ADVERTENCIAS A MÍ MISMO

en novelas, relatos, ensayos. Escritura

miércoles, 12 de octubre de 2011

FRANKFURT

Llegaron ayer a la 63º Feria del Libro en Alemania

Escritoras y escritores argentinos en Frankfurt

Intercambiarán ideas con sus pares alemanes, darán un panorama de lo que se está produciendo literariamente en el país y en el resto de América Latina y tendrán oportunidad de contactarse con escritoras y escritores del resto del mundo .
  Arribó ayer el contingente de escritores y escritoras argentinos, para participar en la 63ª Feria del Libro de Frankfurt. La fuerte presencia de las letras nacionales tendrá como escenario un pabellón argentino de unos 120 metros cuadrados, con las ofertas de más de 30 editoriales nacionales. De la partida de narradoras y narradores fueron el historiador y ensayista Osvaldo Bayer, el poeta Hugo Mugica, las narradoras Hebe Uhart, Mariana Enríquez y María Rosa Lojo, los escritores Noé Jitrik, Juan Diego Incardona, Juan Martini, Mempo Giardinelli, Leopoldo Brizuela y Eduardo Sacheri.
“En la feria –que fue inaugurada el lunes y que cierra el sábado 16– se hacen muchos negocios editoriales, algunos muy importantes, al menos para los escritores. Eso ayuda de un modo único a que podamos escribir más tranquilos durante un tiempo”, explicó a la agencia Télam Leopoldo Brizuela. Y añadió que “contra cierta tendencia generalizada, creo lo siguiente: que le vaya bien a un escritor argentino contribuye a que le vaya bien a los demás. Por otro lado, me parece absolutamente necesario que nuestra literatura confronte con amabilidad otros públicos, otras críticas, otros escritores. Es urgente salir del aislamiento, la endogamia y las riñas de aldea.” A su vez, Osvaldo Bayer expresó que “un encuentro entre intelectuales es positivo, es un intercambio de pensamientos, es conocerse más, interesarse por la problemática alemana e interesarlos por la realidad latinoamericana a través de la literatura”. Por su parte, Martín Kohan afirma: “Todo contacto con lectores posibles o efectivos, potenciales o ya existentes, me convoca. Formar parte de eso mismo, pero de manera colectiva, tanto más.” Y el chaqueño Mempo Giardinelli está de acuerdo en participar si “va a ser política cultural de Estado que la Argentina asista a algunos grandes eventos. En tal caso esta feria es un clásico.” Mariana Enríquez confiesa que ella va de novata: “Es la primera vez que voy. Quiero recorrer la feria, encontrarme con gente a quien le interese la literatura latinoamericana, conocer a mi editor en Alemania, ver alguna posibilidad de traducción que me plantearon editores locales.” Y Eduardo Sacheri, considera “muy piola la idea de instalar una presencia continuada de la literatura argentina en esta feria. Todos sabemos que lo que prima en ella no es el contacto con el público lector. Pero mantener una presencia de autores y temas nuestros es todo un desafío. Espero estar a la altura.” “¿Qué espero del viaje? Muchas cosas, hacer una nota de viaje si me lo permite el tiempo que debo dedicar a los trabajos que presentaré en las mesas redondas. En cuanto a lo que espero de mis libros, nunca se sabe. Quiero visitar el zoo”, dispara Hebe Uhart.
Sobre el proyecto Sur, creado en 2009 para promover la literatura local a través de la traducción de obras de autores nacionales, los escritores consultados manifestaron su conformidad en forma unánime. “Me parece más que valioso que la literatura, habitualmente tan olvidada, ocupe un lugar en un proyecto que el Estado impulsa”, comenta Kohan sobre este programa que lleva traducidas más de 291 obras a 32 idiomas. A su vez, Giardinelli opinó que “es una manera de ayudar a que la literatura argentina contemporánea se conozca en el mundo. Hay muchos países con programas similares y es una buena forma de orientar recursos del Estado.” “En la cultura hay que gastar dinero”, afirma Bayer. Este año, con una partida extra de Hacienda se traducirán 150 títulos a un costo de 480 mil dólares (3200 por libro). “Me parece fantástico –exclama Enríquez–, es muy difícil difundir nuestra literatura, es un apoyo invalorable. Mediante este programa tradujeron mi novela Cómo desaparecer completamente al alemán, en el destacado sello editor Verlag Hans Schiler.”
En su bautismo ferial, a la escritora que trabaja en sus obras lo extraño y el terror también el realismo urbano muy crudo, le gustaría ser traducida al inglés, no solamente porque “ofrece la cantidad mayor de potenciales lectores”, sino porque es la lengua en la que escriben sus “escritores favoritos”.
Para Uhart este programa “ya está en acción y más adelante se verán los resultados”; mientras que Brizuela lo califica de “excelente, mucho más ahora que pasará a tener carácter permanente”. “Uno puede estar más o menos de acuerdo con los títulos elegidos, pero –y perdón si ofendo a alguien– hay que ser muy mezquino para no reconocer el inmenso beneficio que redunda semejante inversión de dinero y trabajo en algo tan tradicionalmente desatendido como la cultura”, dice el escritor. “Por supuesto”, agrega, “esto sería imposible sin el aval de los más altos niveles de decisión política, y sin un proyecto nacional como el que sostiene esta gestión”. A Sacheri le parece bien que “el programa priorice autores y obras que no contaron con esa dosis de buena fortuna venida desde afuera del mundo de los libros”, en relación con la versión cinematográfica de El secreto de sus ojos. “Una obra mía que se convirtió en estímulo primordial para el entusiasmo editorial.”
Los escritores invitados participarán de mesas redondas que el público podrá seguir por traducción simultánea en el nuevo auditorium del remozado stand argentino: 120 metros cuadrados donde una treintena de editoriales exhibirán sus libros. ¿Qué aporta esta presencia literaria en una feria cuyo eje principal son los negocios? “¿Por qué no se va a poder hablar sobre literatura en medio de un entorno dominado por los negocios? Al fin de cuentas, es esa la manera en que la literatura circula en la sociedad”, responde Kohan, categórico. <

            Télam

viernes, 7 de octubre de 2011

NOBEL DE LITERATURA

LITERATURA › EL SUECO TOMAS TRANSTRÖMER OBTUVO EL NOBEL DE LITERATURA

Un premio para el lado de la poesía

Poco conocido por el gran público pero muy estimado por los poetas, el escritor tiene 80 años y padece una grave enfermedad. Su obra está traducida a cincuenta idiomas, entre ellos el español, pero todavía no ha sido editada en la Argentina.
Por Silvina Friera

