viernes, 12 de octubre de 2012

El último Premio Nobel de Literatura

LITERATURA › EL ESCRITOR MO YAN (NO HABLES) RESULTO PREMIADO CON EL NOBEL

El realismo alucinado del Kafka chino

 

“Creó un mundo que en su complejidad tiene reminiscencias de escritores como William Faulkner y Gabriel García Márquez y, al mismo tiempo, parte de la antigua literatura china y la tradición oral”, resumió la academia sueca.

 Por Silvina Friera

Las palabras no podían salir de la boca de ese niño chino que cuidaba las vacas y las ovejas mientras los chicos de su edad estudiaban y jugaban en el colegio. Sus padres temían que dijera algo inconveniente, que metiera la pata y un diluvio de desgracias acechara a esa familia de agricultores sencillos que trabajaban la tierra como si pudieran leer con las manos el alfabeto entero del deseo. “No hables”, le exigieron en un tono imperativo. Infancia marcada por los vestigios del silencio, aislado en el campo, con la mirada boquiabierta en el hambre de cada día en su pueblo natal, Gaomi, en la provincia oriental de Shandong. Cada pensamiento naufragaba en las impiadosas olas de lo real y se desvanecía en el mismo silencio en que se originaban. Esta es la arcilla biográfica del niño mudo que en el futuro se convertiría en el Kafka chino, un narrador que, a través de su “realismo alucinado” –según el dictamen emitido desde Estocolmo–, ha logrado fusionar las leyendas populares, la historia y lo contemporáneo. ¿Qué imágenes de ese pasado remoto se habrán agolpado en la cabeza de Mo Yan –seudónimo que significa “no hables”–, el Premio Nobel de Literatura, cuyo nombre original es Guan Moye, uno de los autores más leídos en su país? ¿Qué olores? ¿Qué sonidos?
“A través de una mixtura de fantasía y realidad y de perspectivas históricas y sociales, Mo Yan creó un mundo que en su complejidad tiene reminiscencias de escritores como William Faulkner y Gabriel García Márquez y, al mismo tiempo, punto de partida de la antigua literatura china y la tradición oral”, resumió la academia sueca el estilo del flamante Nobel de Literatura, cuya obra ha sido traducida al francés, al inglés y al español. Varias de sus novelas han sido publicadas en España por la editorial Kailas. En Grandes pechos y amplias caderas, prohibida en China, relata los últimos tiempos de la dinastía Qing (1644-1911) hasta la época posmaoísta a través de la historia de una mujer que tiene ocho niñas, antes de lograr el deseado varón, todos fuera del matrimonio. La república del vino es una sátira sobre la corrupción de un régimen que aún se denomina comunista, pero practica el capitalismo de Estado más salvaje a la par de una sociedad anestesiada por la modernidad y el dinero, que se rinde a los placeres de la comida y el alcohol.

