ADVERTENCIAS A MÍ MISMO

en novelas, relatos, ensayos. Escritura

sábado, 8 de marzo de 2014

Cumpleaños 87 del GABO

García Márquez Mario Guzman | EFE
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ festejó su cumpleaños 87 de muy buen humor en la intimidad de su casa de la capital mexicana, según constató Efe. El nobel de literatura salió pasado el mediodía a la puerta de su residencia, ubicada en el sur de Ciudad de México, a saludar a más de una decena de periodistas y fotógrafos que desde temprano hacían guardia para verle.
Gabo, muy sonriente y ataviado con un traje gris oxford y camisa azul claro, escuchó las tradicionales Las Mañanitas en México, mientras sostenía un ramo de rosas amarillas, su color favorito.
El escritor colombiano, quien estaba acompañado por su secretaria y una amiga de la familia, se sumó al grupo de periodistas que le cantaban y les aplaudió al finalizar la canción dedicada a los cumpleañeros en México. No hubo declaraciones del autor de Cien años de soledad, pero su secretaria repartió mariposas amarillas de papel entre los periodistas y una admiradora que llegó hasta la casa del escritor para pedirle un autógrafo.
García Márquez no tiene programado hacer nada especial hoy, dado que sus familiares y amigos más cercanos le festejaron su cumpleaños en una comida celebrada dos días atrás.
Desde temprano recibió de sus amigos varios ramos de flores, principalmente rosas amarillas y orquídeas, así como un pastel. El autor de El amor en los tiempos del cólera llegó a México en 1961 y actualmente vive en el exclusivo barrio de Jardines del Pedregal, junto a su mujer, Mercedes Barcha, y asiste a pocas actividades culturales o sociales.
García Márquez Mario Guzman | EFE

viernes, 7 de marzo de 2014

EVOCACIONES

Marta Minujín arma 70 rayuelas en Francia para evocar a Cortázar

Desde ayer, la vida, la obra y la novela emblemática del escritor, Rayuela, ocupan la capital francesa. Además de la propuesta interactiva de la pionera argentina del arte efímero, habrá múltiples actividades culturales y artísticas.




La figura del escritor argentino Julio Cortázar, así como su obra, su vida en París y en especial su más célebre creación, la novela Rayuela, ocupan la capital francesa desde ayer y hasta el 9 de marzo con actividades literarias y artísticas, según indica una información de la agencia Efe.
Pionera de la "performance" y el arte efímero, la artista plástica Marta Minujín mostrará en la plaza del Palais Royal su obra Rayuelarte. Se trata de una forma personal de entender el juego de la rayuela, en forma de intervención urbana participativa, con actuaciones de payasos y artistas callejeros. Minujín presentó este trabajo en Buenos Aires en 2009, que consistió en invitar al público a jugar al tradicional juego en pleno centro porteño. 
A las actividades también se suman artistas argentinos residentes en París o con un vínculo estrecho con esa ciudad, donde Cortázar vivió desde comienzos de los cincuenta hasta su muerte, en febrero de 1984. Se trata de las escritoras Silvia Baron Supervielle, Laura Alcoba, Roxana Páez y Ariana Harwicz. Junto con el fotógrafo Daniel Mordzinski evocarán al autor argentino con lecturas de extractos de sus textos y fotografías, a veces al son de free jazz, la música preferida de Cortázar. Además, bajo la pirámide invertida del Carrousel del Louvre, habrá danzas y clases magistrales de tango gratuitas para celebrar al creador de Historias de cronopios y de famas.
En pleno año Cortázar –el 26 agosto se cumplirá el centenario de su nacimiento y se acaban de conmemorar 30 años de su fallecimiento– estas actividades fueron promovidas por el ministro de Cultura de Buenos Aires, Hernán Lombardi, junto con la presidenta del comité de animación cultural del distrito I de París, Carla Arigoni. Así se pretende recordar la figura de Cortázar, aunque la grilla de actividades se inscribe igualmente en el marco del Día de la Mujer y la Primavera de los Poetas, según indicó Arigoni a Efe.
También Minujín dialogó con la prensa. Recordó que la iniciativa original de Rayuelarte se enmarcó en el 25º aniversario de la muerte de Cortázar. La experiencia parisina replica la intervención porteña que se realizó en la avenida 9 de Julio. En esta oportunidad, al igual que entonces, se extenderán 70 rayuelas de seis metros cada una, donde la gente podrá jugar y evocar una de las obras emblemáticas de Cortázar, publicada por primera vez en 1963.
Será la segunda ocasión de descubrir las rayuelas multicolores y fluorescentes de esta artista, quien vivió en París en la década de los '60 y que conoció a Cortázar, entre varios artistas. El juego comenzará mañana, y quien llegue al cielo tras jugar diez rayuelas sucesivas con alguna de las 70 piedras mágicas rosas y fluorescentes –talladas en poliestireno y firmadas por Minujín– recibirá de premio una de las 70 "minirayuelas chiquititas" de 70 centímetros.
Los concursantes serán guiados por una decena de personas con sombrillas de colores al son del saxofón. Será algo "muy alegre y festivo, le va a dar color al Louvre", aseguró Minujín. "Él se inspiró en el juego de la rayuela para hacer su libro y yo en su libro para hacer esto", destacó. Es un desafío y "un juego de arte" en el que "los participantes son también una obra de arte", pues sin ellos no habría obra posible, comentó la artista. Resaltó además que la idea vuelve así "a la verdad de la rayuela, que es el origen del juego", relacionada con la probabilidad y el azar, con la habilidad, con el "happening", el tiempo y el espacio. Si la gente juega, "mi obra tiene éxito, funciona; si no, la obra no existe", consideró Minujín, quien viajó a París cargada con 500 kilos de peso, consciente de que se arriesga "a que nadie quiera jugar", aunque es probable que eso no suceda. No obstante, ella tiene previsto retornar a Argentina de inmediato. Le espera un lobo marino hecho con envoltorios de alfajores de diez metros de altura en el Museo de Arte Contemporáneo de Mar del Plata, que vivirá su momento estelar el 13 de abril. Ese día, el lobo marino se desmontará y la gente podrá canjear los envoltorios por alfajores en un conocido local de la zona balnearia.  «
 
