sábado, 12 de marzo de 2011

El segundo en partir


Por Osvaldo Bayer


Querido David: de nuestro “grupo de los cinco” sos el segundo en partir. El primero fue el Gordo Soriano, el más joven de todos nosotros. Ahora nos abandonás vos. Eras del ’27, igual que Walsh, igual que yo. Pero nos decías que eras del ’29, ¿te acordás? Y cuando te lo reproché y te dije: “No te hagas el coqueto”, me respondiste: “¿Y qué querés? Si en la solapa del último libro que editaron me pusieron que nací en el ’29... No los voy a desmentir ahora”. Una de tus tantas salidas simpáticas. Recuerdo nuestras reuniones en El Tugurio, los jueves. Siempre el Gordo Soriano llegaba más tarde. Lo hacía a propósito para tirar sobre la mesa el tema que se iba a discutir. Y siempre elegía un tema para que se agarraran vos y Rozitchner. Y acababan siempre ustedes a los gritos, parados. Era cuando Soriano sonreía, pícaro, viendo que los había hecho engranar. ¿Te acordás? Fue en la última mitad de los ochenta y en la primera del noventa. Empezábamos siempre bebiendo champán, como señoritos franceses. ¡Y que se jodan los socialistas! Como decía el Paco Urondo cuando iba a cenar a un restaurante de primera.
Te conocí a mediados de los cincuenta cuando volví de estudiar en Alemania. Por supuesto que nos presentó Rogelio García Lupo. ¡Qué tiempos aquéllos! Y nos empezamos a reunir para hablar del peronismo, discutirlo y observar todo ese movimiento creado por los Aramburu, los Manrique y compañía. Y así, Frondizi y la gran desilusión, las traiciones, las divisiones, pero siempre el ansia de lograr una Argentina mejor. Pero otra vez las dictaduras, las prohibiciones, las persecuciones. Y luego el injusto y largo exilio. Me acuerdo cuando me visitaste en Berlín, en mi bulín del barrio reo de Kreuzberg, cuántas anécdotas, cuántas vivencias... tu dolor infinito con la desaparición de tus hijos. Pero quedan tus libros. Esos estarán siempre presentes en la vida literaria argentina. No los podrán hacer desaparecer nunca. Bien, David, ya continuaremos el diálogo. Allá arriba, en los Campos Elíseos, y con el Gordo también. Y con champán, como en El Tugurio.

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