lunes, 30 de septiembre de 2013

ERNESTO CARDENAL

ENTREVISTA AL NICARAGÜENSE ERNESTO CARDENAL

“En América latina estamos cumpliendo el ideal de Bolívar”




El poeta y sacerdote se muestra esperanzado con la nueva realidad política de la región. No así con la producción poética latinoamericana. “Casi nadie lee poesía y eso es culpa de los poetas”, señala, y subraya la necesidad de escribir para comunicarse con el pueblo.






 Por Silvina Friera

Unas pocas líneas de Ernesto Cardenal dicen un mundo, una bella galaxia en la que todo cabe, con un estilo sencillo, directo, sensible. “¿Qué hay en una estrella? Nosotros mismos. Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta estuvieron en las entrañas de una estrella. Somos polvo de estrellas (...) De las estrellas somos y volveremos a ellas”, se lee en la Cantiga 4 titulada “Expansión”, incluida en Cántico Cósmico, tercer tomo excepcional de su Poesía Completa, publicada por editora Patria Grande. En el prólogo de esta edición tan necesaria como fundamental, el poeta venezolano Luis Alberto Angulo plantea que no caben dudas de que en algún momento comenzará sin resistencia a ser leído colectivamente como uno de los grandes poetas místicos de la humanidad.
“Quizás entonces nadie se asombrará de que los entes educativos y culturales de los gobiernos más avanzados del mundo publiquen en grandes tiradas sus obras y las repartan gratuitamente entre los estudiantes de todos los niveles.” El Ministerio de Educación de la Nación ha distribuido las obras del poeta, sacerdote, teólogo, traductor, escultor y ex ministro de Cultura del gobierno sandinista –entre 1979 y 1987– en una colección para bibliotecas de escuelas secundarias (ver aparte). El bastón, las sandalias de pescador y la boina calada al estilo del Che avanzan ralentizando el tiempo en este hotel de Congreso. “Prefiero que no me hagan homenajes. No me agradan”, dice el fatigado poeta que a los 88 años podría ser una suerte de Bartleby latinoamericano de la poesía.
Aunque preferiría no hacerlo, Cardenal será homenajeado hoy a las 17.30 en el Salón Leopoldo Marechal del Palacio Sarmiento, en una actividad organizada conjuntamente por el Ministerio de Educación y la Editora Patria Grande. Participarán la periodista y conductora Ana Cacopardo, la cantante Teresa Parodi, el actor Horacio Roca y el poeta y conductor Tom Lupo, quienes leerán poemas del poeta nicaragüense. Los periodistas y escritores Reynaldo Sietecase y Stella Calloni compartirán sus experiencias sobre cómo Epigramas, Hora 0, Salmos, Oración por Marilyn Monroe y otros poemas, El estrecho dudoso, Canto Nacional, Oráculo sobre Managua y Los ovnis de oro, entre otros títulos, impactaron en sus vidas y en sus obras. También hablará el poeta Jorge Boccanera. En el marco de su visita al país, el autor de El Evangelio en Solentiname será de la partida del Primer Festival de Poesía en la Feria del Libro de Mendoza, el próximo viernes. Y el sábado, finalmente, presentará su Cántico Cósmico en el Espacio Cultural Le Parc, de Guaymallén. En 2009 obtuvo el Premio Pablo Neruda de Poesía, el primero que recibió quien hasta entonces se consideraba “el poeta menos premiado de la lengua castellana”. El año pasado, para atemperar esta sentencia o prejuicio, le otorgaron el Premio Reina Sofía. Y quién sabe si no se avecina el Premio Nobel de Literatura, al que estuvo nominado en 2005, a pesar de que Cardenal agita las manos como si estuviera espantando mosquitos suecos.