Las baladas del ajo es un retrato de la China rural durante el principio de las reformas económicas iniciadas por Deng Xiaoping en 1978. “No apresurarse, escribir con calma, igual que una rana cuando espera tranquilamente a los insectos sobre la flor de loto. Una vez decidido, me pondré en marcha al instante, igual que una rana cuando salta a capturar insectos”, escribe “su alumno Renacuajo” al escritor Sugitani Gijin en Rana (editada por Kailas en 2011). La misma editorial también ha publicado Shifu harías cualquier cosa por divertirte, novela fragmentada en ocho relatos breves donde el viejo Ding, un hombre que se ha dedicado más de cuarenta años de su vida a una fábrica municipal ganadera y a pesar de haber obtenido el título honorífico de Shifu (maestro) es despedido de manera inesperada una semana antes de jubilarse, y La vida y la muerte me están desgastando, un descenso al inframundo de un terrateniente ejecutado, condenado de forma ilícita a reencarnarse en un burro.
Aunque el autor de 57 años vive en Beijing, recibió la noticia en Gaomi, adonde viajó para pasar un par de semanas con su padre. “Me sorprendió mucho ganar el premio porque sentí que no soy un autor tan experimentado como otros autores chinos. Hay muy buenos escritores y mi estatus no era tan elevado”, dijo Mo Yan a la agencia oficial Xinhua. El Premio Nobel admitió que prefiere “estar con los pies en la tierra” y no hacer grandes celebraciones. “Quiero seguir mi camino, concentrado en lo humano para mi propia obra”, afirmó el narrador, quien aclaró que se encontraba en su pueblo “para sentirse tranquilo” y “escribir encerrado en su habitación”. Influido por la ironía social de Lu Xun, el padre de la literatura china contemporánea, el realismo mágico de García Márquez, y autores occidentales como Faulkner, el escritor chino, que nació en febrero de 1955, cultiva un fino sentido del humor. Desde el seudónimo elegido, No Hables anticipa que es un gran narrador satírico con un poder corrosivo extraordinario para reírse de la agitada historia de la China del último siglo y mezclar, sin sucumbir en el intento, los ritos y tradiciones de las zonas rurales.
Tenía 18 años cuando el joven Guan empezó a trabajar en una fábrica. La mitad del tiempo era obrero; la otra, campesino. En 1976 decidió que “la mejor forma de tener una buena vida” era entrar en el Ejército. Esa elección coincidió con la muerte de Mao, el mismo año. Como un sueño de un sueño, donde el original queda transfigurado por el seudónimo, No Hables se aventura por la experiencia literaria. Su primera novela, Lluvia en una noche de primavera, fue publicada en 1981, cuando todavía estaba enrolado en el Ejército. No era fácil materializar el deseo de la escritura en un contexto hostil. “Los oficiales en el cuartel me criticaban porque escribía en lugar de hacer mi trabajo. Así que en 1984 entré en la Escuela de Arte y Literatura del Ejército”, recordaba en una entrevista. Recién entonces pudo vivir de la literatura. “Yo tenía tantas cosas que contar... Hay que imaginar a una persona forzada a no hablar durante veinte años, que de repente puede contar todo lo que ha visto y experimentado. Este ha sido el verdadero poder detrás de mi escritura.”

Una novela capital de la década del ’80 es Sorgo rojo, donde relata la asfixiante situación de la mujer china a través de una joven forzada a casarse con un viejo leproso muy rico. Adaptada al cine por Zhang Yimou, la película obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín, en 1988. “Las mujeres han mostrado una gran capacidad de aguante, un espíritu de entrega y resistencia. Me he dado cuenta de que la mujer es capaz de resistir en momentos en los que los hombres tiran la toalla. Son valientes ante el peligro y ayudan a los hombres a armarse de valor. Por eso, en mis novelas existe un homenaje al universo femenino”, explicaba Mo Yan. “La película y la novela expresan cómo las mujeres no tenían libertad. Ese libro ha influido mucho en la sociedad. Ahora tenemos más libertad que veinte años antes. Sorgo rojo, si se publicase ahora mismo, no podría tener una influencia tan grande como entonces. China ha cambiado no sólo en la economía, sino también en el pensamiento. Antes todo era más cerrado. Ahora los artistas pueden expresarse con mayor libertad.” Sin embargo, esa flexibilización no implica que hoy por hoy los autores chinos puedan escribir lo que quieran. “Aún hay cosas que no se pueden plasmar de forma directa, pero la situación es mucho mejor que en el pasado –aclaró–. Un buen escritor sabe encontrar la mejor manera para contar lo que quiere decir.”

No Hables suele proclamar que su estilo es realista, pero en un territorio geográfico –y de la lengua– donde el llamado “realismo socialista” idealizaba la vida rural, el escritor chino advierte que su realismo refleja a la gente común. “Presento al lector todo tipo de caracteres, personajes con los que no ha tenido contacto nunca, situados en un ambiente especial, en el que se puede respirar el olor y oír los sonidos de la vida rural.” ¿Qué diferencia a un autor chino de uno occidental? Mo Yan –admirador de Ernest Hemingway, Günter Grass, García Márquez y el japonés Yasunari Kawabata– opina que los chinos representan la psicología de los caracteres mediante su lenguaje y sus actos; los extranjeros, en cambio, describen directamente la psicología de los personajes. “El realismo mágico activó mis experiencias acumuladas en el pasado –reconoció el narrador chino–. En mi pueblo no había luces por la noche y, cuando abrías la ventana, podías ver las hogueras brillando en el campo en la oscuridad. Mis recuerdos de infancia están plagados de fantasmas. Mis abuelos me contaban también muchos cuentos de espíritus. Después me di cuenta de que no debía copiar el estilo de García Márquez. Lo más importante que aprendí de él fue su espíritu innovador.”
Seix Barral anunció que adquirió los derechos de publicación de Change, “la novela más personal y potente” del flamante Nobel, inédita en España y en China, donde Mo Yan analiza la evolución del comunismo en su país durante las últimas décadas.

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