III
Hace tiempo que Ariel Dorfman es un personaje para mi novela. Primero por lo que leí de sus autobiografías: 'Deseando el sur, mirando al norte', donde está todo lo que sucedió en su mundo de viajero y exiliado. Desde su padre, que tuvo que salir de Argentina en 1943; de sus abuelos que vinieron de Rusia. Su 'bobe' había sido traductora y fue la intérprete de Trotsky cuando se firma el pacto con los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Lo había conocido en Suiza como exiliado.
Cuando su padre, con toda la familia deben salir de Buenos Aires, van a Estados Unidos. Terminada la Segunda Guerra Mundial su padre ingresa en Naciones Unidas. El 'macartismo' de la 'la guerra fría', hará el resto. Tiene la oportunidad de ir a la recién creada CEPAL en Chile. Ariel tendría ya unos 12 años, y como escribió, estaba muy identificado con la cultura norteamericana: los cowboys, el beisbol, la música, Disney. Tuvo que volver a hablar el español nuevamente. Por eso sus libros los escribe en dos idiomas sin problema.
Por la década del 60 como estudiante de Letras, consigue una beca en Berkeley y vuelve al norte. Vine en California, y le toca ver toda la nueva 'cultura hippie'; hay una parte que me impacto, no solo por como lo describe, sino por lo que llamamos 'identidad'. Decía: 'que al ver unos jóvenes 'gringos' tocando descalzos en la calle, 'Mr Taumborine man' de Bob Dylan, y pidiendo monedas, se indignó. Creía que no tenían derecho a 'hacerse los pobres', con todo el choque y el impacto que él había visto en su nuevo país (Chile), donde ahí la gente pasaba hambre de verdad.
Participó por compañeros universitarios en lo que hoy llamamos 'militancia universitaria'. Así se fue acercando a Salvador Allende. Aquí comienza otra época y el sueño de la revolución. Allende gana las elecciones en Chile en 1970 y es el primer gobierno socialista de la región. Los ojos del norte no querían otra Cuba. Por eso Kissinger y Nixon durante varios años financiaron a empresarios, sindicatos de transporte y militares para derrocar a ese médico que había llegado a presidente. Dorfman fue asesor cultural del gobierno de Allende. Pudieron generar publicaciones de miles de libros, para que distribuyeran gratuitamente en las escuelas.
Vino el golpe del 11 de septiembre de 1973. Dorfman salva su vida porque ese día le piden cambiar el lugar el día y horario de trabajo. Aquel amigo que le pidió cambiar el turno fue asesinado, cuando bombardearon la Casa de la Moneda. En el documental, que produce su hijo (director de cine), va caminando por lugares donde estuvo y hablan quienes lo ayudaron a esconderse. Esto se filma por 2007, cuando ya Pinochet no está más en el gobierno y Dorfman pudo regresar a Chile.
Ariel Dorfman nació el 6 de mayo en Buenos Aires en 1942. Y eso lo salvó cuando las tropas asesinas y los escuadrones de Pinochet buscaban a todos los que habían estado o colaborado con el gobierno de Allende. Pudo ingresar y pedir refugio en la Embajada argentina de Santiago de Chile. Pasó unos días muy duros, porque había francotiradores desde el frente de la Embajada y buscaban no solo amedrentar sino saber quién salía y entraba; disparándoles a quien quisiera saltar las paredes para entrar. Por aquí comienza mi novela de 'Último vals en Buenos Aires'. Logra salir con un salvoconducto, cuando la esposa del embajador argentino lo escucha hablar en inglés. Va a Buenos Aires, donde lo esperan familiares. La novela toma otro giro. Primero en terminar de ordenar sus papeles y saber que ya estaba 'fichado' en la policía del país, como si fuera un forajido peligrosísimo. Luego se reúne con varios amigos, intelectuales, periodistas (de renombre en aquella 'primavera camporista del 73'), que estaban eufóricos con los cambios que iba a venir en Argentina. Él les dice: 'esto está orquestado del norte, no se pueden quedar. Los van a buscar y matar a todos'
Hasta aquí un adelanto- que sí esta vez iremos entregando por 'sorbos'- a los amigos y quienes quieren leerla (1). Completará un ensayito de su obra literaria, de teatro, de artículos que escribe para la prensa internacional como activista de Derechos Humanos: 'Para leer a Ariel Dorfman' en un juego de palabras (me parece ya gastado, y tal vez tengo otro título) de 'Para leer al pato Donald'. Es el libro que escribió junto a Armand Matterlat. Por primera vez se analizaba comics (dirigido a la inocencia de los niños) desde lo que hoy se conoce como 'teorías de la comunicación', un análisis del discurso en aquellos momentos de 'la vieja guerra fría' (hoy ya son otras las tecnologías que logran disciplinar consumo, valores, en la ideología del mercado). Se jubiló como docente en la Universidad de Duke (USA), donde daba Literatura Latinoamericana, allí cuenta que algunos alumnos le recordaban 'Para leer al pato Donald).
Después de tantos exilios, él al salir de Argentina, pudo ir a Bélgica, Francia, intentó quedarse en México y finalmente cayó de nuevo en Estados Unidos, donde llevó una vida académica. Tuve la suerte de conocerlo y verlo varias veces. Le prometí ese ensayito. En una dedicatoria firmada, que me hace en uno de sus libros, puso: "Esperando ese ensayo, con afecto AD"
Carlos Liendro
(1) En el libro 'Antología Mínima' editado en 2024, hay un adelanto de un esbozo de capítulo de 'El último vals en Buenos Aires, que aparece como microrelato. Fue leído en un encuentro del PEN-Escritores de Argentina.