jueves, 22 de enero de 2015

PATRICK DEVILLE

 por Marina Artusa
A las cuatro de la tarde, en el Café des Amis que está justo debajo de su departamento, sobre la Rue du Cherche-Midi de París, Patrick Deville dice que, desde hace quince años, sólo escribe novelas sin ficción. Y que para sentarse a escribir esas novelas sin ficción es imprescindible conocer la geografía donde transcurren las historias. Lleva más de una hora hablando de su modo enciclopédico de hacer literatura y mitigará la fatiga con una copa de cheverny, un blanco del valle del Loira: “Mientras trabajo en una novela, una tarea que me lleva años, jamás escribo párrafos o frases sueltas. Escribo todo junto, de una vez. Me instalo donde transcurre el libro, en un lugar totalmente cerrado, durante dos o tres meses, día y noche, solo. Me encierro con queso, vino blanco y cigarros. No se puede escribir si no se hace de esa escritura la propia vida. Mi vida es una vida de papel.”
–Es también una maravillosa excusa para que esa vida de papel se vuelva además itinerante.
–Sí. La mía es una vida nómade pero sedentaria en diversos lugares. Es totalmente necesario ir físicamente a las geografías donde transcurren las novelas. Tengo que ir, ver y conocer los sitios que luego aparecerán en mis libros. Es un poco el trabajo de un reportero. Pero no únicamente eso. Un reportero no tiene la obligación de leer toda la biblioteca de un personaje que aparece en un artículo suyo. Yo sí. La biblioteca y la geografía son fundamentales para mí y para mis libros.
Cuando consideró que ya había investigado lo suficiente y que era tiempo de escribir su última novela traducida al español, Peste y cólera , Deville se instaló en Vietnam, la antigua Indochina francesa: en Dalat, en Nha Trang y en Ho Chi Minh (Saigón). Allí, Deville se concentró en la vida de Alexandre Yersin, un bacteriólogo suizo tan fascinante como desconocido que descubrió hace 120 años el bacilo de la peste. Fue discípulo de Pasteur, investigó sobre la tuberculosis y la difteria y terminó embarcándose como médico rumbo a Asia. Alexandre Yersin murió en la Indochina francesa en 1943. “Lo que más me interesa de Yersin es una manera de entrar en este siglo y medio, de 1860 hasta hoy, de un modo científico. La vida de Yersin, que vivió 80 años, es un buen hilo conductor”, dice Deville, quien obtuvo con Peste y cólera los premios Femina y Prix des Prix 2012.
–¿Quiso hacer justicia con una figura como la de Yersin, valioso para la ciencia y casi ignorado?
–En Francia, en Suiza nadie lo conoce pero en Vietnam Alexandre Yersin es un héroe. Pero quiero subrayar que lo que se cuenta en esta novela sin ficción es mi elección dentro de la vida de Yersin; no es una biografía. Es también una pintura de una época hasta hoy. Es una lectura de un siglo y medio de vidas reales pero no es un trabajo científico. Por ejemplo, Yersin tenía una hermana y también un hermano, que no aparece en la novela. La hermana es importante para mi libro porque luego de la muerte de su madre, las cartas que Yersin se escribe con su hermana me daban acceso a mucho de su vida privada mientras que con el hermano no había ningún contacto. En una biografía habría que mencionar eso. Para mí, no.
Peste y cólera es la primera novela sin ficción de la segunda trilogía que Deville se propuso escribir: “En total serán doce novelas. Ya tengo los títulos de todas”, dice el autor francés que nació frente al puerto de Saint-Nazaire en 1957. Esta vuelta al mundo en cuatro trilogías ha llevado a Deville a recorrer América –sobre todo, Central–, Africa, Asia. La primera trilogía se inicia con Pura vida (2004) donde Deville narra cómo, a mediados del siglo XIX, el estadounidense William Walker llega a convertirse en fugaz presidente de Nicaragua. Le sigue Equatoria (2009), un viaje por Africa central que convoca a aventureros, científicos, tiranos y literatos como el escocés David Livingstone, Joseph Conrad, Luis Ferdinand Céline, el tirano Laurent Désiré Kabila y hasta al Che Guevara camuflado de Ramón Benítez. La primera trilogía se cierra con Kampuchéa (2011) y el descubrimiento por azar de los templos de Angkor, la ciudad perdida del antiguo reino de Camboya.
“Son trabajos muy largos que me implican mucho tiempo dentro del libro –dice Deville–. Viajé a Asia a principios de 2009 para ir a Phnom Penh, en Camboya, para asistir al Tribunal Internacional que juzgaba a los jemeres rojos (el régimen de Pol Pot que entre 1975 y 1979 mató a más de un millón y medio de personas). Estuve cuatro años en Tailandia, en Camboya, en Laos y en Vietnam para escribir Kampuchéa. Allí aparece fugazmente Yersin en contacto con otro explorador, Auguste Pavin. Yersin fue explorador dos o tres años hasta el descubrimiento del bacilo de la peste en 1894. Después de cuatro años en la zona, como se dice en la marina, regresé a París para leer los archivos de Yersin que están en el Instituto Pasteur. Y en la novela mexicana que acaba de salir en Francia y que vuelve sobre ese siglo y medio que me apasiona pero en México – Viva – hay también algo sobre él. Son personajes que vuelven. Están detrás de escena y cada tanto vuelven a salir a la luz.
–¿Cómo es escribir varias novelas en paralelo?
–No escribo en paralelo. Construyo novelas en paralelo. Armo fichas, tomo notas de lecturas, hago entrevistas. De vez en cuando necesito una acreditación de prensa para hacer entrevistas. Hago eso durante años y luego viene un trabajo de construcción que es el más importante. Y al fin, pero de manera muy breve, escribo. Sin ficción. Son novelas sin ficción, de la primera a la última frase.
–Insiste mucho en subrayar que son novelas sin ficción. ¿Por qué?
–La novela es el género de los géneros. No hay una definición positiva de novela. Siempre se la define por sentido negativo, según lo que no es: no es un relato, no es biografía, no es poesía, entonces la única palabra para llamar a eso es novela. Después de haber escrito cinco novelas de ficción y de literatura experimental en la editorial Minuit, que es la pequeña editorial del Nouveau Roman, me sentí demasiado encarcelado. Con este proyecto puedo utilizar todos los géneros literarios. En estas novelas sin ficción hay biografía, autobiografía, relato, entrevistas, ensayos. Es un placer enorme.
–Sus novelas traen a primer plano personajes y eventos históricos. ¿Cuán erudito debe ser el lector para no perderse nada de sus libros?
–Es siempre una pregunta. No en el momento de escribir pero sí antes. Después de años de trabajar en un libro, cuando me siento a escribir tengo tantas ganas que no me pregunto nada. Pero antes sí, al construir la novela e imaginar un lector ideal. Pero no se puede escribir únicamente para un lector ideal.
–¿Cuánto de inspiración hay en la construcción de una novela donde personajes y acontecimientos son reales?
–Para escribir libros hay primero un trabajo racional pero luego, como es literatura, algo irracional. Y cuando la novela empieza a existir es ella la que gana.
Patrick Deville dice que, desde hace quince años, escribe libros que en realidad son capítulos de un gran libro. Un gran libro que él sólo puede escribir en soledad: “De hecho, no se puede hacer nada sin soledad”.

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