 

viernes, 21 de febrero de 2014

Una biografía de GORE VIDAL


Una biografía escarba en la parte más personal y polémica del que fuera uno de los referentes intelectuales del pasado siglo en Estados Unidos


En 2009, Tim Teeman entrevistó a Gore Vidal para «The Times». Durante la charla, que transcurrió en Londres, el periodista preguntó alescritor si era feliz. «¡Vaya pregunta!», respondió, y acto seguido le dijo con una sonrisa traviesa: «Te contestaré con una frase deAeschylus: ‘No llames feliz a ningún hombre hasta que muera’». Aquella frase marcó a Teeman, quien, como tantos otros periodistas, se quedó impresionado por la inmensidad del personaje, su talante y su fachada, aunque entonces ya había comenzado el declive de Vidal, que falleció en julio de 2012.
Al poco tiempo, un editor se puso en contacto con Teeman y le preguntó si le gustaría escribir un libro sobre la vida privada de Gore Vidal. Ya eran numerosas las aproximaciones literarias a la figura del estadounidense (especialmente la biografía escrita Fred Kaplan), pero la conversación entre Teeman y Vidal había transcurrido por otros derroteros más «personales» y el periodista británico decidió aceptar el reto. «En la entrevista hablamos de sexo y de su vida privada», explica Teeman en una cafetería cercana a la sede de «The New York Times», donde ahora trabaja. «El título del libro (‘En la cama con Gore Vidal’, Magnus Books) tiene un doble sentido, tanto sexual como lo que significaba estar cerca de él, saber lo que pensaba y le motivaba», asegura.
La vida secreta de Gore Vidal
ABC
Cubierta del libro escrito por Tim Teeman
El resultado es un libro que escarba sin pudores en la vida de Gore Vidal. Aborda su condición dehomosexual (dedica un capítulo entero aHoward Austen, su pareja durante 53 años), su polémico carácter, sus relaciones con lasmujeres («muy profundas, aunque no sexuales»), su debilidad hacia el poder, su devaneos políticos y, en definitiva, retrata como nunca antes a la persona más allá del mito. «Gore Vidal aseguraba que era bisexual. Pero era homosexual, compartía su vida con otro hombre y, siendo adulto al menos, sólo se acostaba con hombres», asegura Teeman. De hecho, «amaba y cuidaba a Howard Austen (quien murió en 2003 dejando al escritor sumido en el más absoluto desconsuelo) mucho más de lo que nunca llegó a reconocer».
A lo largo de las 279 páginas descubrimos que Gore Vidal frecuentaba a chaperos y que mantuvo relaciones sexuales con estrellas de Hollywood como Rock Hudson, Tyrone Powery Charles Laughton. «A Gore le encantaba elsexo, pero solo si se practicaba según sus condiciones. Escribía por la mañana y por la tarde, mantenía relaciones sexuales a media tarde y luego bebía y se socializaba. Bebía mucho y en sus últimos años fue un grave problema. Eso combinado con su demencia hizo que injuriase a su familia y a sus amigos más cercanos. Su decadencia fue sucia y triste», explica el autor del libro.
Antes de llegar a ese punto, las personas más importantes de su vida fueron el propio Austen, Claire Bloom, Paul Newman, Joanne Woodward y Muzius Gordon Dietzmann. Teeman cuenta en el libro que «le gustaba bromear sobre la existencia de un ‘comité secreto’ en el que las celebridades de Hollywood (entre ellas Marlon Brando) experimentaban con nuevas combinaciones sexuales». En 1948, el escritor conoció a Tennessee Williams en Roma y éste se quedó prendado de él, pero el sentimiento no era recíproco (después de una noche de fiesta, Williams le sugirió que fueran a su casa y Vidal le dijo: «No seas tan macabro»). Se sentía más atraído hacia «hombres-hombres» como John Fitzgerald Kennedy (con Jackie tuvo una relación muy estrecha, al igual que con Hillary Clinton) o Paul Newman.

