sábado, 24 de enero de 2015

Oración por Marilyn Monroe.

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de 
Marilyn Monroe
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a
los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.

Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
(según cuenta el Time)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz)
Pero el templo no son los estudios de la 20 th Century-Fox.
El templo –de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20 th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y radioactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.
Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
-el de nuestras propias vidas- Y era un script absurdo.
Perdónala Señor y perdónanos a nosotros
por nuestra 20 th Century
Por esta Colosal Super-Producción en que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes
para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.

Recuerda, Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje –insistiendo en maquillarse en cada escena-
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleada de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.

La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue 
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga 
y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Angeles
¡contesta Tú el teléfono!

Ernesto Cardenal


90 años de ERNESTO CARDENAL

 

La voz poética y comprometida de Ernesto Cardenal cumple 90 años

El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal se reunió la mañana del martes en el Centro Nicaragüense de Escritores, en Managua, para compartir con un grupo de periodistas su torta de 90 años. El poeta aseguró que estaba en la celebración bajo protesta. “Me producen incomodidad los homenajes”, dijo, “pero no los puedo prohibir. Los tolero. Es muy desagradable tener esta edad. ¡A nadie se lo deseo!”.
Sus amigos, seguidores y colaboradores han organizado una serie de eventos en teatros, universidades y festivales para homenajear los 90 años del poeta, una figura íntimamente ligada a la historia reciente de este país centroamericano, quien desde la trinchera de la literatura combatió la dictadura somocista y apoyó con su poesía la revolución popular sandinista, de cuyo Gobierno formó parte en los ochenta como Ministro de Cultura.
La poesía de Cardenal ha estado siempre vinculada con las luchas por los cambios sociales en América Latina, una región dolorosamente desigual en la distribución de la riqueza. “Para mi generación es un icono que resume los valores de libertad, integridad, de pureza y de un enorme compromiso con un país justo, en libertad y transparente”, dijo Hernaldo Zúñiga, cantautor nicaragüense.
Para los escritores nicaragüenses, Cardenal es la voz moral de un país que ha perdido sus valores. “Ernesto tiene este don profético, esta voz profética, un respaldo moral al país ahora que el país es un país donde la gente se preocupa menos de lo que es la ética de la conducta pública. Me parece que estamos en una etapa de baja de los valores”, dijo Sergio Ramírez, amigo íntimo de Cardenal.
A sus 90 años el poeta sigue produciendo, sigue viajando y generando controversia con sus comentarios, como los vertidos tras la elección de Jorge Mario Bergoglio como Papa, una elección que para Cardenal mostraba que “el Vaticano se ha vuelto loco”. O al expresar su opinión sobre la construcción de un canal interoceánico por Nicaragua, una obra que ha catalogado como “monstruosa”. “Ernesto siempre ha tenido una posición de principios, que es lo que está en su poesía, de no ceder, no doblegarse, decir las cosas como son, con absoluta transparencia”, explicó Ramírez.
México ha sido uno de los países que con más cariño ha tratado a Cardenal. El poeta ha sido agasajado por universidades mexicanas y por festivales literarios de ese país. La Universidad Veracruzana le otorgó el título Honoris Causa junto con el escritor uruguayo Eduardo Galeano, además de editar sus obras completas y de convocar a un premio internacional de poesía que lleva el nombre del poeta nicaragüense. “Ernesto es uno de los grandes escritores de nuestro subcontinente latinoamericano, uno de los grandes escritores de la lengua castellana. Es un símbolo para muchos latinoamericanos, justamente por sus dones como escritor, como revolucionario, como místico”, dijo Raúl Arias Lovillo, ex rector de la universidad y amigo del poeta.
Cardenal, que se define como “poeta, sacerdote y revolucionario”, ha obtenido importantes galardones por su trabajo literario, como el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, entregado en 2012, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2009) y el Premio a la Paz del Comercio Librero Alemán. Recientemente el poeta ha publicado El cántico cósmico.

jueves, 22 de enero de 2015

Patrick Deville: una novela sin ficción





Patrick Deville narra la vida del bacteriólogo Alexandre Yersin

El escritor francés desentraña la trayectoria vital del médico suizo en 'Peste & Cólera', una novela sin ficción

Barcelona (EFE).- El escritor francés Patrick Deville desentraña la trayectoria vital del médico y bacteriólogo suizo Alexandre Yersin, descubridor del bacilo de la peste en 1894, en Peste & Cólera, una novela sin ficción, en la que también narra más de cien años de descubrimientos científicos.
Acompañado por el editor de Anagrama, Jorge Herralde, Deville ha explicado hoy en Barcelona que hace ya tiempo que conocía la historia de Yersin, un hombre curioso, que con 22 años llegó a París, procedente de la suiza Vaud, entró en contacto con Louis Pasteur, investigó sobre la tuberculosis y la difteria, pero, siguiendo a su admirado Livingstone, acabó enrolado como médico en un barco, rumbo a Extremo Oriente.


