y resignación, hoy se empieza a materializar bajo la forma del recuerdo y la reflexión. El escritor e intelectual David Viñas murió a los 83 años en un hospital de Buenos aires, esa ciudad cuyas tensiones leyó como nadie, y la efeméride tan reciente reverbera ahora en la memoria de sus amigos, colegas y de sus cientos de alumnos.
Hasta en los últimos momentos de hospital hablaba de la realidad argentina. La crítica literaria María Gabriela Mizraje dice que “el último día antes de su internación fuimos a cenar a La Opera y miramos las noticias y hojeamos el diario.
La Argentina ha sido su gran pasión ”. Y agregó: “fue su principal preocupación hasta el fin. Cuando ya no podía hablar, en terapia intensiva, me pasaba papelitos con palabras clave. Por ejemplo: “batalla de Caseros”.
A la hora de la revisión, en un intento imposible en medio de la elegía y el duelo, el Director de la carrera de Letras de la UBA, Américo Cristófalo, subraya “la cualidad actoral de David, que fue siempre un rasgo central en su acción y en su modo de leer la literatura”. Incluso en sus últimos días, dice, “volvimos a recuperar esa gestualidad dramática tan reconocible en David”.
En la misma línea, uno de sus ex alumnos, el escritor Federico Jeanmaire contó: “en una clase en el 84 se enojó y terminó dando la clase de espaldas. Ir a sus clases era como asistir a pensamientos que salían de las entrañas de alguien. Tenía una manera de cruzar política y literatura que iba más allá de lo obvio, una mirada muy inteligente”. También evoca aquella primera electricidad de alumna Josefina Delgado, subsecretaria de Cultura porteña: “Propusimos la candidatura de Viñas para una cátedra paralela de Literatura Argentina. Sentíamos que con esa propuesta rompíamos con la apolillada tradición de falta de compromiso. Pero las autoridades sacaron a relucir cierto incumplimiento de David respecto de un subsidio, y con eso nos aniquilaron. Pasaron muchos años antes de que pudiera ocupar la cátedra en su país, pero fue nuestro maestro mas allá de las formalidades institucionales”.
Uno de sus editores, Daniel Divinsky, trae una anécdota que lo condensa todo: en un encuentro nocturno en un bodegón le puso como nombre a una antología que compliaba a autores como Cortázar y Marechal “Buenos Aires, de la fundación a la angustia”.
Por su parte, la profesora, crítica y editora de Eterna Cadencia, Leonora Djament, desliza recuerdos intelectuales como fragmentos de una biografía emocional: “Contorno y su candidatura a intendente de la Capital Federal en los 80 –cuando propuso cambiar los semáforos para que el rojo significara avanzar– y las cachetadas que significaban a veces sus clases de literatura argentina”.

sábado, 12 de marzo de 2011

“No tengo como proyecto vivir en paz"


