viernes, 25 de diciembre de 2009

Publican en castellano dos libros de John Lennon

Publican en castellano dos libros de John Lennon

Por su propio cuento y Un españolito en obras son relatos surrealistas, escritas en los años 60. Lennon hacía juegos de palabras y asociación libre.

EL CELEBRE MUSICO relata una serie de historias cortas a través de la improvisación.


La editorial catalana Global Rhythm Press acaba de publicar en un solo tomo y en edición bilingüe (inglés y castellano) dos obras surrealistas del célebre Beatle John Lennon: Por su propio cuento y Un españolito en obras.

Se entiende que le interesara a John Lennon el surrealismo, con su búsqueda de las emociones, del inconsciente, a través de imágenes y de asociaciones, lejos de lo racional. Que le interesara, especialmente, entre 1964 y 1965, cuando salieron estas obras. Los Beatles estaban en pleno éxito: 3.000 fans los habían recibido en el aeropuerto de Nueva York en febrero de 1974, 74 millones de personas los vieron por televisión en esos días en The Ed Sullivan Show. El mundo sentía, amaba, protestaba y movía las caderas al ritmo que marcaba el grupo.

John Lennon, por su parte, seguía su búsqueda. Así fue que sacó, en inglés, estas dos obras, que, según señala la editorial en un comunicado, "recogían las manifestaciones más disparatadas de su ingenio verbal y visual". Se trataba de, "dos pequeños desvaríos que serían terminantemente clasificados en la muy socorrida categoría de 'inclasificable'".

"Por su propio cuento" (en inglés "In his own write" es una serie de historias cortas publicadas en marzo de 1964, donde Lennon hace gala de la asociación libre y la improvisación. Por sus propios medios, el lector tiene que encontrar el significado que Lennon propone o crear uno propio.

En 1968, "In his own write" fue convertida en una obra de teatro, que se estrenó en el Teatro Nacional, en Londres. Victor Spinetti, quien trabajó con Lennon transformando el texto en teatro, dijo que la obra se trataba "de la infancia de cualquiera de nosotros; de las cosas que nos ayudaron a ser más conscientes" Como para dejar claro de qué va la cosa, desde el principio, el título "Un españolito en obras" es ya un juego de palabras. En inglés se llama "A spaniard in the works", lo que remite a "spanner in the works". Y tirar un "spanner in the works" es algo así como "echar un jarro de agua fría".

Desde el punto de vista técnico, dice la editorial Global, con estos dos textos Lennon "reinventa (o más bien revienta) la vieja fórmula del non sense llevándola hasta sus límites más insensatos", es decir al borde del absurdo.

Ilustra esa visión del absurdo el inicio de sus cuentos de hadas. Por ejemplo, el tradicional "Érase una vez..." es sustituido en el cuento Quitanieves y unos cuantos enanos por "había una vez hace mucho viento (digamos unos trescientos arios atrás) un estúpido bosque donde vivían unos cuantos enanos o cretinos, todos ellos llamados Moscoso, Muñón, Mulito, Zafio, Sonrisitas, Alice?, Derqui y Wimpi". La traducción, que necesariamente en este tipo de texto es una creación orginal, estuvo a cargo de Andy Ehrenhaus.


Barcelona. EFE

lunes, 21 de diciembre de 2009

Paul Auster reading

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Paul Auster: "Tal vez la verdad es invisible"

Paul Auster: "Tal vez la verdad es invisible"

El escritor habla en esta entrevista de su nueva novela, Invisible, y también de las críticas, de Obama, y del desafío de narrar un incesto y ser convincente.

Por: Francesc Peiron

“NO SENTIRSE FELIZ forma parte de la naturaleza de este trabajo”, dice Auster.