Deville, que en Camboya siguió el juicio a los Jemeres Rojos, armó este relato, con el que ha obtenido los premios FNAC, Femina y Prix des Prix 2012, a partir de las cartas que Yersin envió a su madre Fanny, a su hermana y a sus colegas, todas conservadas en el Instituto Pasteur.
A la vez, el autor visitó sobre el terreno algunos de los lugares en los que estuvo el científico, que recorrió el globo terráqueo y al que hoy ha calificado como un "héroe conradiano", en alusión a los personajes de las obras del escritor Joseph Conrad.
Si tuviera que definirlo de alguna manera, Patrick Deville ha comentado que de él diría que fue siempre un hombre curioso, "por eso tuvo una vida rocambolesca", que descubrió el mar a los 26 años, que fue agricultor y la primera persona que importó un automóvil a África.
Asimismo, fue alguien "muy recto, un genio científico y un solitario". "De hecho, no se puede hacer nada sin soledad", ha apuntado Deville.


A los veinte años ya dejó escrito en una misiva a su progenitora viuda que quería ser como el escocés Livingstone, "hombre de acción, sabio, pastor, descubridor del Zambeze y médico a la vez, que estuvo perdido durante años en territorios desconocidos del África central y que, una vez que Stanley logró encontrarle, eligió quedarse y morir allí", escribe Deville.


En sus indagaciones, el autor galo descubrió que Pasteur era igualmente admirador de Livingstone y que, junto con Ferdinand de Lesseps, llegó a ir a Escocia a conocer a la hija del explorador.
"La admiración casi paterna que siente Pasteur por Yersin viene posiblemente porque a éste también le hubiera gustado tener su vida de aventurero", ha argumentado.


El científico y aventurero falleció en la Indochina francesa, el actual Vietnam, en 1943, donde desarrolló la industria del caucho y cultivó plantas medicinales como la quinina y la coca.
Por otra parte, la novela le sirve a Deville para mostrar la evolución humana y científica desde 1860 hasta la actualidad, deteniéndose en cuestiones como las guerras mundiales, la colonización, la descolonización o los diferentes descubrimientos médicos.
Además, no ha escondido que gracias al libro conoció a su actual pareja, descendiente de uno de los hermanos de Alexandre Yersin que, sin embargo, no cita en "Peste & Cólera" porque "no tenía ningún interés literario".


Respecto a nuevos proyectos, el escritor, que desde hace quince años no escribe ficción, ha indicado que está terminando un "libro mexicano", en el que el protagonismo correrá a cargo de la conocida fotógrafa italiana Tina Modotti, que falleció en el país centroamericano, y en la que habrá alusiones a la guerra civil española y a Barcelona.