Lenguaje, pero no palabras. El verso de un poeta “corneado por el silencio”. Una apoplejía y la imposibilidad de hablar, a duras penas un errático balbuceo. Sí, no, bien, mal... Pero la capacidad de la escritura intacta. “¡Las páginas no escritas –proclama desde un poema– se ensanchan en todas direcciones!” El sueco Tomas Tranströmer se ensancha a los 80 años: es el flamante Premio Nobel de Literatura. “A través de sus imágenes condensadas y translúcidas, aporta un fresco acceso a la realidad”, fundamentó la Academia Sueca en Estocolmo, en la misma ciudad donde reside el galardonado, un poeta y psicólogo cuya obra pendula entre el modernismo, el expresionismo y el surrealismo. Quizá estaba tocando el piano con la mano izquierda (la derecha quedó paralizada por el ataque) y recordando lo que dijo un crítico sobre sus poemas: “La existencia de un ser humano no acaba allí donde acaban sus dedos”. O tal vez escuchaba música clásica –otra de sus grandes pasiones– cuando el timbrazo del teléfono interrumpió la rutina. Mónica –su mujer– atendió. La voz del Rey Mago de las buenas noticias, Peter Englund, el secretario de la Academia, le comunicó la novedad. El premiado –declaró su mujer– “no creía que podía llegar a vivir esto”. La sensación de ese instante la anticipó en otros versos: “En las primeras horas del día / la conciencia puede abarcar el mundo”.
Esto que creyó que no viviría es el Premio Nobel de Literatura, que Tranströmer recibirá el próximo 10 de diciembre en Estocolmo, por esos poemas catalogados como “oraciones laicas”, por ese estilo introspectivo, “místico, versátil y triste”, según la revista Publisher Weekly. Esto es la consagración mundial de uno de los “grandes poetas de nuestro tiempo”, en opinión de Englund. La cuenta bancaria del agraciado también se ensanchará con la inyección de diez millones de coronas suecas (1,47 millón de dólares). Tranströmer sucede al narrador peruano Mario Vargas Llosa, distinguido el año pasado. Esto que está viviendo ahora mismo implica que es el primer poeta galardonado con el Nobel desde que la polaca Wislawa Szymborska lo obtuvo en 1996, y el octavo autor sueco premiado. Este “ser poético que logra conferir su propio color a lo que le rodea” –como lo define Lars Gustafsson– nació el 15 de abril de 1931 en Estocolmo. Diplomado en Psicología en 1956, el itinerario poético del hijo de una maestra de escuela y un periodista arrancó en 1954, cuando, después de publicar poemas en diferentes revistas, editó su primer libro, 17 poemas –considerado uno de los más importantes de los años ’50–, donde ya asomaba su creciente interés por la naturaleza y la música, que caracteriza parte de su producción.
Tranströmer repartió las barajas de su tarea como psicólogo en centros penitenciarios y hospitales –entre 1960 y 1966 trabajó en la prisión juvenil de Roxtuna, en las afueras de Linköping, al sur de Suecia– con la escritura poética, intentando transmitir “cierto orden al mundo”. Y fue sumando –en orden– más obras: Secretos en el camino (1958), El cielo a medio hacer (1962), traducida al castellano en 2010; Tañidos y Huellas (1966), Bálticos (1974), que recoge fragmentos de una historia familiar en Runmarö, una isla del archipiélago de Estocolmo donde el poeta sueco pasó muchos veranos de su infancia. En este poemario escribió unos versos que cifrarían su destino. Y que, al releerlos una y otra vez, estremecen: “Entonces llega el derrame cerebral: parálisis en el lado derecho/ con afasia, sólo comprende frases cortas, dice palabras inadecuadas”. Los recuerdos de su infancia y juventud están en su libro de memorias, Visión de la Memoria (1993), traducido al castellano en 2009. Su última publicación, El gran enigma (2004), es una antología de 45 haikus, poema breve de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. “Vidas mal escritas:/la belleza persiste/como un tatuaje”, es uno de los haikus de la factoría Tranströmer.

Uno de los tópicos medulares en su poética es el diálogo con lo que se desconoce. El enigma de ser y de estar en el mundo es revelado “a través de la palabra del que lo contempla y al contemplarlo se debate, como los sobresaltos del lector, entre el ensueño y la cruda realidad”, describió un crítico español. “Siendo joven, reconocí que no podía mantenerme ni alimentar a una familia con la escritura de poesía; de modo que elegí una profesión que no perturbase la escritura, sino que le agregase experiencia. Por esto elegí la profesión de psicólogo, de lo cual nunca me he arrepentido”, subrayó Tranströmer en una entrevista previa a la apoplejía que en 1990 le quitó la movilidad de la mitad derecha de su cuerpo y le amputó el habla. Siempre vinculó sus oficios, la psicología y la poesía. “Creo que hay una relación muy cercana entre ambas, por más que no sea sencilla de ver. Cuanto uno escribe es la expresión de una experiencia oculta. Y los problemas del mundo están muy presentes en lo que escribo, aunque no siempre de un modo directo”.
Como casi todos los poetas de su generación, que en Suecia incluye a Lars Forsell y Lasse Söderberg, el Premio Nobel de Literatura huye de la retórica alambicada. Prefiere un lenguaje sencillo que alienta una mayor libertad de acción. La naturaleza es el paisaje de fondo de una obra que coquetea con las distancias. La multiplicidad de espejos a través de los cuales es contemplada y calibrada la realidad le ha permitido arriesgar a Gustafsson que la poesía de Tranströmer usa “las leyes de un camaleón a la inversa”. Para Robin Fulton, uno de sus traductores al inglés, crea “imágenes que brotan de la página de modo que la primera vez que los leemos nos parece estar ante algo realmente tangible”.
La obra completa del Premio Nobel ha sido editada en España por el sello Nórdica, que en 2009 publicó El cielo a medio hacer y hace unos días –en lo que se podría considerar un golazo de media cancha– lanzó Deshielo a mediodía, que recoge lo que había quedado afuera del primer tomo, en una edición bilingüe; ambas obras fueron traducidas por Roberto Mascaró. Antes, Hiperión había editado otra antología –también traducida por Mascaró–, Para vivos y muertos. “Lo publicamos –aseguró Diego Moreno, director de Nórdica– porque nos parecía uno de los autores fundamentales del siglo XX; poco conocido para el público en general pero muy reconocido entre los poetas.” Moreno aclaró que la poesía de Tranströmer es de público amplio, “surrealista pero fácil de leer”. Y agregó que en los Estados Unidos “es el poeta más traducido después de Pablo Neruda”. En tanto, Mascaró –poeta y traductor uruguayo– también se ensancha en el elástico de la felicidad. Es que desde hace 30 años es el traductor al español del ahora afortunado poeta sueco. “Siempre he tenido la certeza de que su poesía es universal, aporta a la paz y a la comprensión de las etnias, sobre todo en esta etapa de la humanidad donde estos problemas aún no están superados”, destaca Mascaró.

En otra entrevista, publicada en Hungría en 1977, el flamante premio Nobel reflexionaba sobre su obra, traducida a 50 idiomas. “Mis poemas son lugares de encuentro. Lo que intentan es establecer una conexión entre aspectos de la realidad que el lenguaje convencional y los puntos de vista habituales suelen dejar de lado. Detalles enormes y mínimos del paisaje reúnen y dividen a las culturas y a la gente. Pero en una obra de arte, naturaleza e industria trabajan juntas. Lo que en principio parece una confrontación acaba por ser una conexión.” Ahora habrá que esperar la llegada al país de los libros de Tranströmer, “un murmullo de palabras en un nuevo idioma”. El poeta sueco que balbucea –a su manera– palabras inadecuadas sentenció en un poema: “La música permanece, sigue componiendo en su propio estilo”.

jueves, 6 de octubre de 2011

TOMAS TRANSTROMER

El poeta sueco Tomas Tranströmer, premio Nobel de Literatura

Nacido en Estocolmo en 1931, es también conocido por su labor como traductor.- La Academia sueca le premia por sus "imágenes condensadas y translúcidas", que dan "acceso fresco a la realidad"