Por Eduardo Grüner *

“Escucho su opinión.” Así dijo, con la voz bronca asomando entre los bigotes, con su tono exigente y un poco socarrón pero también cariñoso (“calidez iracunda”, definió alguien), los brazos en jarra, el vaso de vino a la mano. Era una reunión en casa de Ramón Alcalde –¿o de León Rozitchner?–. El tema era las leyes de punto final y obediencia debida, ¿o era alguna otra cosa? No importa: para él siempre había un tema, una urgencia sobre la cual demandaba que el otro se pronunciara –normalmente él era el primero–. “No tengo como proyecto vivir en paz”, dijo en una entrevista más o menos reciente. Sería un buen epitafio. Podría, incluso, darse vuelta: “Tengo como proyecto no vivir en paz: hacerles la guerra”. ¿A quiénes? No solamente a la “violencia oligárquica” –como dijo muy bien Piglia–, sino también a esa otra forma de violencia artera, la de los biempensantes cuidadosos, prudentes, equilibrados, que hacen crítica “progre” como quien toma té con masas finas, arrastrando largas frases de juicios ponderados. David no arrastraba. David cortaba. En la lengua rioplatense –Viñas no hablaba, no escribía, en “castellano”, no digamos ya en “¡español!”– no hubo nadie que usara la puntuación y el “acento” como él. Los usaba, quiero decir, como arma, como ariete y catapulta; a veces garrotazo, a veces piña, a veces afilado bisturí: el estilo-estilete, marca Viñas. La puntuación no es en él un necesario recurso sintáctico –no hay “necesidad” alguna en la puntuación viñesca–: es una embestida contundente para atrincherar una cuestión. Eso le daba a su escritura una cualidad jadeante, entrecortada, como de “montaje paralelo” (volví a ver hace poco Dar la cara, de Martínez Suárez, y El Jefe, de Ayala, sobre novela y guión de Viñas respectivamente: están bien, pero la escritura de David es más “cinematográfica”). La escritura, y la oralidad: tampoco conocí otro escritor que hablara como escribía, o viceversa. Célebremente, introdujo en la literatura (y en la crítica: otro asombro es que mantenía el estilo cuando cambiaba de “género”) el verbo “cojer” con “j” (“que agarren los gallegos”, sorneaba); y hay palabras de Viñas que ya ingresaron a los sobreentendidos de nuestra habla literaria: si en Borges es “espejo” y “laberinto”, en Viñas es “ademán” y “andarivel”. Son cosas que hacían que con él cualquier conversación en La Paz (una ironía, ante aquella frase-epitafio) fuera un debate público; es que escuchaba con la misma vehemencia con la que respondía o atacaba. Y, por supuesto, estaba en su salsa cuando lo contradecían. “Un intelectual no puede nunca ser oficialista”, espetó en otra entrevista (me atrevo a citarlo, porque creo en los lugares de enunciación: no es lo mismo dicho aquí que en otros espacios donde sólo se escuchan los clarinetes de la nación). Muchos –con todas sus razones– no estarán de acuerdo. Yo sí: lo cortés no quita lo valiente, y todo eso. Pero lo que yo piense no tiene importancia. Lo que debería importar es cómo hizo para mantenerse corajudamente en esa cuerda floja, en ese “andarivel”. No para tomarlo como “modelo”, algo que aborrecía; simplemente, para recordarlo subido ahí. ¿Algo más? Sí –y vacilo en decirlo, en aprovecharme de la ocasión, en hacer oportunismo con la oportunidad; pero creo, apuesto, a que él hubiera querido que asumiera el riesgo–: David nunca fue invitado a inaugurar la Feria del Libro. Como corresponde.

* Sociólogo.

El segundo en partir


Por Osvaldo Bayer


Querido David: de nuestro “grupo de los cinco” sos el segundo en partir. El primero fue el Gordo Soriano, el más joven de todos nosotros. Ahora nos abandonás vos. Eras del ’27, igual que Walsh, igual que yo. Pero nos decías que eras del ’29, ¿te acordás? Y cuando te lo reproché y te dije: “No te hagas el coqueto”, me respondiste: “¿Y qué querés? Si en la solapa del último libro que editaron me pusieron que nací en el ’29... No los voy a desmentir ahora”. Una de tus tantas salidas simpáticas. Recuerdo nuestras reuniones en El Tugurio, los jueves. Siempre el Gordo Soriano llegaba más tarde. Lo hacía a propósito para tirar sobre la mesa el tema que se iba a discutir. Y siempre elegía un tema para que se agarraran vos y Rozitchner. Y acababan siempre ustedes a los gritos, parados. Era cuando Soriano sonreía, pícaro, viendo que los había hecho engranar. ¿Te acordás? Fue en la última mitad de los ochenta y en la primera del noventa. Empezábamos siempre bebiendo champán, como señoritos franceses. ¡Y que se jodan los socialistas! Como decía el Paco Urondo cuando iba a cenar a un restaurante de primera.
Te conocí a mediados de los cincuenta cuando volví de estudiar en Alemania. Por supuesto que nos presentó Rogelio García Lupo. ¡Qué tiempos aquéllos! Y nos empezamos a reunir para hablar del peronismo, discutirlo y observar todo ese movimiento creado por los Aramburu, los Manrique y compañía. Y así, Frondizi y la gran desilusión, las traiciones, las divisiones, pero siempre el ansia de lograr una Argentina mejor. Pero otra vez las dictaduras, las prohibiciones, las persecuciones. Y luego el injusto y largo exilio. Me acuerdo cuando me visitaste en Berlín, en mi bulín del barrio reo de Kreuzberg, cuántas anécdotas, cuántas vivencias... tu dolor infinito con la desaparición de tus hijos. Pero quedan tus libros. Esos estarán siempre presentes en la vida literaria argentina. No los podrán hacer desaparecer nunca. Bien, David, ya continuaremos el diálogo. Allá arriba, en los Campos Elíseos, y con el Gordo también. Y con champán, como en El Tugurio.

martes, 8 de marzo de 2011

NAWAL EL SAADAWI

NAWAL EL SAADAWI Feminista, psiquiatra, escritora y activista egipcia

"La mujer no puede liberarse bajo ninguna religión"

