lunes, 10 de octubre de 2016

Nuevo libro del Che. Marcos Gorbán


Nuevo libro
Una investigación de Marcos Gorbán revela quién fue Fernando Escobar Llanos, un personaje clave en la vida del revolucionario argentino. 
Orlando posa en Montevideo en 1963, al volver de la escuela de entrenamiento en Cuba | Foto cedida por Fernando Escobar Llanos

“Mirá, quiero que seas el hombre invisible. Que nadie te conozca. Que nadie sepa quién sos. Que nadie te pueda mencionar. Que te diluyas entre la gente y en los lugares a los que te voy a pedir que vayas. Y en el futuro, que no sabemos adónde nos va a conducir, no vas a aparecer en ningún libro de historia. Porque nadie tiene que saber de tu existencia”. Con estas palabras, Ernesto Che Guevara le pidió a Fernando Escobar Llanos que llevase adelante algunas de las misiones más importantes de su vida. Que fuera, básicamente, una correa de transmisión entre los planes del revolucionario y los distintos puntos estratégicos. Y así fue: nadie en la historia escuchó hablar de él. Hasta hoy.
Su verdadero nombre era Orlando, y ofició de asistente del comandante en sus viajes por América, África y Europa. Orientado a preparar el terreno y adelantar los movimientos para la logística que el Che y Fidel Castro programaban, este personaje desaparecía de un día para el otro para volver al mes siguiente. Sin dar ni una explicación a sus compañeros del Partido Comunista de la Argentina. ¿Cómo logró mantenerse en las sombras durante medio siglo?
Su perfil responde en parte a esta pregunta: “Sos callado, reservado, inteligente y tenés una mirada de distraído que engaña. Pero estás muy atento a todo”, le dijo el Che Guevara cuando lo reclutó en 1961, en Uruguay. Justo lo que necesitaba para hacer inteligencia.
“Los ojos del Che” (Sudamericana,  320 páginas,  299 pesos) recrea la historia de este enigmático personaje y cuenta algunas de las misiones que le fueron encomendadas. Marcos Gorbán, autor del libro -productor de televisión y periodista-, dio con la historia de Orlando casi de casualidad, indagando en la historia de su familia -fuertemente vinculada a la izquierda argentina. La investigación camina sobre una duda constante: ¿cuán importante fue Orlando para el Che? Con esta pregunta en mente, Gorbán viajó a Cuba y entrevistó a la que fue la mesa chica de Fidel y Guevara para sus planes en África y en América Latina. 
La novedad, que sale a la venta mañana, intercala algunos agitados hechos ocurridos luego de la Revolución Cubana con las vivencias en primera persona de “El Losojo” (su apodo), quien vivió siete años de aventuras clandestinas en tres continentes. Y nadie, ni en su círculo más íntimo, supo jamás nada sobre su verdadero trabajo y su lugar en los planes de la revolución guevarista.
El Che junto a Pombo, presumiblemente en África. Orlando creyó recordar que quien se recorta sobre la derecha de la foto era él | Fernando Escobar Llanos
El Che junto a Pombo, presumiblemente en África. Orlando creyó recordar que quien se recorta sobre la derecha de la foto era él | Fernando Escobar Llanos
- ¿Cómo llegó a dar con la historia de Fernando Escobar Llanos?
- Llegué al personaje casi de casualidad. Encontré su historia dentro de “Secretos en Rojo”, un libro que escribió [el escritor y periodista] Alberto Nadra sobre su paso por el Partido Comunista. En esas páginas encontré la historia de Fernando Escobar Llanos, El Losojo, y se me ocurrió pedirle a Nadra que me lo presentara. Mi idea se terminaba en una tarde de mates escuchando anécdotas del Che, nada más. Nunca me imaginé todo lo que esta presentación me iba a significar. A lo largo de todas las entrevistas que fui teniendo con él se me fue abriendo mucho de la historia del Che, pero sobre todo la de mi propia familia (había sido vecino de la casa de mi infancia). Por eso sentí que tenía que empezar a contar desde ese lugar.
- ¿Cómo fue el primer contacto de Escobar Llanos con el Che Guevara?
- El encuentro se dio en el contexto de la conferencia de los cancilleres de la OEA en Punta del Este, en 1961. En esos días, una delegación del Partido Comunista Argentino cruzó a Uruguay en secreto para entrevistarse con el Che. Guevara invitó a uno de esos dirigentes a que viajara con él a Cuba para trabajar en la campaña de alfabetización. Este hombre no estaba en condiciones de ir porque acababa de ser padre. El Che le preguntó si podía recomendar a alguien de su máxima confianza y le recomendó a su propio hermano, el hombre que a partir de ese momento pasó a llamarse Fernando Escobar Llanos, el protagonista del libro.
- ¿Qué rol cumplió en la vida del Che este personaje?