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 06/10/2011

 
El poeta sueco Tomas Tranströmer es el ganador del Premio Nobel de literatura 2011 "porque, a través de sus imágenes condensadas y translúcidas, nos da un acceso fresco a la realidad", según el dictamen de la Academia sueca. El sucesor de Mario Vargas Llosa en el galardón más importante de las letras nació en Estocolmo el 15 de abril de 1931 y, además de su obra poética, ha destacado como traductor. EL PAÍS ofrece mañana una entrevista con el premiado. Hoy adelantamos un extracto de esta charla, así como la crítica de su nueva antología Deshielo a mediodía, publicada por Nórdica.
El premiado se ha mostrado "contento" y "emocionado" tras conocer la noticia
La obra del nuevo Nobel, traducida a medio centenar de lenguas, contiene una docena de libros
El premiado se ha mostrado "contento" y "emocionado" tras conocer la noticia. "No creía que podía llegar a vivir esto", ha dicho su mujer, Monica, a medios digitales suecos desde su casa de Estocolmo. Según su esposa, el poeta "se siente cómodo con todas esas personas que vienen a felicitarlo y a fotografiarlo".
Psicólogo de oficio, Tranströmer sufrió en 1990 un ictus que le paralizó la mitad derecha del cuerpo y le produjo una afasia que le impide hablar, pero no escribir. Ni tocar el piano. De hecho, en la entrevista que mañana publicará EL PAÍS con él da cuenta de su sorpresa al descubrir la cantidad de piezas escritas para la mano izquierda. Uno de los grandes enigmas que rodea su figura procede del hecho de que en 1974 había escrito en su poema Bálticos unos versos que ahora se leen premonitorios: "Entonces llega el derrame cerebral: parálisis en el lado derecho / con afasia, solo comprende frases cortas, dice palabras / inadecuadas".
El dictamen de la Academia sueca, recibido con júbilo por los periodistas presentes en el acto a las 13.00, habla de Tranströmer como de un gran creador de imágenes y su uso de la metáfora, virtuoso pero riguroso es, en efecto, una de las marcas más personales de su poesía. El galardón está dotado con 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de euros).
Traducido a medio centenar de lenguas
La obra del nuevo Nobel, traducida a medio centenar de lenguas, contiene una docena de libros que se extienden entre 1954 (17 poemas) y 2004 (El gran enigma). En España, la editorial Hiperión publicó en 1991 la antología Para vivos y muertos, traducida por Francisco Uriz y Roberto Mascaró. Este último es el artífice de dos completísimas selecciones, publicadas una el año pasado y otra este mismo mes por la editorial Nórdica. Así, a El cielo a medio hacer -que incluía también la breve autobiografía en prosa del premiado- se le acaba de unir Deshielo a mediodía.
"Es una enorme alegría", ha declarado Mascaró, poeta y traductor uruguayo. "Su poesía demuestra que las lenguas son barreras superables, como queda claro al ver que llega a países como el mío, Uruguay, o a El Salvador, donde estoy ahora en un festival internacional de poesía". "Siempre he tenido la certeza de que su poesía es universal, aporta a la paz y a la comprensión de las etnias, sobre todo en esta etapa de la humanidad donde estos problemas aún no están superados. Digo esto porque me lo indica el hecho de conocerlo desde hace 30 años, cuando llegué a Suecia y me convertí en su traductor al español. Entonces lo llamé tímidamente por teléfono y me aceptó", ha agregado Mascaró.
Tranströmer es hijo de una maestra de escuela y de un periodista, en 1956 se licenció en Historia de la Literatura, Psicología e Historia de las Religiones por la Universidad de Estocolmo. Entre los años 1960 y 1966 trabajó como psicólogo en la prisión juvenil de Roxtuna, en las afueras de Linköping, en el sur de Suecia.
El poeta leonés Antonio Colinas ha calificado a Tranströmer de "un gran y auténtico poeta". "Algunas veces la Academia sueca nos asombra con algún premio provocador o raro, pero Tranströmer tiene una obra muy interesante atravesada por el misterio que se encuentra, en ocasiones, en el lenguaje cotidiano", ha dicho.
Séptimo sueco nobel
Tranströmer es el séptimo escritor sueco en ganar el premio Nobel. Los últimos fueron, en 1974, Eyvind Johnson y Harry Martinson ex aequo. El poeta sueco estaba en el grupo de favoritos para este año. Le acompañaban en las apuestas el japonés Haruki Murakami, el coreano Ko Un, el estadounidense Philip Roth, el australiano Les Murray, el poeta sirio Adonis e incluso el cantautor Bob Dylan.
Entre los últimos galardonados con el Premio Nobel de Literatura figuran Mario Vargas Llosa, Herta Müller, Jean-Marie Gustave Le Clézio, Doris Lessing, Orhan Pamuk, Harold Pinter, Elfriede Jelinek o John M. Coetze.

Poema 'Allegro'

Toco Haydn después de un día negro
y siento un sencillo calor en las manos.
Las teclas quieren. Golpean suaves martillos.
El tono es verde, vivaz y calmo.
El tono dice que hay libertad
y que alguien no paga impuesto al César.
Meto las manos en mis bolsillos Haydn
y finjo ser alguien que ve tranquilamente el mundo.
Izo la bandera Haydn -significa.
"No nos rendimos. Pero queremos paz".
La música es una casa de cristal en la ladera donde vuelan las piedras, donde las piedras ruedan.
Y ruedan las piedras y la atraviesan
pero cada ventana queda intacta.
Del libro El cielo a medio hacer (1962), incluido en la antología Deshielo a mediodía (Editorial Nórdica). Traducción de Roberto Mascaró.

La obra de un hombre interesado por la música y la naturaleza

La trayectoria poética de Tomas Tranströmer comenzó en 1954, cuando, después de publicar poemas en diferentes revistas, salió a la luz su primer libro, 17 poemas, en el que se notaba su interés por la naturaleza y la música "que caracteriza una gran parte de su producción", según el comunicado de la Academia sueca. Sus siguientes poemarios Hemligheter pa vägen (Secretos en el camino, 1958), Den halvfärdiga himlen (El cielo a medio hacer, 1962 y traducida al castellano en 2010) y Klanger och spar (Tañidos y Huellas, 1966) le confirmaron como "uno de los principales poetas de su generación", prosiguió la Academia.
En 1974 escribió Östersjöar (Bálticos), que recoge fragmentos de una historia familiar de Runmarö, una isla del archipiélago de Estocolmo donde su abuelo materno trabajaba como práctico del puerto y donde Tranströmer pasó muchos veranos de niño. Otros recuerdos de su infancia y juventud aparecen en su libro de memorias Minnena ser mig (Poemas selectos y Visión de la Memoria, 1993, traducido al castellano en 2009).

lunes, 29 de agosto de 2011

CEES NOOTEBOOM

El holandés errante

Viajero incansable desde que era un adolescente, durante los últimos años, Cees Nooteboom, el escritor holandés que más suena para el Nobel recorrió el mundo detrás de una obsesión: visitar las tumbas de los autores y filósofos que admira. De eso habla en esta charla en la que también repasa, con profundidad, humor e inteligencia, su vida durante la Segunda Guerra, su concepción de Europa y cuenta sus viajes a la Argentina, entre ellos éste que lo trae al Filba.

