viernes, 8 de agosto de 2014

NICANOR PARRA: TEMPORAL

Los desastres naturales del 87

Crítica. “Temporal”, perdido durante 25 años y Recién editado, hoy es leído como un acontecimiento.
por Alvaro Bisama

Sincronía: en el mismo momento en que se descubre una veintena de poemas inéditos de Pablo Neruda, se publica un poemario perdido de Nicanor Parra. Sabemos qué pasó en ambos casos. Sabemos que en las cajas con los manuscritos del autor de Crepusculario , Darío Oses se encontró con textos que no pertenecían a ningún libro y que estaban rigurosamente inéditos. Sabemos que fue un hallazgo el hecho de que en una conversación grabada con René Costa, Adán Méndez descubrió que ahí Parra leía completo un libro que se presumía perdido: Temporal , un libro sobre las catástrofes naturales de 1987 y cómo los chilenos lidiaban con ellas. Sabemos también que, en cualquier caso, ambos descubrimientos eran sorprendentemente venturosos, dadas las efemérides (los 110 años del nacimiento de Neruda y los cien años de Parra). Por supuesto, también sabemos que una distancia gigantesca media entre ambos hallazgos: mientras que una colección de poemas inéditos de Neruda parece una excentricidad, un tomo completo de Parra puede ser leído como un acontecimiento.
Temporal es una obra feroz, un ejercicio de literatura política construida como una especie de síntesis de lo que sucedió en el invierno de aquel año, de tal modo que aquella poesía puede funcionar como una crónica de época. Anota Parra: “Los comunistas tienen la palabra/ los extremistas tienen la palabra/ Sursum corda/ los degollados tienen la palabra”.
De este modo, lo que está en el poemario es la voz de Parra, su deseo de fundirse con un registro más amplio, de desaparecer en una corriente mayor, que es la del colectivo. Antes, el poeta se había apropiado de registros como el del Cristo de Elqui, que era un disfraz hecho de puro caos y sabotaje, una piel hecha de otras pieles. La parodia descansaba en el silencio, en la condición ominosa de una voz lanzada hacia delante, perdida en el territorio. Ahora mismo, en Temporal , cualquier trampa ha desaparecido. En Temporal , la voz de Parra aparece desnuda: cuando todos los disfraces han caído, la lengua se presenta como una catástrofe natural. “No debería desbordarse el Mapocho/ Tajamares a diestra y siniestra/ Muros de contención y terraplenes/ Excavaciones de profundidad/ Es un error culpar a las autoridades/ Hemos hecho todo lo que se puede hacer/ En un país misérrimo como éste”. El gesto es lo que el autor llama el registro del “lenguaje de la tribu”: vaivenes exactos de un mundo colapsado devueltos como una literatura hecha de rabia y escombros.
Habría que preguntarse qué significa Temporal ahora mismo: la vuelta a los ochenta no es un acto de moda vintage sino la percepción de una violencia que se despliega sobre el territorio, que cambia el paisaje. Los ochenta, esa década que por alguna razón se ha vuelto un mito fundacional de nuestro presente, aparece acá despojada de cualquier nostalgia, devuelta con una claridad que resulta insoportable. Esa nitidez siempre le ha interesado a Parra, aunque yazga en ella el riesgo de una violencia sin remisión, apenas atenuada por un humor, en el fondo, agrio. De hecho, lo más radical de sus Artefactos , por ejemplo, es justamente el hecho de que es la violencia verbal de ese humor la que termina arrasando el sentido de lo que refiere. Por lo mismo, la poesía en Parra es un golpe de genio, pero también una iluminación oscura. En el caso de Temporal , aquello se convierte en pura precisión. Despojado de retórica, el poema se vuelve una naturaleza muerta, una colección de escombros, el racconto de lo que sucede cuando se deambula por un lugar inhabitable.
Así, gracias a la capacidad de registrar las grietas en el lenguaje, en Temporal la costra de cualquier lugar común cede y aparece una poesía en carne viva, la fotografía de un país descrito a medio camino entre la catástrofe y el abatimiento, una clase de paisaje disonante que siempre le ha interesado al autor. De hecho, quizás la añeja exigencia de una novela sobre la dictadura termina de zanjarse con este libro encontrado y con la sugerencia de que fue la poesía chilena la que terminó haciéndose cargo de esa obra imposible, con nombres disímiles como Lira, Lihn, Zurita o Elvira Hernández.
Leer Temporal es confrontar ese espectáculo complejo y devastador, pero también quizás la sugerencia de cómo comprender a Parra en su centenario. Por lo mismo, Temporaladquiere valor en la medida que nos hace preguntarnos de nuevo quién es y qué significa para nosotros. Ahí, toda su literatura puede ser leída como una colección de anotaciones sobre un mapa vivo de Chile, el mapa extraño de un territorio siempre cambiante. Entregándose a la confusión y despreciando toda etnografía, en Temporal se reafirma como testigo perplejo y violento de nuestro siglo; de algo que sólo puede descifrar por medio del arte, acaso una comedia horrorosa y desconcertante.
© Alvaro Bisama, catedrático chileno y escritor. Su última novela es “Ruido”.

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