Un Big Bang descomunal ha sido el impacto que le produjo la poesía norteamericana, especialmente la obra de Ezra Pound, a quien tradujo al español, luego de su permanencia en Nueva York, entre 1948 y 1949, como estudiante de la Universidad de Columbia. Del poeta norteamericano, Cardenal tomó un recurso que “consiste más que en un collage, más que en la cita de un trozo de rango poético, en una sabia redistribución de la prosa del historiador o del viajero hasta que alcance un nivel lírico o épico”. “Sus poemas son así, bellos y vastos documentos ajenos cuya gracia está en los cortes y en las junturas”, advierte Pablo Antonio Cuadra. El sacerdote y monje trapense comprometido con la liberación de los pueblos reconoce que la influencia capital de Pound le hizo ver que “no existen temas o elementos que sean propios de la prosa, y otros que sean propios de la poesía”. “Todo lo que se puede decir en un cuento, o en un ensayo, o en una novela, puede también decirse en un poema. En un poema caben datos estadísticos, fragmentos de cartas, editoriales de un periódico, noticias periodísticas, crónicas de historia, documentos, chistes, anécdotas, cosas que antes eran consideradas elementos propios de la prosa y no de la poesía.”
Su mirada se enciende cuando recupera al niño que fue. “Mi primer recuerdo no es escribiendo, es haciendo un poema antes de poder escribir. Lo decía de memoria, creo que tendría unos seis años. Así empezó la humanidad y así también empezó mi poesía en la infancia”, cuenta Cardenal a Página/12.
–Al releer su Poesía Completa, llama la atención encontrar en uno de los Salmos que “las galaxias cantan la gloria de Dios...”, algo que trabaja intensamente en Cántico Cósmico. Su interés por la ciencia y el universo aparecen tempranamente, ¿no?
–Pues sí, de muy joven tenía interés por la ciencia, por hacer poesía con la creación y con el lenguaje científico, no el lenguaje –digamos– bíblico, sino de los descubrimientos más recientes. Desde la época de los Salmos y otros poemas juveniles estaba la poesía científica. Y después, leyendo más, documentándome más, fui ampliando esa poesía científica. Desde entonces tenía la vocación de “poeta de la ciencia”, si se puede decir así. La poesía ya estaba desde el principio, con Dios.
–¿La incertidumbre científica no colisionó con su cristianismo? ¿Siempre pudo compatibilizar ciencia y fe?
–Sí, perfectamente. La fe y la ciencia para mí son lo mismo. No hay ningún conflicto porque la ciencia es la explicación de la creación, la creación es poema y el creador es poeta. Poema es creación en griego y San Pablo llama a la creación de Dios “poiema”, como un poema de Homero.
–Se suele pensar que la ciencia se opone a la fe o que al menos la cuestiona.
–Así ha sido muchas veces ese conflicto. Pero en mi caso no, de ninguna manera.
–¿Por qué no se dio ese conflicto? ¿Tal vez el arte contemplativo le permitió unir elementos que a veces se contraponen?
–Pudiera ser, sí. También como poeta, que viene a ser casi lo mismo que el arte contemplativo. Cántico cósmico está pensado como una épica o una epopeya.
–¿Hay épica y epopeya en la poesía actual?
–Casi no hay. Hay en la novela, pero no en la poesía. La novela es la épica actual. Y por eso la novela es muy popular y la poesía no. Casi nadie lee poesía y eso es culpa de los poetas, que escriben una poesía que no interesa.
–Cuando dice que la culpa es de los poetas, ¿se refiere a que no son claros en los poemas que escriben?
–Exactamente. Son herméticos y no se entiende ni es para entender, y por lo tanto no es para interesar a la población. Yo siempre quise hacer una poesía que se entendiera y que comunicara.
–Se dice que sólo conocemos alrededor de un 9 por ciento del universo, una cifra pequeña.
–Así es, más o menos. El universo visible es una parte ínfima. Gran parte de la materia no la vemos, es la llamada “materia invisible”.
–¿Qué hace el poeta con eso que no se ve?
–Es el gran misterio sobre el que podemos meditar, aunque la mayoría no piensa en eso. Pero debe pensarse porque la mayor cantidad de realidad que existe es la que no se ve: la energía oscura y la materia oscura. Me gusta mucho mirar las estrellas también cuando hago oraciones, así tengo el universo presente, comunicándome con Dios a través de su creación.
–¿Lee muchos textos científicos?
–Sí, es casi todo lo que leo. No suelo leer poesía porque ya no encuentro nada nuevo en lo que se escribe. Leo libros de ciencia. O bien temas de actualidad, que son también los temas de Cántico Cósmico.
–A propósito de la actualidad, ¿cómo vive el presente político de Latinoamérica?