POR JORGE FONDEBRIDER

Cees Nooteboom pertenece a una estirpe de escritores europeos que, como Elias Canetti o John Berger, se relaciona más con una suma de tradiciones fundamentalmente europeas que con una única nación. Muchas veces candidato al Premio Nobel de Literatura, es autor de más de cincuenta títulos, serie que comienza con la publicación de Philip y los otros (1954, y traducido al castellano y en 2010) y llega hasta Los zorros vienen de noche (2011). Sus novelas, cuentos, relatos, poemas, libros de viajes y ensayos son todos géneros que confluyen en Tumbas de poetas y pensadores (2007), realizado en co-autoría con su esposa, la fotógrafa Simone Sassen, con quien ha recorrido el mundo entero para visitar las sepulturas de grandes escritores y filósofos de todas las épocas. Cuando se le pregunta cuál fue el origen de ese libro, Nooteboom responde: “El origen fue mi amor por Proust”, y ahí comienza una de las tantas historias que, dada la naturaleza digresiva de su charla, quedará contada a medias.
Sí, fuimos al cementerio de Pere Lachaise, en París, y yo le pedí a mi mujer que tomase una foto de la tumba de Proust. Y como salió muy linda, uno empieza a pensar… Después en los Estados Unidos, fuimos a la tumba del poeta Wallace Stevens, por quien siento un gran amor y... dicho sea de paso, descubrí en la revista Sur que Borges ya lo había traducido en 1944. Es increíble que estando en Buenos Aires, él lo haya encontrado en una fecha tan temprana.
-Permítame decirle que Borges reseñó “At Swim Two Birds”, la primera novela del irlandés Flann O’Brien, en 1938, seis meses después de su publicación en Dublín, cuando casi nadie se había enterado sobre la existencia de ese autor y de ese libro.
-Sí, sé que esas cosas están saliendo a la luz. Y es asombroso, porque en esa época no existía el New York Review of Books, no había Internet, por lo que el mérito es todavía mayor. A ver si me explico mejor: jamás diría que Buenos Aires en esa época estaba alejada del mundo, pero convengamos que estaba más concentrada en París que en los países de lengua inglesa. Por eso me resulta tan asombroso lo de Borges. ¿Cómo hacía para descubrir esas cosas? Porque puedo entender incluso que se interesara por Faulkner, pero me intriga saber cómo descubrió a Wallace Stevens.
-¿Y usted, qué es lo que encuentra en Wallace Stevens?
-Me fascina porque creo que era un filósofo –y no uno cualquiera– que consiguió llevar muy bien su pensamiento a la poesía. Como usted sabrá era un hombre de negocios, también un hombre de derecha. Y sin embargo, nada de eso importa cuando uno lo lee… Bueno, se podría llegar a creer que Stevens era cosmopolita porque, aparentemente sabía todo sobre la vanguardia francesa, pero lo curioso es que nunca fue a Francia ni a ningún otro lado. Sólo viajó a Cuba, donde vivía ese hombre, Julio Feo. El y Stevens mantuvieron una correspondencia muy interesante. Las cartas del cubano empezaban siempre con “Dear Don Wallacio” Y este Julio Feo, que debió ser muy joven, le escribió sobre Proust. Stevens en su última carta dice algo sobre una vaca en su jardín. Stevens buscaba el contacto con la vida real. Y el joven de alguna manera se lo aportaba… En fin, las ideas de Stevens me parecen muy interesantes; en cierto modo, una ficción suprema.
-Volviendo a “Tumbas de poetas y pensadores”…
-Sí, claro. Llegó un momento en que tenía diez fotografías de tumbas de escritores famosos y me pregunté qué tal si hacía un libro con eso. Había entonces que buscar dónde estaban esos poetas y pensadores. Por ejemplo, yo había traducido a César Vallejo al neerlandés…
-Sé que tradujo a varios poetas… A Antonio Machado, a Jaime Gil de Biedma, del italiano lo traduje a Cesare Pavese…
-Pero volvamos a Vallejo.
-Sí, Vallejo también No todos sus libros, pero sí muchos poemas. ¿Y dónde estaba Vallejo? Me puse a buscar. Yo sabía que había vivido y muerto en París, pero, ¿dónde estaba enterrado? ¿Y dónde estaban Strindberg o Pushkin? Fui averiguando esas cosas poco a poco.
-¿Qué observó de particular en las tumbas?
-Diría que hay algo así como dos especies de tumbas. En las tumbas de los que yo llamo “escritores latinos” siempre hay algo así como altares animistas. En la tumba de Vallejo, que está en el cementerio de Montparnasse –el mismo cementerio donde está Julio Cortázar– había un lápiz, papel y, por curioso que parezca, guantes de lana. En la tumba de Cortázar alguien había puesto una botella de ajenjo. En la de Samuel Beckett –que no es latino, pero que para mí pertenece a ese grupo– había un libro. Y uno se pregunta qué piensa la gente. ¿Que a la medianoche sale Beckett y recoge el libro? Y Antonio Machado… Ah, Machado está en Colliure, en el sur de Francia. Delante de su tumba hay un buzón de cartas. Es un buzón oficial y, como cuando fui no había nadie, pude abrirlo un poquito. Había por lo menos unas diez cartas. Entonces, ¿qué piensa la gente que le deja cartas a Machado? ¿Qué las va a leer?
-¿Cuáles son las otras tumbas, ésas que no son “latinas”?
-Las alemanas, por ejemplo.
-¿Y cuál es su teoría respecto de las diferencias que hay entre las tumbas “latinas” y las “alemanas”?
-No tengo una teoría, aunque diría que los alemanes –tanto los católicos como los protestantes– no son propensos al animismo. Esas tumbas alemanas son más severas. Pero quizás la nomenclatura se preste a error, ¿no? Vea Eugenio Montale, por ejemplo. A pesar de que Montale es italiano y, por lo tanto, católico y latino, su tumba está en un muro y, en consecuencia, no puede hacerse nada con ella.
-¿Qué otras cosas registró?
-Los malentendidos. La tumba de Joseph Brodsky, por ejemplo, en el cementerio que hay en la isla de San Michele, cerca de Venecia. Ahí había una cruz católica, pero Brodsky era judío. Con Elías Canetti pasó lo mismo, en su tumba había una cruz. Y, fíjese, la segunda vez que fuimos a ese cementerio, un año más tarde, las cruces habían desaparecido y las tumbas tenían lápidas comunes.
-Entiendo que la tumba de Brodsky no está lejos de la tumba de Ezra Pound.
-Efectivamente, Brodsky está cerca de Pound y Canetti está muy cerca de Joyce.
-Es la división del inframundo.
-Usted sabe que Canetti estaba furioso porque se tenía que morir. Realmente furioso. Y se nota en su firma, que es la que usaron para su lápida. También, en el caso de Robert Graves usaron su firma para la lápida.
-¿Borges dónde entra?
-Bueno, la tumba de Borges, que está en el cementerio de Plainpalais, en Ginebra, tiene apenas una lápida. Lleva una inscripción en anglosajón. El que me tradujo lo que dice fue Alberto Manguel.
-¿Sabe que acaba de salir un libro justamente sobre ese tema? Se llama “Siete guerreros nortumbrios” y es de Martin Hadis.
Tengo que tener ese libro también. Desde que llegué, ya me compré un libro sobre los familiares ingleses de Borges. Creo que se llama Literatos y excéntricos: los ancestros ingleses de Borges…
-Es del mismo autor.
-Debe de estar obsesionado con Borges, ¿no? Pero esa gente siempre es interesante... ¿Sabe que en el libro de Bioy Casares sobre Borges se dice que, cuando Borges supo que se iba a morir rezó el padrenuestro en anglosajón, en inglés antiguo, después en francés y después en español. Dice eso. No sé de dónde sacó Bioy esa información. Dice que le llegó a través de un Jean-Pierre Bernès, que fue el editor de las obras completas publicadas por La Pléiade.
-¿En qué otros lugares estuvo buscando tumbas?
-En Samoa, para ver la tumba de Robert Louis Stevenson. Aprovechamos que estábamos en Japón. Desde allí fuimos a Tonga, que es donde se encuentra el extremo horario internacional. Por lo tanto, si usted vuela de Fidji a Tonga, son dos horas de vuelo. Pero si va de Tonga a Samoa, saliendo a las 4 de la tarde, llega a las 6 de la tarde del día anterior. Curioso, ¿no?
-Sin duda.
-La cuestión es que a Samoa fuimos sólo por Stevenson. Su tumba está en una montaña. Hasta allí cargaron el ataúd los aborígenes, atravesando la selva, trabajo que debió haber sido terrible.
-Y que bien podría ser una escena de una de las novelas de Stevenson.
-Pero la vista que tiene Stevenson desde donde está enterrado vale la pena. Es magnífica. Allá arriba, Stevenson está solo. De hecho, son varios los que están solos y sus tumbas son las más fáciles de fotografiar. Porque fotografiar tumbas es difícil, ya que la mayoría tiene otras tumbas a su alrededor que insisten en querer salir en las fotos. A partir de la disposición de las tumbas se podría hacer una especie de sociología de la muerte.
-¿Qué otros están solos?
-Por ejemplo, Baruj Spinoza, Paul Claudel y el vizconde de Chateaubriand. De este último tengo una anécdota. Resulta que él no quería su nombre en la tumba porque, por vanidad, pensaba que todo el mundo lo conocería. Pero yo vi que había franceses que llegaban y leían en la placa que hay junto a la tumba: “Aquí descansa un gran escritor francés. Respetad su silencio”. Y esas personas que estaban ahí se preguntaban de quién era la sepultura. Y no va uno y dice: “Ah, yo sé. Es la tumba de Maupassant”. Y yo pensé: “Bien hecho, esa es la recompensa a la vanidad”.
Nooteboom me cuenta que en el libro hay unas ochenta y tres tumbas, ordenadas por orden alfabético, y me aclara que faltan muchos. Cuando le pregunto por qué, me dice que por decisión de su editor alemán, quien le dijo que, dado que era un libro grande, con buen papel y buena impresión, iba a ser muy caro y nadie lo iba a poder comprar. “Entonces, paramos –me aclara–. Pero vamos a hacer un segundo libro.”