GEORGINA HIGUERAS | Madrid
 
Tiene 79 años y una actividad alucinante. La entrevista se realiza por teléfono durante su viaje a Oslo la semana pasada. Ahora se encuentra Nueva York y el próximo día 26 llega a España para participar en las jornadas de Mujeres en Segovia. Nawal el Saadawi es la principal feminista árabe y la primera en denunciar la castración de las mujeres. Sus críticas acerbas a las leyes y a la interpretación del islam que institucionalizaban el patriarcado represivo que impedía crecer a las mujeres la llevaron a perder todos sus puestos en la sanidad pública de su país, a la cárcel y posteriormente al exilio. Hoy, tras participar en las revueltas de la plaza de Tahrir, que acabaron con 30 años de dictadura de Hosni Mubarak , se siente más esperanzada que nunca: "Es el momento de la mujer egipcia", dice feliz.
Pregunta. ¿Qué significado tiene la revolución de Tahrir para la mujer?
Respuesta. Muchísimo. Por primera vez, las mujeres y los hombres de Egipto han sido iguales. Mujeres de todas las edades y clases estuvieron en la plaza de Tahrir, incluso madres con niños de pecho durmieron en la plaza.
P. ¿Usted fue a la plaza?
R. Por supuesto. Desde el principio; muchos días. Ahora estaré unas semanas fuera de Egipto, pero cuando regrese volveré a Tahrir todas las veces que sea necesario hasta que ganemos.
P. ¿Qué espera en concreto?
R. Deberían de habernos incluido en el comité para la reforma de la Constitución. Nombraron a ocho hombres y ninguna mujer, por ello estamos organizando una marcha de un millón de mujeres para el martes (hoy) en El Cairo y confiamos en recibir el apoyo de las mujeres en España.
P. ¿Cuál es la consigna de la marcha?
R. Que todos los comités e instituciones del nuevo Egipto deben de contar con mujeres. Se ha acabado eso de que solo sean hombres los que deciden.
P. ¿Teme que después de la revolución todo quede igual que antes?
R. No, ya hemos conseguido que caiga Mubarak y algunos de sus hombres, pero el problema de las mujeres es crónico y está enraizado en el patriarcado y la religión. Por eso pedimos una Constitución secular, un código familiar secular y un Estado secular separado de la religión. Las mujeres han muerto en Tahrir igual que los hombres y tienen que tenernos en cuenta.
P. ¿Está de acuerdo con las reformas constitucionales que ha hecho ese comité, que deberán votarse el próximo día 19?
R. Era un comité muy tradicional. Solo ha hecho pequeños cambios. Nuestra marcha es para exigir el cambio radical que las egipcias necesitan.
P. ¿No será contraproducente exigir tanto?
R. No vamos a aceptar la discriminación otra vez después de haber participado en la revolución. Tenemos que rebelarnos y luchar por nuestros derechos. No tenemos miedo de perder nada, porque no tenemos nada excepto nuestra alma.
P. ¿Por qué estalló la revolución?
R. Por acumulación de la opresión y de la corrupción. El régimen era tan corrupto que se hizo insoportable.
P. ¿Qué papel desempeñó la mujer?
R. Todos, incluida la muerte. Estuvimos allí desde el principio, dispuestas a todo y sin diferencias con los hombres.
P. ¿Esperaba algo así?
R. Soñé con esto desde que tenía 10 años, lo que quiere decir que llevaba 70 años esperando. No me sorprendió porque llevaba toda la vida luchando por ello, pero la irrupción fue sorprendente. Estoy feliz de haber llegado viva a la revolución.
P. ¿Pensaba que las egipcias serían tan activas?
R. A mi casa vienen muchos jóvenes, hombres y mujeres, a los que interesan mis libros; progresistas con los que debato distintos temas, pero ninguno creíamos que millones de egipcios tomarían las calles. Son más de seis millones los que en un momento u otro han estado en Tahrir.
P. ¿Piensa que esto es el despertar de la mujer egipcia?
R. Si, de las mujeres y de los hombres porque no podemos separar a unas de otros. La mujer no puede liberarse si el hombre no está liberado, de la misma forma en que el hombre no se puede liberar sin que la mujer se libere y todos necesitan un país libre.
P. ¿Cómo está organizando la Marcha del Millón de Mujeres?
R. En realidad la idea partió de un grupo de hombres jóvenes y progresistas, que tienen acceso a twitter, facebook y otras redes sociales. Se organizó en mi casa. Somos un grupo en el que trabajamos hombres y mujeres.