Gore Vidal y las mujeres

En cuanto a las mujeres, según explica el escritor Jay Parini en el libro, «una vez le pregunté a Gore si se había acostado con Anaïs Nin. Él dijo, ‘lo hice, pero no me gustó, así que no la considero una de mis conquistas. Tienes que disfrutarlo para que sea real’». El problema fue que para ella sí había sido real y Nin se quedó despechada y sin consuelo, tal y como explicó en una carta a un periodista en 1974 en la que tachaba a Vidal de «hipócrita». En este sentido, el editor Jean Steinconsidera que Vidal «quería a Joanne Woodward (incluso se plantearon casarse), pero sospecho que amaba a Paul Newman tanto como a Joanne, si no más». Aunque una de sus amigas más cercanas fue la Princesa Margarita, con la que Vidal mantuvo una larga relación de la que deja constancia una suculenta correspondencia.
Según Teeman, Gore Vidal «amaba a las estrellas de Hollywood y le encantaba relacionarse con ese mundo». Escribió guiones y programas de televisión, hizo «algunas cosas bastante radicales (en “Ben-Hur” aseguró haber incluido una implícita escena homosexual entre Ben-Hur y Mesala) e incluso llegó a actuar en algunas películascomo ‘Gattaca’». Eso fue antes de mudarse a Nueva York atraído por la agitada vida cultural de la ciudad. Al poco tiempo, se trasladó aItalia (dicen que porque no soportaba que Truman Capote se hubiera convertido en el «rey literario» de Manhattan), primero a Roma y después a Ravello, donde adquirió una espectacular propiedad en la que instaló un telescopio que apuntaba directamente a la piscina deRudolf Nureyev para poder observarle con detalle. En esa casa pasó largas temporadas Susan Sarandon, quien descubrió allí que estaba embarazada de su hija Eva (fruto de su relación con el cineasta Franco Amurri).
Ni en Italia, ni en Nueva York, ni en Hollywood olvidó su ambición política. «Le viene de su abuelo, que fue senador. Era muy amigo de Jackie y no tanto de JFK (según escribió Isherwood en su diario en 1960, Kennedy llego a plantearse a Vidal como ministro de Cultura). Fue candidato al Senado en dos ocasiones, pero fracasó. Era uno de los comentaristas políticos más mordaces y brillantes porque estaba impregnado de su cultura y su pasado. Tenía un conocimiento asombroso de la historia».
En definitiva y como sostiene el autor del libro, Gore Vidal «era un hombre complejo». «Su actitud hacia la sexualidad era filosófica y genuina, y estaba enraizada en su educación, su generación, su clase y su idea de que gay significaba marginado y sin poder, dos cosas que Gore evitaba». Era un «maestro de su propia invención. Le gustaba parecer frío y tener todo bajo control. Era arrogante, pero tan brillante que siempre parecía natural y correcto. Hay quien pueda pensar que quedóatrapado por su propio personaje, pero también era cálido, amable y un gran apoyo para las personas cercanas a él. Es muy trágico que sualcoholismo y la demencia le terminaran alejando de algunos de sus principales seres queridos». No obstante, Gore Vidal llegó a decir en una entrevista en 1974 que le hubiera gustado que su epitafio fuera: «Cuando muera, me llevaré a todos vosotros conmigo».

