sábado, 7 de enero de 2012

DE LOS INDIGNADOS Y DE LO INDIGNANTE


DE 'LOS INDIGNADOS' Y DE LO INDIGNANTE

Como una inmensa ola con fuerza el mundo conoció a ´los indignados'. Estas revueltas que empezaron en Europa, tenían como inicio entre los jóvenes el libro de Stephen Hessel: 'INDÍGNESE'. Este hombre a los 94 años, fue miembro de la resistencia francesa contra la ocupación nazi, sobreviviente a los campos de concentración, protagonista de la redacción de la Declaración de los Derechos Humanos, diplomático, con este libro de 32 páginas (pero que luego se distribuyó por internet) llamó a la gente a reflexionar sobre lo que parece inaceptable. Su 'mon petit livre' como él lo llama, no es un libro revolucionario, no incita a tomar 'el poder'. Es un llamado a lo que queda de conciencia humana para pensar y entender por qué se ha llegado a esta situación. Cuando le preguntan de quién es la responsabilidad de esta catástrofe (si es el ultraliberalismo, la tecnocracia financiera, las elites), él responsabiliza a los gobiernos democráticos, por no saber generar nuevas estrategias para resistir ante las fuerzas del mercado: “Yo le atribuyo la responsabilidad, de todo esto a las fuerzas financieras. Su egoísmo y su especulación exacerbada son también responsables del deterioro de nuestro planeta”. Concluye que son los gobiernos quienes deben imponerles reglas y límites a los bancos y a todo el mercado financiero. Es una manera de que las fuerzas financieras dejen de seguir acumulando las inmensa riquezas (que no producen, sino que especulan) que detentan generando beneficios interminables para un sector de élite en el mundo, dejando a millones de excluidos en el planeta. Las revueltas en el mundo árabe son otras de las coincidencias- aunque Hessel no previó estas respuestas de la gente, como aclara-, ya que lo que comenzó en Túnez, Egipto, Libia, Siria, tuvo a la población rebelándose contra los poderes dictatoriales de décadas en esa Región. Aún no sabemos cómo se resolverá por esos lugares su situación, pero sí sabemos como los poderes financieros piden más 'recortes' y 'ajustes' a los gobiernos de España, Italia, Grecia, Portugal, luego de haberlos hechos endeudar económicamente.

'La gente tiene razón para rebelarse' había escrito un filósofo francés. La naturaleza humana tiene esa capacidad. Quienes operan con los poderes del mundo económico han convertido a las mayorías en consumidores obedientes. Este ejemplo se puede ilustrar en estas fiestas de Navidad y Año Nuevo: el aumento del consumo en la gente. Una incitación que parece aumentar en la medida que se tenga más dinero para consumir, pero no es así de simple. Existe todo un 'entrenamiento' para este consumo. Desde los llamados por teléfono para adquirir tarjetas de crédito (y endeudarse a la larga), para tener ofertas en los Shoppings con tarjetas (que duran unos minutos), el horario de los mismos hasta altas horas para poder seguir comprando. Ese 'entrenamiento' es como una adicción, lo van transformando en un consumidor compulsivo. Los estudios de mercado- que comienzan con la propaganda por televisión- ya lo han estudiado en los niños. Por eso los canales de cable para los chicos están inundados de productos 'pensados' para ellos. El imperio del consumo ya ha impuesto la figura- como símbolo y sentimiento- de Papá Noel, por sobre- en Navidad- la idea (lo imaginario, lo sensible) de un pesebre de un niño pobre nacido en Belén. En España- con su gran tradición cristiana- hacían comparaciones entre los niños, para saber si creían ó esperaban más a Los Reyes Magos o Papá Noel. El 'santa' del norte se iba imponiendo más con su Jo!, Jo! Jo!

“La consigna es mucho y pronto”...”De aquí resulta cada vez más diversión y cada vez menos alegría”, estas frases son de unos de mis escritores favoritos Hermann Hesse (autor de Peter Camenzind, Demian, El lobo estepario, e infinidades de poesía y ensayos), las escribió a fines del siglo XIX, antes de sus grandes novelas y de atravesar dos Guerras Mundiales, y luego recibir el Premio Nobel de Literatura, comprendía por un lado la ansiedad de un mundo que vendría, y de como la 'técnica' puede ir matando al 'espíritu'.
Indignarse es una respuesta subjetiva ante lo que sentimos como una opresión, lo interesante es notar- que en este mundo cada vez más inclinado hacia un individualismo mal entendido- que son miles o millones los que van sintiendo esa opresión que los asfixia, especialmente entre los jóvenes, que no les dejan tener confianza en su futuro. Algunos hablaban de 'transformar el mundo', otros de 'cambiar la vida', estas dos consignas pueden ser una sola. 

CARLOS LIENDRO

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