PATRICK DEVILLE

 por Marina Artusa
A las cuatro de la tarde, en el Café des Amis que está justo debajo de su departamento, sobre la Rue du Cherche-Midi de París, Patrick Deville dice que, desde hace quince años, sólo escribe novelas sin ficción. Y que para sentarse a escribir esas novelas sin ficción es imprescindible conocer la geografía donde transcurren las historias. Lleva más de una hora hablando de su modo enciclopédico de hacer literatura y mitigará la fatiga con una copa de cheverny, un blanco del valle del Loira: “Mientras trabajo en una novela, una tarea que me lleva años, jamás escribo párrafos o frases sueltas. Escribo todo junto, de una vez. Me instalo donde transcurre el libro, en un lugar totalmente cerrado, durante dos o tres meses, día y noche, solo. Me encierro con queso, vino blanco y cigarros. No se puede escribir si no se hace de esa escritura la propia vida. Mi vida es una vida de papel.”
–Es también una maravillosa excusa para que esa vida de papel se vuelva además itinerante.
–Sí. La mía es una vida nómade pero sedentaria en diversos lugares. Es totalmente necesario ir físicamente a las geografías donde transcurren las novelas. Tengo que ir, ver y conocer los sitios que luego aparecerán en mis libros. Es un poco el trabajo de un reportero. Pero no únicamente eso. Un reportero no tiene la obligación de leer toda la biblioteca de un personaje que aparece en un artículo suyo. Yo sí. La biblioteca y la geografía son fundamentales para mí y para mis libros.
Cuando consideró que ya había investigado lo suficiente y que era tiempo de escribir su última novela traducida al español, Peste y cólera , Deville se instaló en Vietnam, la antigua Indochina francesa: en Dalat, en Nha Trang y en Ho Chi Minh (Saigón). Allí, Deville se concentró en la vida de Alexandre Yersin, un bacteriólogo suizo tan fascinante como desconocido que descubrió hace 120 años el bacilo de la peste. Fue discípulo de Pasteur, investigó sobre la tuberculosis y la difteria y terminó embarcándose como médico rumbo a Asia. Alexandre Yersin murió en la Indochina francesa en 1943. “Lo que más me interesa de Yersin es una manera de entrar en este siglo y medio, de 1860 hasta hoy, de un modo científico. La vida de Yersin, que vivió 80 años, es un buen hilo conductor”, dice Deville, quien obtuvo con Peste y cólera los premios Femina y Prix des Prix 2012.
–¿Quiso hacer justicia con una figura como la de Yersin, valioso para la ciencia y casi ignorado?
–En Francia, en Suiza nadie lo conoce pero en Vietnam Alexandre Yersin es un héroe. Pero quiero subrayar que lo que se cuenta en esta novela sin ficción es mi elección dentro de la vida de Yersin; no es una biografía. Es también una pintura de una época hasta hoy. Es una lectura de un siglo y medio de vidas reales pero no es un trabajo científico. Por ejemplo, Yersin tenía una hermana y también un hermano, que no aparece en la novela. La hermana es importante para mi libro porque luego de la muerte de su madre, las cartas que Yersin se escribe con su hermana me daban acceso a mucho de su vida privada mientras que con el hermano no había ningún contacto. En una biografía habría que mencionar eso. Para mí, no.