–Con mucho amor, con mucho interés, con mucha preocupación, con mucha esperanza. Y sobre todo con optimismo. Hay una nueva realidad en América latina, una nueva independencia. La primera independencia fue del imperio español, ahora es del imperio yanqui. La segunda independencia se está logrando en muchos países, en algunos ya con gobiernos independientes. Y en otros con una independencia relativa. Hugo Chávez fue una gran figura; puede haber tenido los defectos que tú quieras. Sin embargo, su gran mérito fue reanudar el ideario de Bolívar: la creación de una América latina unida para contraponerse a la del Norte. Estamos cumpliendo el ideal de Bolívar de hacer una sola nación.
–En ese sentido, ¿cómo anda Nicaragua?
.. Muy mal. Lo que hay ahora no es una revolución ni es de izquierda. Es una dictadura personal, familiar, de una pareja, de un matrimonio y sus hijos. Algo muy vergonzoso... Para mí es peligroso seguir hablando de este tema porque tengo que regresar a Nicaragua.
–¿Es peligroso para usted vivir allá?
–Sí, pero no puedo seguir hablando...
Y no habla por unos segundos, como si se replegara en un silencio irreprochable. Este sacerdote ha integrado escritura y militancia política y, junto a su maestro y amigo Thomas Merton, fundó en 1966 una pequeña comunidad contemplativa en Solentiname, donde se fomentó el desarrollo de cooperativas, se creó una escuela de pintura primitiva y un movimiento poético entre los campesinos, además del trabajo de concientización sobre la base del Evangelio interpretado en clave revolucionaria. “Como marxista, Cardenal es hereje; y como sacerdote católico, está al filo de otra herejía, pues rechaza la noción de la incompatibilidad de fe cristiana y política socialista –subrayó Paul W. Borgeson–. En poética, también discrepa con circunscripciones tradicionalistas, en su rechazo de la metáfora y su inclusión de lo común y corriente dentro del arte verbal. Creer y crear, política y fe en Dios no están reñidos para Cardenal: contrariamente, insiste en que el uno lleva definitivamente a lo otro. Así, estas vertientes marcan su obra definitiva.” Cuando Juan Pablo II visitó oficialmente Nicaragua, en 1983, el pontífice –frente a cámaras de televisión que transmitían a todo el mundo– amonestó e increpó severamente al poeta y sacerdote, arrodillado ante él en la misma pista del aeropuerto, por propagar doctrinas apóstatas según la fe católica y por formar parte del gobierno sandinista. El sacerdote de la teología de la liberación, obstinado rebelde contra el Vaticano, estaba recién llegado a Mendoza, en abril de este año, cuando se desayunó con una sorpresa. “En la primera entrevista que tuve, el periodista me preguntó qué opinaba del papa argentino. ¿Cómo el papa argentino? Pensé que preguntaba por el caso de que se eligiera alguna vez un papa argentino. Tres veces le tuve que preguntar hasta que entendí que habían elegido un papa argentino”, recuerda el poeta.
–¿Cree que habrá cambios en la Iglesia?
–Sí, al principio no pensé que pudiera estar haciendo todo lo que está haciendo... algo verdaderamente increíble porque está poniendo las cosas al revés. Como debe ser, porque todo estaba mal puesto. Que un papa no ande en el papamóvil sino en el carro más pequeño del Vaticano es el mundo al revés. Los últimos serán los primeros; eso está haciendo Francisco.
–¿Cree que el papa Francisco puede revisar la “suspensión a divinis” que pesa sobre usted?
–A mí no me afecta porque es una prohibición para administrar sacramentos y yo no me hice sacerdote para administrar sacramentos y andar celebrando bautismos y matrimonios, sino para ser contemplativo. Y sigo siéndolo. Es más bien un estorbo para mí la práctica pastoral, no es mi vocación. Como poeta y como sacerdote soy un contemplativo.
–¿Qué pasaría si el Papa le quitara esa prohibición de suministrar los sacramentos?
–Más bien me puede complicar la vida. Me pondría en compromisos que no tengo actualmente... Ya me siento muy cansado, casi no dormí anoche y me estás haciendo muchas preguntas.
–¿El próximo premio que recibirá será el Nobel de Literatura?
–Me complicaría también la vida... no creo que exista ese peligro.