-¿Va a seguir viajando por el mundo como hasta ahora?
-Sí, claro. Toda mi vida viajé por el mundo. Empecé de joven, haciendo dedo por Europa.
-Justamente ahí quería llegar. Usted ha escrito mucho sobre el hecho de ser europeo. ¿Es consecuencia de su conocimiento empírico del mundo o algo a lo que llegó luego de una larga elaboración intelectual?
-Para contestarle tengo que ir más atrás y contarle algo que ya conté en varias oportunidades. El 10 de mayo de 1940 se produjo un bombardeo terrible muy cerca de nuestra casa. Como vivíamos al lado de un aeropuerto militar y mi padre era curioso, puso una silla en el balcón para ver el fuego sobre Rótterdam a lo lejos y a los paracaidistas que descendían sobre Holanda. Miraba como si aquello fuese un teatro y ante nosotros todo era devastación. Yo, que tenía 6 años, tuve mucho miedo, pero sobrevivimos. Sin embargo, a poco de terminar la Segunda Guerra Mundial, mi padre murió durante un bombardeo inglés sobre La Haya, que era donde vivíamos. Yo no estaba presente porque en el invierno de 1944 en las ciudades se pasaba mucha hambre y me habían mandado al campo con mi madre. Mi padre se murió a consecuencia de las heridas. Para cuando terminó la guerra, yo tenía 11 años y podía entender ciertas cosas. Después, viajando por mi cuenta, conocí Europa. Vi las ruinas de lo que había sido Alemania y descubrí que muchos no alcanzaban a comprender las consecuencias de lo que había pasado y de lo que habían hecho. No podían hacer el duelo. Lo único que podían hacer era decir: no lo sabíamos, no lo hicimos, no fui yo. Hasta que lentamente la cosa decantó. Y debo decir que ahí los alemanes resultaron ejemplares viendo lo que pasó y lo que sus padres o sus abuelos habían hecho. Fue entonces cuando surgió la idea de Europa para no repetir los errores de Versalles, que los castigó reduciéndolos a nada, lo que en su momento había dado origen a Hitler. Sin embargo, para entonces había una mitad de Europa que ahora estaba excluida. Tuve también otra experiencia que, diría, me forjó. Una noche de 1956 me encontré con dos fotógrafos, periodistas que me dijeron: “Hay una revolución en Hungría, ¿quierés venir? Tenés 10 minutos. Yo también era periodista y escritor en ciernes, y no pude rechazar la invitación. Cuando llegamos, lo que vi me cambió la vida y mi visión política. Ver a esos agentes de la policía secreta, mutilados en el suelo con dinero en la boca y la gente que los escupía. Y nosotros sabíamos que los rusos vendrían… Yo había sido izquierdista y estaba acostumbrado a estar del otro lado, pero después ocurrió eso. Recuerdo que hubo una reunión del sindicato de escritores que querían echar a un escritor comunista. Entonces les dije: están cometiendo el mismo error que ellos. Yo sabía que cuando los rusos cerraran la frontera estarían allí durante años. Y después, los cuerpos mutilados y los muertos en medio del movimiento de camiones y de soldados soviéticos que cerrarían el país por treinta años, mientras la OTAN y los Estados Unidos permanecían quietos. Haber visto eso y mi estancia en Berlín del Este, contribuyeron a que perdiera la inocencia. Después discutí muchísimo con mis amigos de izquierda.
-Usted me ha hablado del norte de Europa. ¿Cuándo descubrió el sur y qué le significó ese descubrimiento?
-Europa era un lugar triste cuando yo tenía 17 años y empezaba a viajar. Todavía estaba destruida, gris. Y yo empecé a hacer dedo. Recuerdo que fui a Arles y a Provenza –eso lo cuento en mi primera novela, un libro que ahora veo como muy inocente– y me dije que era así como había que vivir. Había luz, la comida. Y fui a Italia, que me pareció fantástica, una suerte de opera bufa. Y después a España que me enamoró a pesar de Franco. Ya ve, tengo de verdad una identidad europea.
-Sí, pero, ¿en qué consiste?
-En una serie de datos comunes que hacen que, cuando leo un diario en Italia, siendo holandés, sepa de qué se trata. También en poder leer a Franz Kafka, a Milan Kundera, o a Sandor Marai sobre una base de conocimiento compartido. Esa Europa, que los políticos torpemente quieren vender como si se tratara de algo excepcional, siempre existió. Voltaire hacía imprimir sus libros en Holanda y Mozart tocaba en París. Entonces, Europa, su idea como conexión cultural, siempre existió. Eso fue lo que les permitió a los políticos establecer una Comunidad Europea.
-¿Y qué lugar les quedó a los artistas y a los intelectuales?
-Siempre pensé en las palabras del poeta estadounidense Robert Lowell después de haber sido invitado a la Casa Blanca por Kennedy: “Sólo nos usaron como decoración para la vidriera”. Eso es lo que hicieron y hacen los políticos. Si no, fíjese cuál es el presupuesto para cultura en la mayoría de los países de Europa. Y en la actualidad, claro, la única cuestión real parece ser el dinero.
-¿Qué pasó con su libro “Cómo ser europeos”?
-Mi libro no fue entendido. Fue leído simplemente como un cuento de hadas. No sé si usted leyó En las montañas de Holanda .
-No. No lo he leído.
-Es un libro anterior, que no es político para nada. Es, precisamente, sobre el norte y el sur, pero esta vez sí con la forma de un cuento de hadas. Transformé a Holanda en un gran país que llegaba hasta los Balcanes, basándome en “La Reina de la Nieve”, un cuento de hadas de Hans Christian Andersen. Traté de escribir una parábola sobre el norte y el sur, uno híper organizado y desarrollado y el otro, caótico y atrasado. Digamos que en todas partes hay un norte y un sur. Ahora, en España, los catalanes no quieren pagar por los andaluces, y los italianos de la Liga del Norte no quieren pagar por los italianos de Sicilia. Alemania no quiere pagar por los griegos y en Holanda o Suecia surgen movimientos de ultraderecha que refiriéndose a los vecinos del sur, dicen: “No nos gusta esta gente. ¿Por qué tenemos que ayudarlos?”.
Durante la charla, que transcurre en inglés, Nooteboom pasa insensiblemente de una lengua a la otra. Como buen holandés, habla varios idiomas y cita en francés y en alemán, hace acotaciones en castellano, pero sólo escribe en neerlandés.
-Usted escribe en un idioma minoritario y ha sido traducido a muchísimos idiomas.
-En castellano mis libros fueron publicados por la española Siruela…
-Y son carísimos…
-…razón por la cual, ahora que he pasado a De Bolsillo en Random House, resultó más accesible al bolsillo de los argentinos y van a poder leerme.
-Puedo entender que la narrativa y el ensayo pasen bien de una lengua a otra. Pero, ¿qué pasa con la poesía?
-La poesía también ha sido traducida. Hay un libro, Así pudo ser , que he traído, pero que no está en América Latina. En Bogotá, leí de ese libro de poesía en la Casa Silva y les pregunté a mis amigos cómo les sonaba. Me dijeron que las traducciones les parecían bellas.
-Sé que, además de haber leído en Bogotá, también estuvo en el Festival de Poesía de Medellín.
-Una curiosa experiencia. Leí ante cuatro mil personas, lo que, para alguien como yo, que soy un poeta de cámara, resulta excesivo. Recuerdo que había un poeta turco que leyó algo sobre el Che Guevara y desató una ovación de la multitud. Pura demagogia. Agradezco la invitación que me hicieron, pero me siento más cómodo en otro ámbito.
-¿Todos sus poemas pueden ser traducidos?
-No. Sé que muchos son intraducibles debido a los dobles sentidos. Podría explicarlos, pero no sé si la poesía debe ser explicada… Ahora encontré una nueva editorial en España, llamada Calembour, y me van a traducir un libro de poemas en prosa llamado Autorretrato de (un) otro . Los españoles dicen que mis poemas pasan bien, pero es muy difícil juzgar. Creo que el estilo en otro idioma es una proposición difícil. Mi nuevo traductor se llama Fernando de la Banda, es un académico, es profesor de holandés o algo así y a mí me parece muy bueno.
-Supongo que su éxito debe tener origen en alguna traducción afortunada.
-Efectivamente. Mi vida cambió cuando los alemanes empezaron a publicarme. Un editor alemán convirtió a uno de mis libros en lo que la gente quería leer. Los editores de España, Francia e Italia han sido constantes. Ahora, supongo, también me podrán leer en la Argentina.
-Usted ya vino varias veces al país.
-Sí. De hecho, mi último libro trata en parte sobre la Argentina. Ya salió en Holanda, pero todavía no ha sido traducido. Es sobre un viaje en barco desde Valparaíso, hasta Montevideo, rodeando el Cabo de Hornos. Vale decir, estuvimos en Ushuaia. También, en Río Gallegos. Y nos conmovió tanto Ushuaia que, cuando dejamos el barco volamos de nuevo a Ushuaia y alquilamos un auto para viajar hasta Purmamarca.
-¿En qué circunstancias transcurrió ese viaje?
-Son las ventajas de ser famoso en Alemania. Me pidieron que diera dos conferencias en un crucero de los antiguos, no en esos de lujo que parecen hoteles flotantes. Lo hice con mi amigo Rûdiger Safranski. El escribió una biografía de Heidegger. Dimos juntos una charla y dos por separado para unas 25 personas. Eso pagó todo el viaje. Estuvimos aquí un tiempo. Recuerdo haber visto mi libro Rituales en español, en versión de tapa dura. Costaba 42 dólares y yo pensé: “Nadie va a comprarlo”. Yo era muy caro en ese momento.