Peste y cólera es la primera novela sin ficción de la segunda trilogía que Deville se propuso escribir: “En total serán doce novelas. Ya tengo los títulos de todas”, dice el autor francés que nació frente al puerto de Saint-Nazaire en 1957. Esta vuelta al mundo en cuatro trilogías ha llevado a Deville a recorrer América –sobre todo, Central–, Africa, Asia. La primera trilogía se inicia con Pura vida (2004) donde Deville narra cómo, a mediados del siglo XIX, el estadounidense William Walker llega a convertirse en fugaz presidente de Nicaragua. Le sigue Equatoria (2009), un viaje por Africa central que convoca a aventureros, científicos, tiranos y literatos como el escocés David Livingstone, Joseph Conrad, Luis Ferdinand Céline, el tirano Laurent Désiré Kabila y hasta al Che Guevara camuflado de Ramón Benítez. La primera trilogía se cierra con Kampuchéa (2011) y el descubrimiento por azar de los templos de Angkor, la ciudad perdida del antiguo reino de Camboya.
“Son trabajos muy largos que me implican mucho tiempo dentro del libro –dice Deville–. Viajé a Asia a principios de 2009 para ir a Phnom Penh, en Camboya, para asistir al Tribunal Internacional que juzgaba a los jemeres rojos (el régimen de Pol Pot que entre 1975 y 1979 mató a más de un millón y medio de personas). Estuve cuatro años en Tailandia, en Camboya, en Laos y en Vietnam para escribir Kampuchéa. Allí aparece fugazmente Yersin en contacto con otro explorador, Auguste Pavin. Yersin fue explorador dos o tres años hasta el descubrimiento del bacilo de la peste en 1894. Después de cuatro años en la zona, como se dice en la marina, regresé a París para leer los archivos de Yersin que están en el Instituto Pasteur. Y en la novela mexicana que acaba de salir en Francia y que vuelve sobre ese siglo y medio que me apasiona pero en México – Viva – hay también algo sobre él. Son personajes que vuelven. Están detrás de escena y cada tanto vuelven a salir a la luz.
–¿Cómo es escribir varias novelas en paralelo?
–No escribo en paralelo. Construyo novelas en paralelo. Armo fichas, tomo notas de lecturas, hago entrevistas. De vez en cuando necesito una acreditación de prensa para hacer entrevistas. Hago eso durante años y luego viene un trabajo de construcción que es el más importante. Y al fin, pero de manera muy breve, escribo. Sin ficción. Son novelas sin ficción, de la primera a la última frase.
–Insiste mucho en subrayar que son novelas sin ficción. ¿Por qué?
–La novela es el género de los géneros. No hay una definición positiva de novela. Siempre se la define por sentido negativo, según lo que no es: no es un relato, no es biografía, no es poesía, entonces la única palabra para llamar a eso es novela. Después de haber escrito cinco novelas de ficción y de literatura experimental en la editorial Minuit, que es la pequeña editorial del Nouveau Roman, me sentí demasiado encarcelado. Con este proyecto puedo utilizar todos los géneros literarios. En estas novelas sin ficción hay biografía, autobiografía, relato, entrevistas, ensayos. Es un placer enorme.
–Sus novelas traen a primer plano personajes y eventos históricos. ¿Cuán erudito debe ser el lector para no perderse nada de sus libros?
–Es siempre una pregunta. No en el momento de escribir pero sí antes. Después de años de trabajar en un libro, cuando me siento a escribir tengo tantas ganas que no me pregunto nada. Pero antes sí, al construir la novela e imaginar un lector ideal. Pero no se puede escribir únicamente para un lector ideal.
–¿Cuánto de inspiración hay en la construcción de una novela donde personajes y acontecimientos son reales?
–Para escribir libros hay primero un trabajo racional pero luego, como es literatura, algo irracional. Y cuando la novela empieza a existir es ella la que gana.
Patrick Deville dice que, desde hace quince años, escribe libros que en realidad son capítulos de un gran libro. Un gran libro que él sólo puede escribir en soledad: “De hecho, no se puede hacer nada sin soledad”.