martes, 17 de septiembre de 2013

JORNADAS FOGWILL


Las esquirlas de un escritor polémico

Horacio González, Vera Fogwill, Ezequiel Grimson y María Moreno inaugurarán este cónclave de lectores, críticos, escritores, editores, poetas y músicos, convocados para reflexionar y discutir sobre la obra del autor de Los Pichiciegos.





 Por Silvina Friera
Un solo nombre de marca se recorta sobre las conversaciones como repentinos recuerdos fulgurantes. Fogwill, ese autor capaz de auscultar los movimientos y tembladerales de la lengua –“formas del roce entre uno y la palabra”, según ha escrito en La gran ventana de los sueños, uno de los inéditos publicado este año–, es la puerta de entrada para “En otro orden de cosas”, las jornadas Fogwill que empiezan hoy a las 16.30, en el auditorio David Viñas del Museo del Libro y de la Lengua, y que se extenderán hasta el próximo jueves. Su hija Vera Fogwill, Horacio González, Ezequiel Grimson y María Moreno inaugurarán este cónclave de lectores, críticos, escritores, editores, poetas y músicos, convocados para reflexionar y discutir sobre la obra de un escritor que supo colocarse en el centro de las polémicas literarias y políticas que agitaron las aguas de la cultura nacional de las últimas décadas. Después de la apertura y la proyección de fragmentos de Ultimos movimientos, Obra en construcción y Fogwill: último viaje, comenzará el primer encuentro sobre música y poesía con Martín Gambarotta, Silvio Mattoni, Damián Ríos y Pablo Gianera. La primera jornada terminará con Ulises Conti y Sergio Bizzio, quienes leerán fragmentos de “En el bosque de pinos de las máquinas”. En esta suerte de “conjura de memoriosos” también participarán Alan Pauls, María Pía López, Hernán Vanoli, Cecilia Szperling, Graciela Speranza, Carlos Gamerro, Daniel Divinsky, Luis Chitarroni, Julia Saltzmann y Gustavo Ferreyra (ver aparte), entre otros.
“Lo primero que quiero decir es que estoy contento con la invitación –dice Gambarotta, autor de Punctum, libro de poemas seminal de la década del ’90 cuya reedición está dedicada a Fogwill–. Es verdad que no siempre te dan ganas de ir a todos los lugares a los que te invitan, pero también pasa que quisieras ir a algún lugar y directamente no te invitan. Estoy contento con que alguien en la Biblioteca Nacional, específicamente esta Biblioteca Nacional actual, haya pensado que podía decir algo sobre Fogwill. Ahora no sé muy bien lo que voy a decir sobre ‘Fogwill, editor de poesía’. O si lo sé, no quiero adelantarlo del todo. Pero sí me parece importante decir en ese auditorio algo que se me vuelve una verdad histórica, un mensaje a los historiadores literarios del futuro: no se olviden de que Fogwill editó los libros de Leónidas Lamborghini, de Osvaldo Lamborghini, de Néstor Perlongher y de Oscar Steimberg, allá por 1980. Me refiero a que este genial gesto de editor, por sí solo, es suficiente para que Fogwill tenga un lugar destacado cuando se escriba la historia de la literatura argentina de nuestros tiempos.”
Cecilia Szperling explica que Fogwill utiliza la expresión “Escuela de sueños”, en La gran ventana de los sueños, para referirse al psicoanálisis. “Lo elegí para titular mi pequeña crónica sobre el libro porque se basa en un diario de sueños, pero más que nada en la reconstrucción de los sueños. En cómo se escucha, se recuerda y se escribe un sueño. Cómo mantiene ese crudo de la nota despatarrada y escueta en el cuaderno de notas y ese mínimo o, mejor dicho, ese núcleo de verdad –de la verdad del sueño– se mantiene en medio de relatos cortos que posiblemente estén hechos del recuerdo de sueños que vino con esa mínima anotación, más el recuerdo de otros sueños de esa clase; hay géneros de sueños, ‘Los de mar’, ‘Los de cementerios’.” Szperling subraya que este libro es “muy hermoso” porque “cabalga entre Fogwill poeta, Fogwill narrador”. “El lirismo de los sueños, su surrealismo, es cruzado por la realidad, muchas veces por lo que sucede al despertar con el ‘resto nocturno’ que el sueño imprime al día que le sigue. Como en algunos de sus cuentos de realismo sucio que es agujereado a picotazos por una imagen onírica (‘Dos hilitos de sangre’) en La gran ventana de los sueños, el delirio, la liviandad y la fantasía del sueño desembocan en momentos de nitidez de pensamiento diurno. De la ensoñación y la libertad nocturna a la racionalidad del día y del trabajo cotidiano.”