A lo lejos se ve la figura de un hombre de caminar erguido. De su aproximación avisa una bufanda roja, que destaca en el fondo de color oscuro del resto del vestuario, incluidos unos lentes negros. Avanza sin interferencias. Es Paul Auster. Auster en su ambiente, en Brooklyn, su lugar natural. Ya está aquí. Se quita los lentes para saludar y deja escapar una mirada de efecto relajante. Tiende la mano, la estrecha con intensidad. Abre la puerta del Sweet Melissa Cafe –uno de esos locales propios de Nueva York, que aún no se han clonado, de trato familiar– y cede el paso al invitado. Elige una mesa, al lado del patio interior, en el que, pese a ser finales de noviembre, todavía se atreven algunos a acomodarse a la hora de la comida. Pone su rúbrica en un ejemplar de su nueva novela, Invisible, que Anagrama acaba de publicar en castellano. Y frunce el ceño cuando ve aparecer el grabador.

-¿Le molesta?

-No, no, pero la música está muy alta (pide que la bajen). No se qué pasa con la música en los restaurantes de este país. Es terrible, no puedes estar tranquilo.

-Unos conocidos vinieron a Nueva York a pasar sus vacaciones y alquilaron un departamento en Brooklyn para tener una experiencia "austeriana"...

-Me parece una locura. No puedo decir nada más. No tiene sentido que alguien venga a Brooklyn porque yo vivo aquí.

-Tal vez creían en un tropiezo casual con usted, fruto del azar, una circunstancia tan característica de sus novelas...

-No son mis libros, sino que todo en la vida es fruto del azar. Es fascinante pensar, por ejemplo, ¿dónde se conocieron tus padres? Es la suerte. Si ellos no se hubieran encontrado, tú no estarías en Brooklyn. ¿No es una historia extraña? Se encontraron por suerte, no lo dudes, y ahora estás sentado enfrente de mí...

-... hablando con Paul Auster...

-Cada vida es el producto de un accidente que sucedió una vez.

-En su última obra vuelve a producirse una historia de azar. ¿Feliz con el resultado?

-¿Feliz? Nunca.

-¿Por qué no?

-No sentirse feliz forma parte de la naturaleza de este trabajo. Experimento un minuto de satisfacción cuando acabo un libro o cuando pienso que ha sido un buen día de trabajo. Después, me gana el desasosiego, pienso que he de leer más libros para hacerlo mejor en la próxima ocasión.

-La crítica que se publicó hace unos días en el Book Review de The New York Times concluía que ésta es su mejor novela...

-Lo sé. Sólo es la opinión de una persona. Y cada una tiene una opinión diferente.

-Sí, porque esta semana, James Wood arremete contra usted en The New Yorker.

-No he leído la reseña. No leo ninguna desde hace cuatro o cinco años, aunque también la conozco. Sé que me ataca. No tengo nada personal con él, pero siempre es así. Muchos amigos me preguntan cuál es el problema. Es un reaccionario. No quiero preocuparme. Siri (Husdvedt), mi mujer, que está de viaje, me llamó para contármelo. Dijo que era como si fueras por la calle y un desconocido te soltara un trompazo en la cara.

-Son giros, tan chocantes como los de su relato, donde juega con lo que es verdad o no...

-La verdad es una de las cosas más frágiles del mundo, no sabemos qué sucede realmente. Incluso nuestra propia memoria se destruye mientras trabaja nuestra experiencia. Y descubrimos más cosas conforme nos hacemos mayores. Si yo fallo, si me equivoco al recordar cosas, y es mi propia vida, ¡imagínate cómo son las consideraciones que hace la gente! Es fascinante. La memoria juega con nosotros.

-Y usted juega con el atractivo de las versiones que se niegan. Por ejemplo el personaje de Gwyn, que desmiente el relato de su hermano, Adam...

-Sí, dice que nunca sucedió. Ella tiene un argumento, es muy lúcida y resulta convincente.

-Pero Freeman, su alter ego dentro de la historia, certifica que todo lo otro que explica Adam es cierto...