martes, 13 de enero de 2015

Michel Houellebecq

La coincidencia de la obra de Michel Houellebecq y la masacre parisina envenena a Europa y pone a un escritor en medio de la tensión multicultural.

por Damian Tabarovsky
Como un movimiento dialéctico, se abren dos ejes en la vida europea actual, y más aún, en la vida contemporánea de buena parte del hemisferio norte. Salman Rushdie, de un lado, refiriéndose al atentado contra la revista francesa Charlie Hebdo, declaró: “El totalitarismo religioso causó una mutación letal en el corazón del islam y hoy vemos las trágicas consecuencias en París”. De la revolución iraní de 1979 al atentado contra las Torres Gemelas en 2001, nuevos y más extremos integrismos en nombre del islam atraviesan la escena internacional, y ponen en riesgo los mejores valores occidentales. Del otro, en Europa se observa un marcado proceso de fractura social que se expresa, entre muchas situaciones, en un crecimiento de las extremas derechas xenófobas, y en un coqueteo con esas mismas ideas incluso en partidos de centro. El sentimiento anti-árabe y anti-musulmán -asociando todo lo musulmán con integrismo- es muy notorio. Frases y dichos racistas, marchas y protestas, que en otro momento hubieran llamado a la reflexión y al pudor, hoy son proferidas en voz alta o escritas en medios denominados “serios” sin ser ya consideradas racistas. La xenofobia es hoy parte de la vida “normal” europea.
En ese escenario, Francia es uno de los últimos países que todavía vive en la modernidad, y por lo tanto el libro como institución y la literatura como práctica mantienen aún cierto prestigio. De hecho, muchos presidentes o políticos notables se sienten en la obligación de escribir un libro importante. François Hollande, autor de libros sin interés con títulos como El sueño francés , no tiene ni el vuelo político ni la ambición intelectual de su maestro François Mitterrand pero, presidente de Francia al fin, debe opinar sobre literatura. Acerca de Soumission (Sumisión) de Michel Houellebecq, publicado en Francia el día del atentado, dijo: “Voy a leer el libro de Houellebecq porque generó un debate”. Y a la vez, llamó a los franceses a “no ceder a la angustia”. ¿A qué angustia?
La que recorre Francia, en un crescendo imparable, desde hace al menos casi tres décadas en torno a la cuestión de la propia identidad francesa. Una pregunta que parecía resuelta desde el origen de los tiempos -la pregunta sobre qué es un francés- reaparece de golpe hoy bajo el modo del racismo, el miedo, la xenofobia, la crisis de la cultura letrada, la desocupación, la fractura social, el crecimiento casi presidencial del Frente Nacional de Marine Le Pen, la desaparición de una izquierda realmente progresista, la deriva populista de la derecha llamada republicana, la falta de esperanzas, el fracaso de una Europa social, el rechazo a los inmigrantes, la expulsión arbitraria de los roms, la debacle de los suburbios, los bombardeos preventivos y no tanto en Medio Oriente y el temor al islam. La pena o el miedo alcanzaron a nuestro autor. Un día después del atentado suspendió la promoción de su novela y partió de París, “afectado por la muerte de su amigo Bernard Maris en la masacre”, según informó su agente literario, François Samuelson.
Houellebecq desenvuelve ese espeso imaginario desde hace años. En 2001, poco antes de los ataques a las Torres Gemelas, publicó Plataforma , en la cual los protagonistas abren un local de turismo sexual en Tailandia antes de ser asesinados en una masacre por hombres de turbante. En una entrevista sobre ese libro, el autor describió el islam como “la religión más estúpida”, por lo cual debió enfrentar querellas por incitación a la violencia, luego desestimadas, por parte de grupos musulmanes franceses. El caso motivó que el entonces presidente Jacques Chirac subrayara que “a veces deberíamos darles un chirlo en la cola a estos intelectuales”. Pero el viernes pasado, ante la revista The Paris Review y en plena promoción de su obra, se dijo cercano a la religiosidad, debido a la muerte de su padre y su perro, y respaldó la creación de un partido musulmán.
Sumisión puede leerse como la novela de todos esos miedos.
Narra la toma del poder en Francia por un partido islámico. Ambientada en 2022, enlaza los avatares de François, profesor en la Sorbona, soltero, alcohólico, en busca de mujeres sumisas, que se convierte al islam. Los partidos republicanos (el PS y la derecha tradicional) se alían para evitar el triunfo del Frente Nacional, de extrema derecha, y con eso permiten la victoria de la Fraternidad Musulmana. De inmediato el nuevo gobierno coloca la religión -el islam- en el centro de la vida francesa, y consagra a las mujeres a la vida familiar, antes que a la laboral.
La trama disparó un escándalo en las últimas semanas, incluso antes de que saliera el libro. Filtraciones en Internet -nunca sabremos si son actos piratas u operaciones de las grandes editoriales- generaron que antes de que llegara a las librerías, ya fuera tema obligado en los medios y entre opinólogos de todo pelaje. La discusión se centró en dos puntos, que van juntos: saber si el libro le hace el juego a la extrema derecha, que por primera vez tiene chances de gobernar Francia, o en su defecto, de ser el partido político alrededor del que gire la política gala (obligando a todos los partidos a aliarse en contra suya), y a la vez, saber de qué manera la novela instiga la islamofobia en la Francia actual.