“Leer mal es leer a contrapelo de una época, pero al mismo tiempo desde esa época –plantea Hernán Vanoli–. Hay una especie de consenso entre los supuestos eruditos de la literatura, en el cual Fogwill fue un ‘arqueólogo del lenguaje’, una suerte de ‘alquimista loco’ que era al mismo tiempo un donante perenne de anécdotas personales útiles para confirmar la cordura y la pertenencia al campo literario de un rosario de vasallos del buen pensar y del buen escribir. Esas figuras son funcionales para pasteurizarlo y luego incorporarlo desde un lugar lateral en un panteón que sinceramente no le interesa a nadie. Leerlo ‘mal’ es sacarlo de esa bruma, del lugar del ‘francotirador’, y decir que Fogwill fue un escritor–sociólogo, un tipo que escribía sobre el poder, sobre el lenguaje de las organizaciones, sobre la guerra sucia como una estructura profunda de la política argentina, y principalmente sobre el futuro, sin resignar ambiciones estéticas.” Vanoli agrega que leerlo “mal” también es “creerse una serie de valores –la fe en la poesía, el desprecio por lo audiovisual, la mistificación de la industria editorial– a los que Fogwill adscribía”. “Hoy es ridículo pensar que el lenguaje poético y, peor aún, las prácticas de la microtribu urbana de la poesía representan algún tipo de resistencia a algo. La poesía acontece todo el tiempo en Internet y en forma involuntaria; hoy el desafío va por otro lado. Pero este costado conservador de Fogwill, que también le facilitó su canonización actual, es paradójicamente uno de los más venerados. Yo quiero rescatar otras cosas.”
De las quince hipótesis a contrapelo del legado del autor de Los Pichiciegos, Vanoli anticipa algunas cuestiones a Página/12: “Una tiene que ver con la idea de que era un escritor humanista e iluminista. Hay ciertas lecturas que lo quieren colocar como un tipo lleno de saberes prácticos, y como un romántico. No era así. Fogwill vivió mucho, es cierto, pero él mismo reconoce que muchas de las cosas que explicaba en detalle eran invenciones. Leerlo desde ahí, con Internet como un reservorio inagotable de explicaciones prácticas, es situarlo como un escritor del pasado. El proyecto de Fogwill era más parecido al expresionismo político. Y no era humanista, ni antitécnico. La experiencia sensible, para Fogwill, era la del goce en la opresión por parte de las organizaciones y la maquinaria del lenguaje. Fogwill fue nuestro gran escritor antimoderno”. Por otro lado advierte que le interesa destacar la lectura que hacía Fogwill de las “políticas culturales”, los festivales, las ferias del libro, “todo el circo que une turismo, burguesía de negocios, buena conciencia y stand-up”. “La crítica que hace Fogwill al proyecto cultural del alfonsinismo se queda corta si pensamos en el rol asignado por las instituciones estatales, y también por la filantropía internacional, a la literatura dentro del plano de las ‘industrias culturales’ hoy. Mi idea es que Fogwill vio, además de las continuidades del proceso y toda esa cantinela, el germen de un modelo de pensar la función social de lo literario desde las instituciones que hoy está más vigente que nunca, y que es banal, miedoso, ignorante y poco efectivo.”
* La agenda completa de “En otro orden de cosas” se puede consultar enwww.bn.gov.ar