-Es lo que Freeman concluye, nada más. Es un punto de vista, y de nuevo, ¿donde está la verdad? Este es el libro de lo invisible. Tal vez la verdad es invisible.

-Lo que sí se ve es su valentía para narrar un incesto.

-Es lo más apasionante del libro.

-Los críticos han puesto el acento en su erotismo...

-Nunca había ido tan lejos. Resulta difícil de escribir, es duro. He intentado hacerlo con el máximo de honestidad, sin usar metáforas, describiendo lo que sucede con un lenguaje directo.

-Dicen no sentir culpa...

-Porque no hieren a nadie y su acto no tiene consecuencias fuera de ellos. Están convencidos de que no es un crimen ni un pecado porque no trasciende. ¿No hay pecado si todo queda en el interior de uno? Reconozco que aquí hay un punto de discusión.

-Una de sus frases: "Miedo es lo que hace que nos atrevamos a tomar riesgos".

-Lo digo a la hora de escribir, en el sentido de que es difícil de explicar una relación incestuosa y lograr ser convincente.

-Difícil por eso del pecado...

-No quiero criminalizar. Hablo de lo que sucede en el interior de unas personas y no de cómo se las ve desde el exterior, que es donde se hacen los juicios y se culpabiliza. No quería expresar el sentimiento de que se hace un juicio. Es un momento intenso.

-Otra sentencia: "La guerra es una de las más puras expresiones del alma humana".

-Yo no lo creo. Es lo que piensa Born, uno de los personajes. Pero es innegable que es una cuestión de debate. A pesar de los años de civilización, seguimos matándonos los unos a los otros. Cada día alguien mata a alguien. Es un pensamiento horrible, en cuanto nos sentimos agredidos lo asociamos a matar al que nos agrede.

-La novela arranca en 1967, la guerra de Vietnam está presente, hoy es Afganistán...

-Estados Unidos siempre está envuelto en guerras, donde sea, en cualquier lugar del mundo. Irán, Iraq, ocho años terribles, Israel, Palestina, Oriente Medio, Ruanda... Es una verdad terrible.

-¿El conflicto afgano será el Vietnam de Obama?

-Espero que nos saque de allí, donde cada día perdemos gente, derrochamos mucho dinero, causamos dolor y aumentamos la animadversión hacia nosotros como nunca antes. Sin embargo, no sé si ahora puede sacarnos.

-Le gusta Obama...

-Su elección me alegró. El presidente es brillante, tiene talento y la derecha republicana se ha de reconstruir, está verdaderamente muy deprimida. Sin duda, es mucho mejor que el anterior.

-El terrible atentado del 2001 vuelve a salir en su libro, aunque sea sólo una pincelada.

-Si escribes sobre algo que sucede después del 2001, y eres americano y más en concreto neoyorquino, es imposible no pensar en lo que sucedió. Piensas cada día.

-También se refiere a la pesadilla de los neoyorquinos de que alguien, de repente, les salga con una pistola...

-Sí, es cierto, pero especialmente entonces, cuando se encuadra esta historia. Los 60 y 70 eran muy violentos, mucho más que ahora. La ciudad ahora es más segura. Esa imagen del libro explica lo peligrosa que era entonces la ciudad, con drogas por todos los lados, pistolas y navajas, amenazas, tiroteos. Todavía los hay pero no en el grado de entonces. Cuando yo era estudiante ibas por la calle mirando a tu alrededor.

-¿En Manhattan?

-Sí, en todos lados, pero sobre todo en Manhattan. En esa época nunca había puesto los pies en Brooklyn.

-¿Por qué eligió Brooklyn para vivir?