FICHA
III Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires
Fecha: del 9 al 18 de septiembre
Participan: John Coet zee, Cees Nooteboom, Luis Chitarroni, Andrés Barba, Kjell Askildsen y Luis Sepúlveda, entre otros.
Informes : www.filba.org.ar

LOS PREMIOS

Después de 11 años, vuelven a entregar los Premios Nacionales

Los reconocimientos deben ser anuales y el Gobierno los repone en su octavo año de gestión. Consisten en 50 mil pesos y una pensión equivalente a cinco jubilaciones mínimas.

POR GUIDO CARELLI LYNCH

Tenía que ser ella. Sentada en la tercera fila de las sillas del público en general, y no de los premiados, en el primer piso del Palais de Glace, la poeta Diana Bellessi explicó en pocas palabras la importancia de los Premios Nacionales que ayer volvieron a entregarse después de once años. “Los artistas estamos acostumbrados a los honores, pero no al dinero. Este premio está dotado no sólo con el dinero puntual, sino con una pensión que tranquiliza y celebro”, explicó la flamante ganadora del Premio Nacional de Poesía, que no se otorgaba desde 1994, cuando lo ganó Juan Gelman.
Los primeros premios reciben 50 mil pesos y una pensión vitalicia equivalente a 5 jubilaciones mínimas; los segundos, $30 mil y los terceros $17 mil.
La ceremonia comenzó 45 minutos tarde, a las 19.45. Tom Lupo fue el encargado de moderar el encuentro. Entre los más de 300 presentes se mezclaban jurados como el psicoanalista Germán García y amigos de los premiados, como el editor Luis Chitarroni o la escritora Ana María Shua.
El director de Industrias Culturales de la Nación, Rodolfo Hamawi, reconoció el retraso de los Premios Nacionales: “Antes hubo otras prioridades. Se trabajó en la federalización de la cultura, en industrias culturales. Era una deuda de la Nación con sus creadores. Ahora podemos decir que están vigentes otra vez”. Y anticipó que las disciplinas premiadas el próximo año serán “Literatura infantil”, “Comedia musical e infantil”, “Jazz y melódico” y “Ensayo filosófico y pedagógico”.
Rafael Spregelbrud, ganador del Premio Nacional al mejor Texto Dramático, festejó: “hay veces que los premios no se entienden, pero en éste los jurados son colegas que conozco y admiro”, señaló para refererise a Alejandro Tantanian y Mauricio Kartun, entre otros.
Eduardo Grüner, ganador por el mejor Ensayo Político, dijo que “los Premios Nacionales siempre fueron una política de Estado y por eso celebro que hayan regresado. Nunca deberían haberse dejado de otorgar”.
José Castiñeira de Dios, director nacional de Artes y el ministro Coscia recordaron al músico y compositor Chango Farías Gómez, que falleció el martes y era uno de los jurados de de Tango y Folclore. Lo mismo hizo la ganadora de ese rubro, Teresa Parodi, antes de subir a recibir el último galardón de la noche. Y luego expresó su alegría por el regreso del premio, “porque elige la calidad y tiene un jurado de excelencia”.
El brindis del final, amenizado por el cuarteto Gran Tango.

sábado, 27 de agosto de 2011

Entrevista a Manuel Rivas























“Para hablar del pasado la novela tiene la audacia que no tiene la Historia”



Considerado como uno de los máximos exponentes de la literatura gallega, el escritor visitó la Argentina para participar de un seminario sobre historia y literatura. La Guerra Civil Española está en el centro de su narrativa.
  Considerado uno de los mayores escritores actuales de la narrativa gallega y, por refracción, de España, Manuel Rivas nació en La Coruña en 1957. Sus obras han sido adaptadas al cine con éxito: La lengua de las mariposas (concebida a partir de su novela ¿Qué me quieres, amor?) o El lápiz del carpintero. Pero Rivas, además, es ensayista, novelista, poeta, ambientalista, y colabora en el diario El País de Madrid. Sus obras breves son Ella, maldita alma (Ela, maldita alma) (1998), La mano del emigrante (2002), y Las llamadas perdidas (2003). Ha recibido premios su obra teatral El héroe (2005). Rivas, que ha escrito que “la novela tiene la audacia que no tiene la Historia para hablar del pasado”, vino a hablar sobre las relaciones peligrosas, y las afinidades entre historia y literatura, en el marco del seminario dirigido por el escritor argentino Alberto Manguel en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