P. ¿Volverá a El Cairo para la manifestación?
R. No, no soy indispensable. Tenemos un liderazgo colectivo y son especialmente los jóvenes los que deben de encabezar la marcha. Yo voy detrás, soy su respaldo. Dicen que soy la madrina, la madre espiritual de la revolución.
P. ¿Cuál es la situación de la mujer egipcia en la actualidad?
R. Hay mucha discriminación. Todavía tenemos poligamia y queremos abolirla, además el hombre puede divorciarse sin que se tenga en cuenta para nada a la esposa.
P. ¿La Constitución respalda la poligamia?
R. Sí, porque dice que el Código Familiar no puede contradecir la sharia (ley islámica) y la sharia permite la poligamia. Egipto tiene uno de los códigos familiares más atrasados del mundo árabe.
P. ¿Por eso quería que hubiese mujeres en el comité para la reforma constitucional?
R. Claro. Mujeres y hombres jóvenes porque pusieron a hombres tradicionales y religiosos. Tendrían que haber sido hombres y mujeres seculares.
P. ¿Considera que la elaboración de una nueva Constitución será el principal logro de la revolución?
R. Sí. Si tenemos una Constitución radicalmente secular y hombres y mujeres, cristianos y musulmanes son iguales será una gran contribución frente al Estado tradicional. El secularismo es fundamental para una democracia auténtica. En los cambios realizados estos días han seguido manteniendo que Artículo 2 que dice que el islam es la religión de Egipto y eso debe de desaparecer.
P. ¿Cree que la discriminación tiene un origen religioso?
R. Sí. La religión es una ideología política y tenemos que separar religión y política. La mujer no puede liberarse bajo ninguna religión, ni cristianismo, ni judaísmo ni islamismo, porque las mujeres son inferiores en todas las religiones.
P. ¿No le parece que este argumento es demasiado radical para Egipto?
R. No. Cuando estaba en Tahrir me encontré a mucha gente que lo compartía. Muchos jóvenes progresistas, incluidos muchos hombres de la nueva generación de los Hermanos Musulmanes.
P. ¿Teme que el nuevo Egipto pueda quedar bajo el control de los Hermanos Musulmanes?
R. No. Tengo miedo de Estados Unidos e Israel porque ellos serán los que traigan a los Hermanos Musulmanes. Estuve en Irán al principio de la revolución de 1979. La revolución iraní al principio fue secular y socialista pero EEUU se sintió amenazado por una revolución socialista e impulsó su aborto. Jomeini llegó a Irán de la mano de Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Ellos preferían una revolución religiosa antes que una socialista. El socialismo es el auténtico enemigo del capitalismo. En Egipto ha sucedido igual; de repente llevaron a Tahrir a un respetado clérigo (Yusef el Karadawi, de 84 años y exiliado en Catar) para que hablara en la plaza. Nosotros estamos en contra de esto, pero no tememos a los Hermanos Musulmanes porque son una minoría.
P. ¿Qué le pediría al nuevo Gobierno?
R. Lograr la destitución de Ahmed Shafik (nombrado primer ministro en los últimos días de Mubarak) también ha sido un logro de Tahrir. Confiamos en que el nuevo jefe de Gobierno Essam Sharaf apoye la creación de un consejo presidencial formado por hombres y mujeres honestos que, de forma transitoria, ejerza el poder que ahora tienen los militares y que sin prisa -porque hace falta que se formen los nuevos partidos- organice unas elecciones libres y la redacción de una nueva Constitución secular.
P. ¿Confía en la voluntad democratizadora del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que ahora dirige Egipto?
R. No es una cuestión de confianza sino de poder. Si los manifestantes se van ahora a sus casas y el pueblo no vuelve a hablar, los militares harán lo mismo que el régimen de Mubarak. Si el poder no ejerce su poder, sin no hay un Parlamento al que rendir cuentas, Egipto y en cualquier otro país del mundo caerá en una dictadura. El pueblo que ejercer su poder. Si los militares no cumplen los compromisos adquiridos con el pueblo, volveremos a Tahrir. Esto es una revolución.
P. ¿Y usted cree en la revolución?
R. Sí, la revolución no ha acabado. Seguiremos en Tahrir hasta que cumplan.
P. ¿Cree que el nuevo Egipto ha tenido un buen comienzo?
R. Sí, está lleno de esperanza y la esperanza es poder.