BEATLES Y LACAN

Los Beatles y Lacan: un libro de culto, polémico y emotivo

Una edición local de “Los Beatles y Lacan: un réquiem para la Edad Moderna” (Galerna), del académico inglés Henry W. Sullivan, que busca mesurar el impacto de la banda de rock, se presentó en Buenos Aires, con el autor a distancia y una discusión sobre el fin del posmodernismo y la energía de una generación.  

Hace dos miércoles en el corazón de San Telmo se presentó un curioso y maravilloso libro. En el fondo de la librería Galerna, en la calle Perú al 1000, se había armado un pequeño y acogedor auditorio. Unas treinta sillas blancas en prolijas filas miraban a una mesa que acomodaría a cuatro comentaristas. Al costado izquierdo, mirando hacia la mesa de presentadores, había un amplificador Fender. En un entorno tan íntimo tal vez no era necesario, pero resultó –adrede o no– un toque apropiadísimo. Se presentaba el libro Los Beatles y Lacan: un réquiem para la Edad Moderna –un diván completaba el cuadro, pero ya hubiera caído en el absurdo.
El autor de Los Beatles y Lacan (dos nombres que invocan fervor en una gran parte de la población porteña) es el académico inglés Henry W. Sullivan, un especialista en literatura española y ahora profesor en la universidad de Tulane en los Estados Unidos. El libro se publicó originalmente en 1995 con el título: The BeatIes with Lacan: Rock' n 'Roll as Requiem for the Modern World. Es una anomalía en su producción. Otros títulos de Sullivan, por ejemplo, son un estudio de Don Quijote; una traducción académica de los poemas de Gustavo Adolfo Bécquer; y un estudio de los viajes de Calderón a las tierras alemanas.
Los Beatles y Lacan es un libro de culto y un clásico, un maravilloso capricho de Sullivan, que ha tenido larga vida. Su tesis es que la obra de los Beatles, junto con su impacto cultural, marcó el fin de la edad moderna y el pasaje a la posmodernidad. La periodista Flor Codagnone gestionó la edición y fue co-traductora junto con Luciano Lutereau. Ella misma se ocupó de presentar a los panelistas de la noche: el académico multifacético Darío Sztajnszrajber; el periodista e historiador Sergio Pujol; y el periodista de rock Alfredo Rosso.
La primera sorpresa de la noche, sin embargo, fue la presencia –aunque virtual– del mismísimo autor. Una vez que todos estábamos sentados, con casi todas las sillas ocupadas, se apagaron las luces y se prendió un proyector. Allí apareció Sullivan en un mensaje grabado especialmente para la ocasión. Agradeció a Galerna, que editó el libro, y también a los traductores, con quienes colaboró. Aunque el castellano de Sullivan era impecable aunque claramente de un extranjero.
Desde su despacho académico describió su libro así: “Sus páginas son una amalgamiento de lo que yo llamaría sociología psicoanalítica, critica de rock, y una especulación sostenida sobre el significado de los Beatles. El libro se enfoca en analizar la transición de la era moderna a la posmoderna. Los Beatles eran el fenómeno cultural más importante de sus tiempos… ¿pero qué significaron exactamente? Sorprendentemente, esta es una pregunta que nadie puede contestar.”
En su discurso Sullivan procede a explicar que su intención con Los Beatles y Lacan…fue explicar la significación, el sentido, de la excelencia artística e importancia cultural de la banda con el uso de la interpretación psicoanalítica. Sin embargo, como Sullivan mismo,Los Beatles… es un libro sólido, responsable, accesible y poco pretencioso.