-Fue hace casi 30 años. Y fue sencillamente porque no podía vivir en Manhattan por una cuestión de dinero. Era más barato. Me trasladé en 1981 y jamás pensé que no me movería. Cuando vino mi mujer del medio oeste, en 1978, estaba en Manhattan, pero era caro, y se vino a Brooklyn. Hace unos años, el departamento nos quedó chico, nos teníamos que cambiar a uno más grande. Le dije si quería volver a Manhattan, ése era el momento. Pero no, nos quedamos en Brooklyn, sólo nos movimos una cuadra. Ahora hay muchos escritores jóvenes norteamericanos que viven en Brooklyn, al menos la mitad.

-¿Qué lo ha llevado escribir esta novela?

-He trabajado en ella seis o siete meses, cada día. Pero cada libro es diferente. Algunos los escribes en diez años, otros, en uno, todo depende.

-¿Los piensa y los madura durante mucho tiempo?

-No, por lo general, pienso algo y lo escribo. Pero por ejemplo, después de haber estado trabajando durante años en Brooklyn Follies, cuando por fin la terminé me quedé vacío, no sabía qué hacer. No tenía ideas.

-¿Y ahora?

-Ya tengo otro libro listo. Lo terminé hace dos meses y saldrá el próximo año. Finito.

-¿De que va?

-Ya se verá.

-Dice que está vacío. ¿No se refugiará en el cine? ¿Algún proyecto de película?

-No, no.

-Se había dicho que podía hacer algo con Almodóvar.

-Nada. Estuve con Pedro hace unos días, cuando vino por el Festival de Cine de Nueva York. Es un tipo muy inteligente, listo, controla todos sus proyectos y no ha querido irse a Hollywood como muchos directores europeos. Su última película, Los abrazos rotos, me ha encantado. Ya sé que en España la criticaron, pero a mí me gustó. Me gusta su historia, cómo la organiza, las referencias a otras películas, el ambiente. Y Penélope está fascinante.

-¿Cree que sus libros son cinematográficos?

-No, es una concepción errónea. Mis libros no son nada cinematográficos. Entre otras cuestiones, son muy descriptivos, tienen muy poco diálogo. Tal vez lo que ocurre es que la gente visualiza mis novelas.

-Aunque también, de pasada, en "Invisible" hace una referencia a la imposibilidad de olvidarse del béisbol...

-Y más en temporadas como esta, que ha sido terrible. Todos los jugadores de los Mets se lesionaban, todo el equipo ausente. ¡Pero estoy esperanzado con el próximo año, será diferente!

-¿Y los Yankees?

-En la Serie Mundial (las eliminatorias finales) quería que ganaran. Soy neoyorquino. Además tienen un jugador que me gusta mucho, Derek Jeter. En los momentos de presión, él sabe jugar cuando muchos fallan.

-¿Por qué los jugadores de béisbol siempre escupen?

-Será por los nervios...

© La Vanguardia y Clarín

martes, 15 de diciembre de 2009

SUBMARINO AMARILLO

Antología de cuentos en español con temática beatle

Antología de cuentos en español con temática beatle

El submarino amarillo se hizo biblioteca

Acaba de salir en España 22 escarabajos, el libro que recoge, entre otros, escritos de los argentinos Leopoldo Marechal, Rodrigo Fresán, Marcelo Figueras y Andrés Neuman. Los diversos usos literarios del cuarteto de Liverpool.

Eduardo Berti, desde Madrid15.
“Yesterday”, “Beatles posmodernos” y “Yo soy la morsa”. El libro se divide en tres secciones, cada una con una unidad temática.

En 1968 Leopoldo Marechal publicó el cuento “El beatle final”, en el que unos ingenieros se proponían fabricar una especie de robot-poeta a partir de la figura de Ringo Starr (el mismo Ringo que, curiosamente, Samuel Delany hace aparecer en su novela de ciencia-ficción La instersección de Einstein). Cuatro décadas más tarde, el escritor español Mario Cuenca Sandoval acaba de lanzar 22 escarabajos, autodenominada primera “antología hispánica del cuento beatle”, tomando como piedra fundamental aquel relato del argentino y sumándole no sólo otros posteriores (desde “Las notas vicarias” de Hipólito G. Navarro, hasta “Come Together” de Rodrigo Fresán o “Rock in the Andes”, de Fernando Iwasaki) sino, ante todo, una docena de textos inéditos firmados por Marcelo Figueras, Andrés Neuman, Care Santos o Iban Zaldua.

