miércoles, 15 de enero de 2014

GUNTER GRASS



 
Günter Grass ha dado por cerrada su obra narrativa, debido a su avanzada edad, tras marcar durante más de medio siglo la vida cultural en Alemania. Sus libros, además de lograr un reconocimiento universal, que incluyó el Premio Nobel de Literatura, generaron con frecuencia debates que iban más allá de lo estrictamente literario. Desde El tambor de hojalata (1959), por el cual tuvo que comparecer ante los tribunales acusado de pornógrafo, hasta Pelando la cebolla, en la que desató un escándalo al revelar por primera vez que había sido miembro de las SS a los 17 años, Grass generó polémicas y polarizaciones. Sus intervenciones en política, que empezaron con su apoyo al Partido Socialdemócrata (SPD) y a Willy Brandt en su camino hacia la Cancillería, lo pusieron con frecuencia en la mira de ataque de los conservadores que aprovecharon el escándalo desatado por Pelando... para desacreditar las posiciones críticas del escritor.
Tras enterarse de que se le había concedido el Príncipe de Asturias de las Letras (1999), el escritor sostuvo que la buena recepción que había tenido su literatura era porque había logrado producir una novela típica de cada década. Así, según Grass, El rodaballo (1977) –con el planteo del problema del hambre– habría sido una novela típica de los ’70; La ratesa (1986) –con su trasfondo ecológico–, una novela típica de los ’80; y Es cuento largo (1995) –centrada en la reunificación alemana–, una obra típica de los ’90. Después vendrían A paso de cangrejo (2002), novela breve en la que rompió un tabú de la izquierda ocupándose del sufrimiento alemán en la guerra y desatándoles la lengua a muchos que hasta ese momento habían guardado silencio, y Pelando... (2006), con todas las polémicas paralelas.
Pelando... abrió un ciclo autobiográfico completado por La caja, de 2008, y Palabras de Grimm, de 2010. El primero está dedicado a la fotógrafa Maria Rama –muerta en 1977–, presunta propietaria de una cámara mágica que se volvió loca durante la guerra al ser la única superviviente de un taller de fotografía después de un bombardeo y empezó a fotografiar cosas que no existían o habían dejado de existir. Sin duda, el libro es también una historia de familia, pero no es solamente eso sino que además es una reflexión estética. Uno de los hijos que aparecen en el libro subraya que el padre tiende a mezclar las épocas, como lo hace la cámara mágica, y a ver más allá de lo que todos ven, lo que hace que no se sepa nunca lo que es verdad y lo que no lo es.
Esas mezclas entre la realidad y la ficción, y entre la historia y el presente, marcaron toda la obra de Grass, en la que los poetas del Barroco alemán terminaban reflexionando sobre la II Guerra Mundial. La otra constante que siempre lo acompañó fue la mezcla entre géneros. Entre novela y novela, con frecuencia publicó poemarios. Y en algunos de sus libros hay poemas integrados en el texto, siguiendo una tradición que tiene sus raíces en el Romanticismo alemán. Además están sus obras de teatro –hoy poco representadas–, entre las que destaca Los plebeyos ensayan la rebelión, un curioso homenaje a Bertolt Brecht.
Su adiós a la novela –dice que a su edad ya no puede planificar un período de trabajo de cinco o seis años que necesitaría para escribir una–- puede no significar necesariamente su adiós a la literatura. Le queda la poesía, un género que puede seguir cultivando a corto plazo y que, como él mismo ha dicho en muchas ocasiones, nunca engaña.

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