sábado, 26 de febrero de 2011

JEAN- PAUL SARTRE- Guión de cine

Literatura | Guión cinematográfico

Sartre y su existencialismo vírico: en el cajón

El filósofo francés Jean-Paul SartreEl filósofo francés Jean-Paul Sartre
  • Edhasa edita 'Tifus', un proyecto desechado del filósofo para las pantallas
Los guiones son unos entes fronterizos, no se entienden por sí mismos, sino en función de la película que esbozan, y a la vez (también por sí mismos) son obras de arte. Ambas cosas simultáneamente. Si la película no se llega a hacer, el guión pasa a algún estante, a algún cajón recóndito y se queda en eso, en un valor potencial. Su especie artística resulta un poco difusa y complicada. Sólo muy de vez en cuando las editoriales no especializadas ofrecen libretos de los abortos ejemplares del cinematógrafo.
Así: 'Tifus' (Edhasa), guión del mismísimo Jean-Paul Sartre. Desde 'La enfermedad mortal' del pionero Kierkegaard, el existencialismo ha llevado las plagas de pestes, náuseas y tifus a los escaparates, y con ellas ha aureolado novelas y escenarios, buscando la tara y la pesadilla, esas formas de lucidez encubierta, vírica y ojerosa que ellos predicaban. Aquí nos situamos en Malasia, colonia británica, con un panorama de salubridad en proceso de desmantelación. Una acotación escénica resume la obra: "Impresión agobiante de soledad y calor".
John Huston contaba en su autobiografía que para escribir el guión de 'Freud', de 1962, buscó la ayuda de Sartre. Le invitó al francés a su casa de Irlanda y éste llegó con una verborrea imparable y con páginas y páginas imposibles de rodar. Terminaron mal. Sartre se largó y su nombre ni figura en los créditos. 'Tifus', anterior (1944-45), es un caso bien diferente. Estuvo cerca de existir (hecha cine), y se llevó óptimamente con Nino Frank, su compañero de redacción.
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En 1943 la productora gala Pathé estaba ya pensando en proyectos cinematográficos para la Francia liberada. Pusieron el ojo en Sartre, que andaba por entonces incendiando la prensa clandestina. Mientras 'Tifus' se fue gestando, el filósofo demostró una admirable creatividad teatral: escribió 'Las moscas', 'A puerta cerrada', o 'La puta respetuosa'. Presentó dos guiones a Pathé y sólo éste fue aceptado. Después quedaría apartado en el limbo de los cajones con historias en potencia de ser cine, en letra Arial, tamaño 12.
Edhasa ofrece un formato de "guión europeo"·, esto es: una columna izquierda con descripciones y una derecha de diálogo. Hace Sartre bastantes apuntes técnicos de tomas y planos, y también se permite comentarios del tipo: "un anciano de cabellos blancos, noble como Richard Wagner".
Quizá se trata en realidad de un texto más teatral que otra cosa. Sartre compone a dos perdidos, a dos "misfits", inadaptados. Una cantante, Neullie Dixmier, que bien podría ser la Dietrich en el 'Expreso de Shanghai'; y un médico borrachín y decadente. Mantienen diálogos melodramáticos, casi hollywoodianos, a lo Douglas Sirk y Nicholas Ray:
"Si quiere puede odiarme. ¡Pero no me despreciará!" o "¡Vamos, vamos! Somos demasiado feos. Un fracasado puede tolerarse y hasta olvidarse, pero dos, y que se miran a los ojos, se miman y se consuelan… es para revolver el estómago".

La gratuidad absoluta

Por encima de las palabras están los muertos grávidos y febriles que caen uno a uno en el Barrio de las Chabolas, como caen en el Orán hirviente de Camus. El tifus, enfermedad típica de las guerras desde las Cruzadas hasta su vacuna en el siglo XX, saltaba con los piojos, de pobre en pobre. Pero ya saben, aquí, ante todo: calor y soledad. Es casi el estribillo. Y sobre todo esa gratuidad absoluta que entendió el pelirrojo Roquentin viendo la raíz amorfa de un castaño:
"...ningún ser necesario puede explicar la existencia; la contingencia no es una máscara, una apariencia que puede disiparse; es lo absoluto, en consecuencia, la gratuidad perfecta. Todo es gratuito: ese jardín, esta ciudad, yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estómago y todo empieza a flotar... eso es la Náusea".
Enfermedad, enfermedad y más enfermedad. En esta versión de Horacio Óscar Pons tienen asegurado que no van a encontrar "argentinismos" de traducción. Gracias a Losada hemos podido leer a Sartre y también a Tennessee Williams, pero, claro, diciendo "boludo" o "piso" (en vez de suelo), como, del mismo modo, hemos visto al Yogui de Hanna-Barbera hablar como el Chavo del Ocho. En todo caso, 'Tifus', ahora editada para ser leída como se lee el teatro sartreano, sigue flotando en ese limbo ingrato del guión abortal, entre (disculpen el chascarrillo) el ser y la nada, o (y perdón por este otro, no menos intolerable) a puerta cerrada.

'Tifus', de Jean Paul Sartre. Edhasa, 2009. Traducción: Horacio Óscar Pons. 215 páginas. 17, 50 euros.

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