“Los mitos son realidades que prometen adaptarse, siempre, al porvenir”, dice Cuenca Sandoval es una jugosa introducción que excede la explicación del proyecto (no “una literatura beatle” como supuesto género, sino la inserción de esa música en el “patrimonio sentimental” de los autores), para internarse en un análisis tan profundo como apasionado: los Beatles “definieron una forma de escribir canciones y, año tras año, la subvirtieron”; los Beatles contribuyeron a la ruptura de toda distinción entre “alta y baja cultura” y convirtieron lo que parecía moda pasajera en algo “que ha provocado que, cuanto más nos alejamos de ellos en el tiempo, más grandes nos parezcan”.

En su papel de antólogo, Cuenca organiza el libro en tres grandes secciones. La primera, “Yesterday”, se centra en la evocación melancólica e incluye relatos como “Café anacrónico”, del ecuatoriano Miguel Antonio Chávez, o “33 ladrillos traídos de Liverpool” del guatemalteco Maurice Echeverría, donde “un cuarentón amante de los Beatles” es interceptado por unos “indígenas-raperos” y acaba profiriendo: “El reguetón no es más que el fracaso de la civilización tal y como la conocemos: como matar a Lennon otra vez”.

En la segunda parte, “Beatles posmodernos”, la aproximación al universo pop ya no se realiza desde la experiencia sentimental, explica Cuenca, sino que constituye un espacio narrativo, “un cosmos con sus propias coordenadas”. Es el caso del cuento “Back to the Egg”, del peruano Leonardo Aguirre, hecho mitad en inglés y mitad en castellano a partir de frases, versos, títulos y axiomas beatlescos (“I’m sorry, uncle Albert, por la parrafada long and winding”) y del relato de la española Pilar Adón que tiene como personaje a Prudence Farrow, la hermana de Mia Farrow que inspirara la canción “Dear Prudence”; pero también es el caso de “Degeneración JL”, del español Roberto Valencia, que multiplica un sinnúmero de Lennons en el mundo como consecuencia de “los grupos de versiones, los émulos y los supuestos discípulos, los fanáticos y los atormentados” y, más aún, del delirante manifiesto “revolucionario” pergeñado por el mexicano Xavier Velasco (“Un fantasma recorre el fin del mundo: el marxismo-lennonismo”) en el que se acusa a los “maccartenistas” de “vivir en el ayer”.

El libro cierra con la sección “Yo soy la morsa”, cuya estrategia dominante es el “relato apócrifo”, es decir: datos de la biografía beatle en circunstancias imaginarias. El procedimiento, como bien dice Cuenca, tiene algo de las “leyendas urbanas” que Alan Clayson y Spencer Leigh recogieron en su libro Ringo era la morsa (101 mitos falsos sobre los Beatles), pero también remite a un audaz ejercicio hipotético que circula en estos días en la página web Christopherbird (www.io9.com): una graciosa ucronía según la cual los Beatles siguieron tocando juntos (a imagen de los Stones) hasta la muerte de George Harrison.

Este segmento final incluye uno de los mejores cuentos del libro: “Los Beatles”, del cubano Eduardo del Llano, donde se muestra a los cuatro músicos dispuestos a componer una canción en torno a otro personaje tan imaginario como Eleanor Rigby, lady Madonna, Michelle o el sargento Pepper. Metódicamente, John hace girar un globo terráqueo y el dedo enjoyado de Ringo termina apuntando a Cuba. El personaje inventado por los Beatles será un tal Eduardo del Llano, nacido en 1962 (“el año en que empezamos a ser famosos”, acota Lennon) y de profesión escritor, no músico ya que “no puede tocar rock’n roll porque el gobierno prohíbe esos ritmos subversivos”.