Tras esta amena sorpresa, el primer expositor Sztajnszrajber aportó una crítica frontal a los puntos débiles del libro en cuestión. Eso sí, sin despreciar el libro de ninguna forma –más bien en un espíritu de debate y de búsqueda de significado. Aclaró, para comenzar: “El título desorienta porque liga a los Beatles con Lacan. En realidad, el libro tiene como dos abordajes posibles. Lo que hace el autor es básicamente trabajar dos temáticas que me interesan profundamente por eso que podemos llamar, de algún modo, la utilización –lo digo en difícil y después explico qué es–, de dispositivos hermenéuticos exteriores para trabajar una temática que a priori no presenta ese tipo de abordaje. O sea, nada hay en los Beatles que autorice de manera inmediata a leerlos desde la óptica de Lacan. O en todo caso, se le puede leer desde la óptica de Lacan como se leer desde la óptica del Tarot.”
Sztajnszrajber procedió a polemizar con el texto de Sullivan, profundizando en su crítica los dos abordajes del texto: el lacaniano por un lado y la teoría cultural por otro. En cuanto este segundo concepto, Sztajnszrajber puntualizó: “Sullivan no solo es un arriesgado por utilizar este dispositivo hermenéutico para leer a los Beatles, sino que es arriesgado en otro sentido mucho más fuerte. Para mi lectura, es propio de la época de gestación del libro. El libro es del 95 –digo esto más allá del bien y del mal–, y se nota. Se nota que es del 95. Se nota que está situado en una problemática que 15 años o 20 años después se fue como resolviendo…”
Para Sztajnszrajber ya no se puede designar el “posmoderno” como un período histórico autónomo. Por ese motivo ve al libro de Sullivan como un artefacto de un momento cultural que ya se ha superado.
Cada discursante se limitó a los veinte minutos pautados entre los tres. Aun así Sztajnszrajber dejó media decena de conceptos que podrían llenar páginas de texto y horas de conversación.
El próximo presentador, Pujol, eligió leer su ponencia. Sin embargo no por eso fue árido. Se interrumpió a sí mismo para improvisar pensamientos y dialogar con las ideas de Sztajnszrajber. Pujol arrancó con una pertinente observación: “Una parte importante de nuestra sociedad es beatlemaníaca y lacaniana en proporciones bastante escandalosas –casi absurdas. De hecho, más beatlemaníaca que la sociedad francesa, sin duda, y más lacaniana que, también sin duda, de la sociedad inglesa.”
Profundizando en su lectura del libro de Sullivan, Pujol dijo: “Sullivan escucha a los Beatles con el propósito de desentrañar el significado profundo de sus creaciones. Y en su opinión, antes que ser el emergente de una época, el grupo terminó siendo el agente de cambio que barrió con su influencia artística e intelectual, los últimos vestigios de una modernidad agónica, para abrirnos las puertas de lo que llamamos, desde los años 80, la posmodernidad.”
La intervención de Pujol fue afectuosa. En algún momento dijo: “Por supuesto no pretendo psicoanalizar a Sullivan, pero es indudable que al referirse a la generación del Baby Boom y sus problemáticos vínculos con sus padres, en alguna medida está hablando de él mismo. De lo contrario, ¿cómo se explica que un catedrático experto en literatura española, sin otros antecedentes en el terreno de la musicología que este libro, haya abordado con minucia y agudeza, pero también con afecto y cercanía, ese núcleo de creatividad que lo llama matrimonio psico-musical, que supieron conformar John Lennon y Paul McCartney?”
El último turno fue de Rosso y fue bueno que terminara él. La secuencia de oradores comenzó por la crítica muy aguda y teórica de Sztajnszrajber, pasando a un análisis más clásico de Pujol; el cierre de Rosso fue autobiográfico y emocional. Lo citamos para cerrar esta nota: 
“La gente joven empezó a sentir que la vida pragmática y materialista que llevaba la sociedad occidental moderna era estéril en lo espiritual y que ofrecía pocas cosas en verdad significativas. Que la forma de pensar establecida les resultaba más destructiva que constructiva… Para mí, en realidad, los Beatles son catalizadores de un cambio que se estaba dando en toda una generación. Ganas de desplegar la imaginación en gran escala en las artes, en la cultura en general, en la literatura, en el cine… Un país que era blanco y negro que los Beatles ayudan a ponerlo en colores.”