Libération, el diario de centro-izquierda –desde hace años en crisis económica e ideológica– le dedicó la tapa y un dossier de siete páginas. Philippe Lançon, uno de los últimos críticos interesantes que aún quedan en Francia, escribió un largo artículo que, aunque matizado, valora positivamente el libro: “Es una novela más bien cómica, como siempre en Houellebecq, pero más de lo habitual(…) abierta a todos los vientos de la angustia francesa contemporánea”. Lançon remarca el párrafo que Houellebecq le dedica a Hollande: “A la salida de dos quinquenios calamitosos, debiendo su reelección sólo a la miserable estrategia consistente en favorecer el ascenso del Frente Nacional, el presidente saliente había prácticamente renunciado a expresarse públicamente, y la mayor parte de los medios se habían incluso olvidado de su existencia. Cuando en la escalinata del Palacio del Elíseo, frente a una decena de periodistas presentes, se presentó como ‘la última muralla del orden republicano’, hubo algunas risas, breves, pero muy evidentes”. Debemos recordar que en 1981, año del triunfo electoral de Mitterrand, es decir, del Partido Socialista, el Frente Nacional no llegaba al 3% y Jean-Marie Le Pen, padre de su líder actual, era un personaje desconocido y bizarro. El socialismo, usando toda la maquinaria de los medios oficiales (¡ay!, en todos lados se cuecen habas), casi como un divertimento, infló a Le Pen para hacerle daño a la derecha republicana. La bola de nieve no se detuvo. Hoy, no en 2022 sino en 2015, a dos años de las próximas elecciones, Hollande intenta hacer el mismo truco para su reelección y liderar el “Todos contra Marine Le Pen”. Es tarde, la historia se repite como catástrofe.
Volviendo al dossier del diario Libération, Daniel Schneidermann –quien desde Le Monde en los 90 llevó adelante una extraordinaria columna diaria de crítica a los grandes medios– se pregunta qué pasaría si la novela no hubiera sido escrita por Houellebecq, como modo de dar en la tecla del género con que flirtea Sumisión , al que se podría llamar “¿Qué pasaría si…?” ¿Qué pasaría si en Francia ganara un partido islámico? Como varias de las novelas de Houellebecq, Sumisión puede leerse como un texto de ciencia ficción sociológico. Casi como un procedimiento experimental. Todo ocurre como si la novela se preguntara: si le pongo un poco de racismo y miedo, que se monte sobre el existente racismo y miedo al islam, ¿qué da? Y si pongo un personaje racistón y misógino que se convierte al islam, ¿qué da? Y si le hago el juego al Frente Nacional, ¿qué da? Los resultados de estos experimentos no son muy sutiles, son más bien elementales. La literatura de Houellebecq no es especialmente sofisticada, no produce nunca novedad. Pero sí efecto. A golpes de efectos, pues, se instala una obra que amerita ser pensada no por su interés literario, sino por sus consecuencias sociológicas.
En su nota de Libération, Philippe Lançon define a Houellebecq como “un dandi de gran porte”. Es una descripción arriesgada, pero podríamos matizarla deteniéndonos en un aspecto crucial de Sumisión : que su protagonista sea un profesor de la Sorbona especialista en J-K Huysmans. Autor de A rebours (traducida en castellano, según la edición, como A contrapelo, o Contra natura, o Al revés) verdadera obra maestra de fines del siglo XIX, Huysmans es uno de los más agudos escritores franceses asociados al decadentismo.
A rebours narra la historia de una especie de anti-héroe, excéntrico, antisocial y que odia a la burguesía y el utilitarismo. Varios de los rasgos que identifican al propio Houellebecq. Porque si tuviéramos que ir un paso más allá en su caracterización política, podríamos incluirlo en la larga tradición del anarquismo de derecha, sólo que algo degradada en clave posmoderna y mediática, aunque no ajena a un nuevo ideal decadentista. El enemigo de Houellebecq es el progresismo heredero del Mayo del 68.
Su generación –como la de los 70 entre nosotros– detenta hoy el poder político, mediático y cultural en Francia, y hace de su conservadurismo, de la resignación y el posibilismo, su pan cotidiano. Nada de lo que fue el Mayo del 68 perdura en Francia. Por eso, más allá de los logros narrativos que muchos aprecian –su debut con Ampliación del campo de batalla en 1994 y el éxito de Las partículas elementales cuatro años después entre otros–, que le valieron el premio Goncourt en 2010, el gesto actual de Houellebecq tiene algo de hueco, de fácil y cómodo. El pelea con un enemigo muerto, con las “momias progresistas mortuorias”, como escribe en Sumisión .
Entrevistado en el noticiero central de las 20 del canal France 2, ante la pregunta por si su libro puede producir efectos socio-políticos, y en especial favorecer al Frente Nacional, Houellebecq respondió: “Es sólo una novela. Una novela no puede cambiar el mundo, como sí lo hizo el Manifiesto Comunista . En todo caso, es un síntoma de lo que ocurre hoy”.