El 2010 promete abundantes efemérides y tributos beatles. Se cumplirán treinta años de la muerte de Lennon y cuarenta de la separación de la banda; se anuncia una versión en 3D de “Submarino amarillo” y, tal vez, una película con la vida de Brian Epstein, su famoso manager. La antología 22 escarabajos (cuya salida ha coincidido con la traducción de la novela Beatles del novelista noruego Lars Saabye Christensen, quien usa al grupo como leitmotiv para contar los años sesenta) plantea un homenaje diferente, alejado de toda hagiografía pero no desprovisto por ello de emoción y compromiso.

Alguna vez Gabriel García Márquez dijo que “la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de los Beatles”. Cuenca Sandoval recoge esta frase para añadir que “la nostalgia de sus canciones es anterior a la disolución de la banda (…), algo que se encuentra más allá de la nostalgia por una época que la mayoría de los autores de esta antología ni siquiera conocieron”.

Diccionario Neuman Beatle

En paralelo a 22 escarabajos, el blog antologiadelcuentobeatle.blogspot.com ofrece algunos textos adicionales como este diccionario de Andrés Neuman.

ABBEY ROAD: paso de cebra donde Phil Spector debió ser atropellado antes de producir Let it be.

BEATLEMANÍA: concepto cuya definición se entendería, si no fuera por los gritos.

DYLAN: droga que más influyó en John a mediados de los sesenta.

FAN: individuo razonable, hasta que conoce a los Beatles.

HELP!: petición de auxilio tras sufrir repetidos accidentes de esquí.

IGUALDAD: desequilibrio por el cual Ringo cobra lo mismo que Paul.

JESUCRISTO: estrella que se atrevió a declarar que era casi tan popular como los Beatles.

ONO: apellido que, como él mismo indica, despierta dudas y negaciones.

PEPPER: único sargento con más autoridad que un general.

REVOLVER: arma sonora cargada de futuro.

X: opinión de Pete Best sobre sus ex compañeros.

YEAH: conjunción afinada.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Herta Muller recibió el Nobel de Literatura

Herta Muller recibió el Nobel de Literatura

La novelista, poeta y ensayista recibió premio por sus críticos relatos sobre la vida en la Rumania comunista, muchos basados en su experiencia personal.

Herta Müller nació el 17 de agosto de 1953 en Niţchidorf, Banat, un lugar germanohablante de la región de Timisoara, en Rumanía. Es hija de unos granjeros suabos del Banato.

La novelista, poeta y ensayista alemana Herta Muller recibió en Estocolmo el Premio Nobel de Literatura de manos del Rey Carlos XVI Gustavo de Suecia por sus críticos relatos sobre la vida en la Rumania comunista, de donde es oriunda, basados muchos de ellos en su experiencia personal.

Muller dijo sentirse "muy feliz" de recibir el galardón pero no reveló qué hará con el 1.400.000 dólares que implica: "No compraré un yate, no se preocupen", bromeó ante la prensa internacional en la tradicional conferencia que ofrecen los laureados antes de la ceremonia de premiación.

"He vivido el temor de la persecución. Es emocional, me molesta, me enfurece", agregó la autora de 56 años, quien fue hostigada por el servicio secreto rumano por negarse a realizar trabajos como informante y padeció el encierro de su madre cinco años en un campo de concentración comunista.

En su última novela "Atemschaukel", cuenta la historia de un adolescente que tras la Segunda Guerra Mundial es destinado a un campo de trabajo para la reconstrucción de la Unión Soviética, destino que compartieron muchos miembros de la minoría alemana.

"Atemschaukel" es el intento de Muller por desentrañar lo que se escondía detrás del silencio de su madre y de otros muchos rumanos-alemanes de su generación, que no se atrevían a hablar nunca del tiempo que habían pasado en campos de trabajo soviéticos.