–En tus novelas no dejás de remitirte a la Guerra Civil. ¿Por qué el tema sigue siendo importante?
–Porque yo creo que en España no solucionamos el problema de Antígona: enterrar a nuestros muertos. El primer mandato ético no se ha cumplido: seguimos deso-bedecido ese mandato: las leyes humanas no pueden prevalecer sobre las divinas. Esto aparece en la Ilíada, cuando Aquiles maltrata el cuerpo de Héctor, y una asamblea de dioses dictamina que esto no puede ser así, que el cuerpo de Héctor debe ser entregado a sus pares, a su familia. Es la primera lección ética que aparece en la literatura. Y en España, eso no se cumplió, aún estamos con el complejo de Creonte. Hay que gente que, aun hoy, dice que no hay que mirar el pasado. Que no hay que ocuparse de la guerra (pero cuando se les pregunta a ellos qué es lo que quieren, dicen: “La época de los reyes católicos, ¡hombre!” En términos psiquiátricos, esto se llama amnesia retrógrada, esas personas que deciden borrar una parte de su vida. Y quieren imponernos una amnesia retrógrada. Y sin embargo es necesario seguir investigando ese período. Yo creo que ahí está nuestra novela negra, nuestra novela policial… Ha sido, por último, la nuestra, una guerra que contiene las guerras del pasado y las de futuro. Por eso concitó tantos intereses, y tanto interés planetario. Una guerra que es también la derrota de la humanidad: no olvidemos que en el bombardero de Guernica se utilizó por primera vez el napalm. Se bombardea conscientemente a civiles, se producen desapariciones masivas, ya no se mata y se entierra, el adversario desaparece: y en España tenemos más de 100 mil desaparecidos. No se trata de mirar el pasado como objeto de taxidermia histórica, de algo ya perdido en la noche de los tiempos, sino como algo que todavía da que pensar sobre nosotros mismos, sobre nuestro tiempo. Porque lo interesante es que allí se juntaron todos los vientos.  
–Escribiste: “El Iluminismo y el galleguismo han sido derrotados, pero no sus ideas.” ¿A qué te referís, concretamente con esa frase?
–En gran parte los ideales del Iluminismo y el galleguismo son comunes. A veces predomina la visión equivocada de que los términos son contradictorios. Que el galleguismo es una reivindicación local, por lo tanto reaccionaria. Para entender las cosas, es preciso un esfuerzo en la comprensión y el conocimiento. Lo decía Miguel Torga, gran escritor portugués: lo universal es lo local sin paredes. Por eso es posible pensar el mundo desde Galicia, porque sólo se puede amar la humanidad si se ama lo local. Galicia renació en la Argentina, y sobrevivió en la diáspora. Aquí se desarrolló la cultura, el arte, hubo un enorme desarrollo editorial: aquí murió, por ejemplo, Daniel Castelao, que publicó lo que es considerado la “Biblia gallega”, un libro clave para entender el galleguismo. Los ilustrados gallegos inician el movimiento gallego: los valores no valen si sólo son abstracciones. Los ideales de la Ilustración fueron retomados por los gallegos, para aplicarlos en Galicia y con vocación internacional. Esa mirada nos conecta con los tiempos de hoy: el lema de pensar globalmente y actuar localmente. 
–Existe una tolerancia que es del todo gallega, lo que lleva a que aun hoy, en la Argentina, con vastas comunidades gallegas, se hagan chistes sobre gallegos en base a un estereotipo descalificador, y no haya una impugnación institucional, legalista, como sí ocurre con otros grupos humanos, a otra comunidades.  
–El humor y la tolerancia, sí. Ahora bien, como decía Mark Twain, y lo repetía Castelao, detrás de un gran humor, hay un gran dolor. Pero respecto de la tolerancia, están por ejemplo la poesía de los siglos XII y XIII, redescubierta recién a finales del siglo XIX, que es una joya de la literatura universal. Y ahí hay poemas, los cancioneros gallegos, con temas, uy, altamente pornográficos… Es un país el de Galicia que tiene fama de tristeza, pero hombre, la melancolía no es tristeza. La melancolía es tener nostalgia del futuro, o de lo que tenemos pero de lo que no podemos tener, el ansia de querer cambiar: no es sólo un sentimiento del pasado. La cultura gallega es la retranca, el responder con preguntas, que tiene razones históricas. Es una mente, la de los gallegos y gallegas, muy abierta, que refleja una tolerancia sobre el otro. Fíjate que el himno gallego es el único en el mundo que enlaza interrogantes. Los himnos son cantos de guerra, de honor, bélicos, viriles. El himno gallego encadena preguntas, como qué dicen los árboles, qué es lo que está pasando. Esos interrogantes nos conectan con una tradición muy viva, la del panteísmo, que, dando un salto en el tiempo, nos lleva al ecologismo. La naturaleza no es “lo otro”, la otra mitad, sino que es parte de nosotros. Cuando se muere una luciérnaga, se muere también algo en nosotros.
–A algunas personas reivindicar la lengua catalana o gallega les parece una actitud separatista que no se corresponde con los tiempos que vivimos.
–A mí, escribir en gallego me lleva a celebrar el respeto por todas las lenguas. Se habla mucho del cosmopolitismo, pero creo que en eso hay mucho de lo que podríamos llamar “cosmopaleto”: la persona que se cree ciudadano del mundo, pero ignora todo, incluso lo que ocurre en la calle de al lado. Las lenguas, además, están hechas para abrazarse, para entenderse. Lo que sería un gran acto de ignorancia es desentenderse de las palabras que te rodean. “No eran dóciles al imperio de mi voz”, dicen que dijo un hombre que les cortó las orejas a indígenas que no querían aprender otra lengua. El amor por Galicia, su cultura, su lengua no proviene de una perspectiva excluyente-egoísta. Y fíjate que el lema en Galicia ha sido: “Galicia, célula de la Humanidad”. Además no puede ser de otra forma, en un país que existe por fuera de Galicia. Buenos Aires, de hecho, fue nuestra tierra prometida. Las ideas de modernidad, de redención, de libertad, de igualdad y fraternidad, son aplastadas en el 36 y la gente que consigue escapar, se establece en Buenos Aires porque había un hábitat que los acogió, sobre todos las comunidades ya instaladas. Galicia se murió, literalmente, no se podían publicar libros en gallego, y aquí en cambio estaban los mejores escritores, se fundan editoriales y revistas. Y sobrevive Galicia aquí. ¡La primera vez que yo leo la Biblia Gallega fue por un inmigrante gallego que la trajo a Galicia en una maleta, oculta, en doble fondo!  <

lunes, 15 de agosto de 2011

50 AÑOS del fallecimiento de Hemingway

Primera Guerra Mundial

Los Estados Unidos habían entrado en guerra el 6 de abril de 1917, y Ernest no quería perderse la ocasión de seguir al Cuerpo de Expedición Americano, como hicieron John Dos Passos, William Faulkner o F. Scott Fitzgerald. Debido a un defecto en el ojo izquierdo, fue excluido como combatiente. Consiguió que lo admitieran como conductor de ambulancias de la Cruz Roja y desembarcó en Burdeos a finales de mayo de 1918, para marchar a Italia.
El joven Hemingway a bordo de una ambulancia en la I Guerra Mundial.
El 8 de julio de 1918 fue herido de gravedad por la artillería austriaca. Con las piernas heridas y una rodilla rota, fue capaz de cargarse a hombros un soldado italiano para ponerlo a salvo. Caminó 40 metros hasta que se desmayó. La heroicidad le valió el reconocimiento del gobierno italiano con la Medalla de Plata al Valor. Estuvo a punto de perder su pierna de no mediar la intervención de una enfermera, Agnes von Kurowsky, con quien comenzó una relación sentimental (ella era mayor que él). Durante su recuperación en el hospital de Milán, se enamoró de la joven enfermera y le pidió matrimonio, sin embargo, él regresó a su país, y aunque la esperó, nunca se casaron. Este hecho afectaría de por vida a Hemingway.