- A lo largo de las entrevistas se contradijo bastante al respecto. Hubo ocasiones en que me dijo que la suya era una relación muy cercana y en otras no tanto. Pasaron sesenta años y la distancia en el tiempo volvió a dibujar los hechos en la memoria de este hombre. Sortear esa dificultad fue lo más engorroso de la investigación. Lo cierto es que El Losojo afirma haber recorrido varias ciudades de Europa, y casi todo África y América Latina para llevar a cabo investigaciones y relevamientos secretos que le había encargado el Che. Eso a él lo marcó de por vida. Sobre todo porque la muerte del Che también tuvo consecuencias muy negativas para él. El rol que él tuvo para el Che… bueno, eso es materia opinable. De hecho es parte del final del libro. Pero lo más destacable es que cumplió misiones para él.
Orlando a mediados de los años sesenta, cuando ya era el Losojo | Fernando Escobar Llanos
Orlando a mediados de los años sesenta, cuando ya era el Losojo | Fernando Escobar Llanos
- ¿Qué tipo de misiones realizaba?
​- La primera de todas fue recorrer la frontera argentina y de los países del cono sur para hacer un relevamiento. Tenía que detectar los puntos por los que se pudiera entrar o salir de cada país sin pasar por aduana ni migraciones. Después, con el tiempo, las misiones se hacían más sofisticadas y tenían que ver con los países que le interesaban al Che. Él hacía una lista y Orlando viajaba antes para preparar los contactos, investigar horarios y movimientos de las ciudades y demás. 
- ¿Con qué tipo de personalidad se encontró usted al entrevistar a “Orlando”?
- Es un tipo desconfiado. No dice todo lo que sabe y no lo disimula. Mantuvo esta historia en silencio durante casi 60 años, y eso tiene consecuencias. Algunas obvias, otras no tanto. Lo único que podría decir con seguridad es que recela mucho de lo que se pueda decir sobre su pasado. Sigue sintiéndose un hombre leal al Che y hace lo que sea necesario para que no se manche su memoria.
Otra imagen cedida por Orlando. Cree recordar que fue tomada a finales de la década del sesenta en Paraguay | Francisco Escobar Llanos
Otra imagen cedida por Orlando. Cree recordar que fue tomada a finales de la década del sesenta en Paraguay | Francisco Escobar Llanos
- ¿Qué indicios pudo recopilar para desentrañar la relación entre este personaje y los líderes revolucionarios?
- “Los Ojos del Che” cuenta, por un lado, la historia que de este hombre, el protagonista. En paralelo mi propio camino en busca de saber si eso es cierto y de ver cómo chequear la información, de buscar testigos, pruebas, o –quizás- algo que lo desmienta. Fue una investigación que llevó más de dos años. Mucho de lo que él dice coincide con los libros de historia, incluso con alguno que salió después de que fueran hechas las entrevistas. Todos los testigos que entrevisté, en Argentina y en Cuba, mi propia madre entre ellos, coinciden en dar indicios que apuntan a creer que lo que cuenta este hombre es cierto. Pero no hay ninguna prueba documental que lo demuestre, como ser una foto clara. Y tampoco alguien que lo pueda desmentir de manera categórica.
- En el libro hay una anécdota con un asado que terminó siendo una de las claves para dar con el vínculo entre Orlando y Guevara ¿Podría contármela?
- Sí, fue en la escuela de entrenamiento en Cuba, en 1963. Así la cuenta Orlando: “Creo que fue el 9 de julio, sí. Se armó una comilona gigante para todos los argentinos. Si no recuerdo mal, asaron un cordero y consiguieron achuras. Ernesto se sentó en una punta. Yo me senté a su lado y del otro se ubicó Emilio Aragonés, el que años después fue embajador de Cuba en la Argentina. Yo me puse a jugar con un cuchillito que todavía tengo, aunque ya está todo gastado. ‘Prestámelo’, me dijo. De pronto se sonríe y me dice ‘me lo quedo’. ‘No, este cuchillo me lo compré con mi primer sueldo cuando tenía trece años, no te lo puedo dar’. Y ahí me empezó a pelear de nuevo, pero ya en otro tono. ‘No, no, me lo quedo, me lo quedo.’ Y Aragonés se cagaba de risa. Me guardé el cuchillo y lo miré fijo: ‘Me lo vas a tener que sacar’. Se mató de risa, me estaba cargando. Todavía lo tengo al cuchillito. De pronto, de la nada, me dice por lo bajo: ‘Hoy tuvimos dos broncas, che. Es mucho. No vamos a tener más', ese era el tipo de relación que teníamos’”.
- ¿Y por qué esta escena es tan importante?

- Porque cuando fui a Cuba pude entrevistar a Salvador Prat, el hombre al que el Che Guevara puso al frente de esa escuela de entrenamiento de la que participó el protagonista del libro. Le mostré fotos del Losojo pero no lo recordaba. Se excusó, por supuesto, porque eso fue hace 53 años. De hecho en un momento dudó de que la historia fuera cierta. Hasta que le pregunté si era cierto que el Che había organizado un asado para una fecha patria de la Argentina. Y si, de eso se acordaba. Nos pusimos a hablar de ese día y él mismo reconoció que yo sabía detalles que no fueron publicados en ningún lado, que solo podía saber alguien que estuvo ahí. Entre miradas cómplices, nos dimos cuenta al mismo tiempo: se trataba de Orlando, El Losojo.
fuente; Clarín