Sumisión como síntoma de la tensión social y el declive francés, Houellebecq como síntoma de un modo de funcionamiento del mercado literario.
El segundo aspecto sobre el que se centró la discusión es la posibilidad de que la novela agrave aún más el clima de temor al islam, y más acotadamente, al mundo árabe (el islam es mucho más extenso que el mundo árabe). El término islamofobia aparece también mencionado en los artículos de Libération y de otros medios que se ocuparon del libro. Es una categoría muy en boga en cierta tradición de la ciencia política europea, sobre la que también se puede tener una mirada con reservas: equiparar toda crítica a los usos políticos-militares del islam con una “fobia”, es decir, con un rasgo “patológico”, atempera el alcance interpretativo de la categoría, porque licúa la dimensión política y cultural del conflicto. Porque hay conflicto.
Hay conflicto irresuelto –y en ascenso– en una Francia “republicana” que no logra pensar la idea de diferencia. Hay conflicto en los suburbios, en las escuelas públicas, en la vida cotidiana. Hay conflicto con los inmigrantes, pero también con los franceses de origen árabe o de creencia musulmana, muchos de ellos de segunda o incluso tercera generación nacida en Francia. En un pasaje de Heidegger y ‘los judíos’ , notable libro sobre el que habría que volver asiduamente, Jean François Lyotard escribe: “lo más real de los judíos es que Europa no sabe qué hacer con ellos: cristiana, exige su conversión; monárquica, los expulsa; republicana, los integra; nazi, los extermina”. De nuevo, Francia –y Europa en general– tampoco parece saber qué hacer con sus minorías no cristianas, ahora en clave árabe o musulmana. Y si agregamos “Europa” a “Francia”, es porque el sentimiento anti-árabe y anti-musulmán recorre todo el viejo continente. Recorre las relaciones internacionales que impiden que Turquía ingrese a la Unión Europea, dejando caer al presidente turco Erdogan en un creciente dogmatismo religioso, en lugar de integrarlo y acompañarlo en una política moderada; recorre la política militar europea aliada con el peor Bush y carente de una mirada propia sobre el tema, recorre la crisis económica europea que sólo avanza de ajuste en ajuste, en especial contra los países más pobres de la UE.
Maestro del resentimiento, Houellebecq surfea sobre toda esa descomposición social. Tarde o temprano, la tabla de surf le pasará por encima. Mientras tanto, en un pasaje deSumisión , escribe: “La idea que se expandió entre los círculos de extrema derecha es que cuando los musulmanes lleguen al poder, los cristianos serán disminuidos al estatus dedhimmis , de ciudadanos de segunda (…) ¿Y los judíos? Se me escapó ese tema, no me di cuenta de preguntar”. Y en otro párrafo, agrega: “En lo que respecta a la restauración de la familia, de la moral tradicional, e implícitamente del patriarcado, un boulevard se abría ante él, que la derecha no podía tomar, ni menos aún el Frente Nacional, a riesgo de ser tratados de reaccionarios, incluso de fascistas, por los últimos herederos del 68, momias progresistas, sociológicamente extintos, pero refugiados en ciudadelas mediáticas desde donde lanzan comentarios sobre la desdicha de nuestro tiempo, y el ambiente nauseabundo que recorre el país”.
Cuando el miércoles la promoción estaba a punto de caramelo para el lanzamiento del libro, ocurrió el atentado contra la revista Charlie Hebdo, a cargo de un comando de tres al grito de “Alá es grande”.
Charlie Hebdo encarna parte de la mejor tradición francesa y por lo tanto occidental: inteligencia e ironía, humanismo crítico, espíritu anticonformista, valores anarquistas. No fue un atentado contra el periodismo, como se escuchó decir: Charlie Hebdo ha sido radicalmente crítico con lo que se entiende hoy por periodismo, los conglomerados económicos y grupos de presión política. Fue un atentado contra la tradición contracultural europea, contra el sentimiento de emancipación que viene detrás de esa tradición. No fue un atentado contra el poder sino contra la libertad. El propio Salman Rushdie, actor central en la historia contemporánea de la violencia integrista, pidió “defender el arte de la sátira”. Es una hermosa definición: la sátira, la ironía, forma parte de la mejor tradición occidental, la que encarna el pensamiento crítico.
A fines de 1989, apareció una pintada en la Rue de Passy, en París. Decía: “En el 2000 Francia será musulmana”. Al día siguiente, la pintada fue tachada. El atentado a Charlie Hebdo marca el triunfo de los extremistas integristas de un lado, que seguramente beneficiarán a los extremistas integristas del otro. Se avecinan tiempos aún más oscuros sobre Europa, mucho más de lo que cualquier promoción de marketing literario puede imaginar.
D. Tabarovsky se graduó en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, de París. Es autor de ensayos y novelas, entre ellas Una belleza vulgar ; es editor de Mardulce.