Entreguerras: París y la Generación Perdida
 
Hemingway regresó a Estados Unidos en enero de 1919, reanudando su trabajo como periodista en el Toronto Star y como redactor del mensual Cooperative Commonwealth. Se casó con Elizabeth Hadley Richardson, quien era 8 años mayor que él, el 3 de septiembre de 1920. La pareja se trasladó a París en 1922. Allí, al año siguiente nació su primer hijo, John Hadley Nicanor Hemingway (Nicanor en homenaje al torero Nicanor Villalta), al que llamaba Bumby. En París conoce los ambientes literarios de vanguardia y se relaciona con los miembros de la llamada «Generación Perdida»: Gertrude Stein, Ezra Pound y F. Scott Fitzgerald entre otros. La familia Hemingway vivía en un austero piso, pero cuando Ernest escribía a su familia les contaba que vivían en la mejor zona del Barrio Latino. Sus comienzos literarios no fueron nada fáciles. Sus primeros trabajos: Tres relatos y diez poemas (1923) y En este mundo (1925) pasaron inadvertidos. Ernest se ganaba la vida como corresponsal y viajó por toda Europa. También se empleó como sparring para boxeadores y «cazaba» palomas en los Jardines de Luxemburgo cuando sacaba a pasear a su hijo, pues los ahorros mermaban y no ganaba mucho.
Escritorio de Hemingway en Key West, Florida.

Nueva etapa

El año 1925 supuso el descubrimiento de Hemingway para los editores americanos, y el año en que escribió su primera novela, Fiesta. Entonces Hemingway vivía en el centro de Valencia. El nuevo estilo que mostró en este libro, retrato del París bohemio de los años veinte y buena parte de inspiración autobiográfica, dejó atrás una literatura más experimental y oscura, resultando más impactante y exitosa. También en Muerte en la tarde relata sus experiencias en Pamplona, España, país que ya comenzaba a adorar, y en el que aún hoy quedan testimonios de su presencia.
En 1929, edita Adiós a las armas, novela de contenido autobiográfico, ya que está basada en su paso por la guerra y sus experiencias en el frente de batalla. Le siguen dos ediciones más optimistas, que tratan dos temas que le apasionaban: la corrida de toros, en Muerte en la tarde, y África, en Verdes colinas de África (1935). En 1928 regresa a Estados Unidos con su segunda esposa, pero pronto parte hacia Cuba. A partir de ese momento, comienza en él una curiosa y definitiva transformación. Se aleja del individualismo, como puede advertirse en Tener y no tener (1937), que describe el fracaso de una rebelión individual, y se compromete con la lucha humanitaria y con la unión de las personas. Compromete su escritura en esta nueva etapa con los republicanos españoles durante la Guerra Civil Española, compromiso del que da testimonio en el guion del filme documental Tierra española, en la obra de teatro La quinta columna (1938) y por supuesto en Por quién doblan las campanas, obra maestra de la literatura universal.

Segunda Guerra Mundial

Estalla la Segunda Guerra Mundial. Su destino era el mar de las Antillas y su misión, patrullar con el fin de capturar barcos de bandera nazi. En 1944 viaja a Europa como corresponsal de guerra, participa en misiones aéreas de reconocimiento en Alemania y forma parte del desembarco en Normandía, siendo uno de los primeros corresponsales en entrar en París. Hasta 1950 no vuelve a escribir. Al otro lado del río y entre los árboles es su primera publicación después de aquellos turbulentos años de guerra.
Casa de Burguete, Navarra, en que se hospedó Hemingway.

El viejo y el mar

Hemingway con sus hijos en Finca Vigía, Cuba.
Hemingway vivió casi 20 años en Cuba, en una casa llamada «Finca Vigía», donde escribió esta novela. En 1952 sorprende con un breve relato encargado por la revista Life, El viejo y el mar, por el que recibe el premio Pulitzer en 1953.
La historia narra la experiencia de un viejo pescador que ha tenido una mala racha y sale de pesca decidido a terminarla. Un año más tarde obtendrá el Premio Nobel de Literatura por el conjunto de su obra. Antes de recibir el premio, Hemingway repitió varias veces que «el premio pertenecía a Cuba»1 y después de recibir el Nobel dijo que era el primer «sato cubano que recibía este importante premio».2
Hemingway mantuvo una relación de amistad con el gobernante de Cuba Fidel Castro.

Últimos años

Hemingway en 1950, a bordo del «Pilar».
A partir de ese momento intenta escribir una novela sobre la Segunda Guerra Mundial, que finalmente nunca concluiría. Y vuelve en nuevos relatos a aquellos años de juventud en París y España (París era una fiesta), lugares en los que fue «muy pobre, pero muy feliz», añorando la sensación que le provocaba ser un joven soñador, valiente y arriesgado, que no sólo escribía sobre acontecimientos que un día pasarían a ser parte de la historia, sino que además era parte de ella.
El 2 de julio de 1961 se disparó a sí mismo con una escopeta. Dada la ausencia de una nota de suicidio y el ángulo del disparo, es difícil determinar si realmente su muerte fue autoinfligida o si fue un accidente. Se presume que una posible causa fue la enfermedad de Alzheimer que se le fue diagnosticada poco antes, así como su marcado carácter depresivo y su alcoholismo.
En el año 2006 se hizo público que Ernest Hemingway relató sus experiencias en la guerra a Arthur Mizener, profesor de literatura de la Universidad de Cornell, a quién confesó: "He hecho el cálculo con mucho cuidado y puedo decir con precisión que he matado a 122 prisioneros alemanes". "Uno de esos alemanes era un joven soldado que intentaba huir en bicicleta y que tenía más o menos la edad de mi hijo Patrick", contó. Patrick había nacido en 1928, de modo que la víctima debía tener 16 o 17 años. El escritor le cuenta a Mizener que le "disparó a la espalda con un M1". La bala, de calibre 30, le dio en el hígado.
En una de sus cartas a su última esposa Mary Welsh en 1944, Hemingway escribió: "Muchos muertos, botín alemán, tantos tiroteos y toda clase de combates".
Pero en otra misiva enviada a su editor, Charles Scribner, en agosto de 1949 - cuatro años después de finalizada la Segunda Guerra-, relató: "Una vez maté a un kraut de los SS particularmente descarado. Cuando le advertí que lo mataría si no abandonaba sus propósitos de fuga, el tipo me respondió: Tú no me matarás. Porque tienes miedo de hacerlo y porque perteneces a una raza de bastardos degenerados. Y además, sería una violación de la Convención de Ginebra. Te equivocas, hermano, le dije. Y disparé tres veces, apuntando a su estómago. Cuando cayó, le disparé a la cabeza. El cerebro le salió por la boca o por la nariz, creo".

Descendencia

El primogénito de Ernest Hemingway, Jack John Hadley Nicanor Hemingway, Bumby, también fue escritor y además fue abuelo de las conocidas modelos y actrices Margaux Hemingway y Mariel Hemingway (nacida en 1961), quien también se convirtió en escritora.
Margaux Hemingway (nacida en 1954) padecía de depresión autodestructiva y se suicidó el 1 de julio de 1996, un día antes del aniversario de la muerte de su famoso abuelo.

Ateísmo

En su libro de 1988, "Intellectuals," el escritor Paul Johnson establece que Ernest Hemingway, el veterano de la primera guerra mundial 3 "no solo no creía en dios sino que veía la religión como una amenaza a la felicidad humana"

fuente: Wikipedia