sábado, 3 de enero de 2015

KURT VONNEGUT, acerca de la reedición de su libro CUNA DE GATO

Kurt Vonnegut: Apocalipsis now 

 Galería de Fotos - DATA_ART_792242.jpgKURT VONNEGUT

Eterno escritor de culto, cómico, irreverente y genial, Kurt Vonnegut es una de las figuras insoslayables de la literatura del siglo XX. “Cuna de gato”, una de sus novelas más celebradas, acaba de ser reeditada por La Bestia Equilátera


La novela “Cuna de gato”, long-seller de culto del estadounidense Kurt Vonnegut (1922-2007), cuenta con una nueva traducción al español ilustrada por Liniers, que devuelve a los lectores locales un autor ineludible del último siglo por su imaginación delirante, humor corrosivo y descarnada mirada del mundo contemporáneo.

Crítico feroz de la sociedad de su tiempo -la del Holocausto y la Guerra Fría-, los temas de su textos fueron la guerra, la destrucción ambiental y la deshumanización, con personajes que se cruzan de una novela a otra y tramas marcadas por su experiencia como soldado, el suicidio de su madre y la muerte de su hermana siendo joven.
El fin del mundo, un escritor y la bomba atómica; un cruento genio de la ciencia, un país bananero, un enano peludo tratado como un niño y un diplomático despedido por pesimista -él y su esposa creen que los estadounidenses no son amados en todo el planeta- dan sustento a esta sátira de humor negro que reflexiona sobre el sentido y valor de la vida.

La renovada edición de La Bestia Equilátera se instaló en las librerías argentinas en vísperas del medio siglo de su primera y austera publicación: los 500 ejemplares vendidos en 1963 en Estados Unidos se multiplicaron sin pausa, traducidos en todo el globo, hasta llegar a esta ajustada versión de Carlos Gardini.
La novela comienza el día que John -un periodista que prefiere llamarse Jonás, como el profeta que desobedece a Dios-, decide escribir un libro que titulará “El día del fin del mundo” donde contará qué hacían algunos estadounidenses ilustres el día que estalló la bomba en Hiroshima. Esto ocurre exactamente después de 250.000 cigarrillos, dos matrimonios caducos y la muerte de su gato a manos de un nihilista.
Cuento de ciencia ficción y ácida declaración pacifista, en este libro se cuelan el mortífero hielo 9, una molécula mutante capaz de congelar cualquier sustancia líquida en pocos segundos, junto a una profunda reflexión sobre las responsabilidades morales del accionar humano y la estupidez de esas acciones.
“La mayor traición concebible consiste en decir que los americanos no son amados dondequiera que vayan”, escribe en un pasaje Vonnegut, en voz del embajador Horlick Minton mientras intenta explicar el por qué de su castigo, al ser enviado a “un trozo de tierra tan improductiva como el desierto del Sahara”.

La cuarta novela de Vonnegut -escribió 11- es además base del “bokononismo”, religión inventada por su autor (el negro Bokonon en el papel), basándose en “la desgarradora necesidad de mentir sobre la realidad, y la desgarradora imposibilidad de mentir sobre ella”, además de ser “la única que hace algún comentario sobre los enanos”.
Cuarta generación de inmigrantes alemanes, trabajó en el primer diario publicado por una secundaria en su país, oficio que le valió sus salarios como adulto. De joven estudió algunos años bioquímica y física, dos disciplinas que se colaron en su obra; y peleó en la Segunda Guerra Mundial, lo que junto a dos tragedias familiares le sumó el cinismo e intensa humanidad con que retrató la idiosincrasia de su época.
El 14 de mayo de 1944, Día de la madre en Estados Unidos, peleaba con los Aliados en Europa mientras su madre Edith Lieber Vonnegut se quitaba la vida: “Ahora destruiré el mundo, es lo que dicen los bokononistas cuando se suicidan”, asegura en “Cuna de gato”.

Meses después, con 22 años recién cumplidos, fue capturado por alemanes que lo convirtieron en uno de los siete estadounidenses que sobrevivieron a la matanza de civiles en Dresde -refugiado en un sótano que empaquetaba carne llamado “Matadero Cinco”-; y lo obligaron a apilar los cadáveres que más tarde los nazis incineraron con lanzallamas.
Un diálogo que el protagonista de “Cuna de gato” tiene con el hijo de “el hombre totalmente altruista que decidió fundar un hospital gratuito en la selva y dedicar su vida a la gente desdichada de otra raza” parece recrear ese momento: “Hacía bailar el haz de la linterna sobre los muertos amontonados. Me apoyó la mano en la cabeza, y ¿sabe lo que me dijo ese hombre maravilloso?/ Hijo, un día todo esto será tuyo”.
“Matadero cinco” fue el nombre elegido para la novela que resultó una de las más importantes de la literatura estadounidense; antes había escrito “La pianola” y “Las sirenas de Titán”; y en el 60 escribió entre otras “La cruzada de los inocentes” y “El desayuno de los campeones” para terminar con “Timequake” en 1977, cuando anunció su retirada del campo de la ficción.

Murió hace cinco años, meses antes de cumplir 85, a causa de un accidente doméstico en su departamento de Manhattan.