Un legado de 37 millones de dólares para la Universidad de Harvard

lunes, 10 de febrero de 2014

ANIVERSARIO: JULIO CORTÁZAR

Aniversario. En el comienzo del “Año Cortázar”, donde se recordarán los 30 años de su muerte y el centenario de su nacimiento, se publica un álbum biográfico que recorre una vida signada por la literatura.
Todo indica que la obra inédita de Julio Cortázar es más vasta que su obra publicada, parte de la cual él dejó preparada para su edición; pero hay otra que todavía sigue siendo recuperada,  Aurora Bernárdez, su viuda y albacea, ha venido descubriendo las cajas chinas de un taller que, sin prisa y sin pausa, ocupaban otros pisos de su trabajo, tan casual como puntual.  Si Borges, por su lado, parece haber decidido anotar todos los libros de la Biblioteca Nacional para dejar una huella deliberada de su lectura; si Bioy Casares, por el suyo, editó su vasto Diario literal como una loza capaz de culminar su parricidio de Borges; Cortázar, en cambio, parece haber escrito en los varios pisos de su torre de Piranesi. Sólo que, asombrosamente, con la gratuidad fervorosa que define su relación con la escritura, no parece haber escrito para publicar otro libro pero tampoco para que nadie lea esos papeles. Hizo muy bien Aurora en llamar a la primera compilación de esos escritos Papeles inesperados . El titulo tiene la inmediata precisión suya, ese ligero sobresalto de estirpe cortazariana: anuncia que esos textos son papeles sueltos pero que su publicación es impuesta por los mismos. No se los podría haber llamado “Libro inesperado”, porque eso son la mayoría de los que se publican. Quizá César Aira podría haber escrito una brevísima novela sobre este Narrador que se imagina como Lector de su obra para ser su Personaje y poder escribirla.
Mi hipótesis, en efecto, es que la literatura de Julio Cortázar no es causal, pero tampoco casual. Tiene otra lógica de producción: no conoce principio ni final, es un acto completo, no un proceso. Es, en fin, un evento: no tiene linaje (autoridad) y no propone ni demanda (des-autorizada). Aurora Bernárdez me ha explicado que Julio dejó inéditos algunos libros que ella ha ido publicando porque entendió que no eran borradores (o sea, documentos de su obra en proceso) sino libros que él no había logrado publicar.  Recuerdo bien los dilemas de Galaxia-Gutemberg con la edición de las Obras reunidas de Cortázar. Fuera de dos tomos de Novelas y uno de Cuentos, ¿cómo ordenar ese material que resiste los imperativos de la clasificación editorial? La biografía de Keats, por ejemplo, es una caja de papeles sueltos, todo hecho a mano, y está en la biblioteca de raros de Harvard.  Es imposible imprimirlo, salvo como “libro de arte”, pero eso pertenecería ya al museo, mientras que este objeto, “ejemplar único,” es una suerte de libre animal de la escritura.  ¿Quién hubiera imaginado que su correspondencia ocuparía cinco tomos? Cada carta es más que una carta: es casi un diario, una biografía de la escritura y postula una tribu de interlocutores.  ¿Bastaría llamar miscelánea a los dos escenarios de escritura que organizó?
La vuelta al día en ochenta mundos y Ultimo round son gabinetes de la escritura, hechos de partidas y arribos, si bien el trayecto es el libro mismo, el primer mapa de un territorio imaginario. Una vez le pregunté a Julio Silva qué hicieron con la muñeca que desmembraron para fotografiar. La tiramos a un contenedor de basura, respondió, pero a poco Cortázar le dijo: “No podemos dejarla allí.” Y volvieron y la recuperaron. Ya no era una muñeca rota: era su relato.
El libro de dos autores
Mi primera conversación con Cortázar, en 1972, anticipaba estas notas. Me sorprendió la gravedad con que me asignaba tareas en la revista Libre , que él y Juan Goytisolo iban a dirigir en París. En esa época sus lectores se dividían en dos tribus distintas y ajenas: una prefería los cuentos, otra Rayuela . Cortázar estaba intrigado por la enemistad entre ambas tribus, y le gustó mi idea de que Rayuela no era una novela sino muchas. Pero había una que era la novela de Morelli. Yo quería reunir las Morellianas más otros textos suyos sobre el cuento en un tomito pretencioso, que fuese el manual secreto de la narrativa por venir. Julio, todo sea dicho, se entusiasmaba con esta clase de juegos de variables y variaciones; y sorprendentemente me dijo: Pero esa casilla de Morelli es tuya, es un libro del que eres autor, tendrás que firmarlo. ¡Pero, Julio, le dije, decepcionándolo, cómo voy a firmar un libro que tú has escrito! Me miró en silencio, y replicó: Entonces lo firmamos los dos.
Estábamos, claro, en Barcelona, donde la conversación era dominada por estos temas. Y Beatriz de Moura, a quien he llamado nuestra musa editorial, porque todos queríamos publicar con ella, nos invitó a cenar para hablar del librito en cuestión. De pronto, Beatriz nos dijo: Tenemos que hablar del contrato y de los derechos de autor. Los dos Julios se miraron en silencio, demudados. Eramos, claro, incapaces de hablar de dinero. Rápidamente me excusé: El autor es Julio, protesté. No, exclamó Julio, mi tocayo es el autor, yo sólo lo he escrito. (Evito las comillas para no presumir de exactitud y evitar ser citado). Beatriz, como siempre, nos llamó al orden: dividiremos los derechos, dijo. Diez años después, estando yo de profesor en la Universidad de Texas, en Austin, fui responsable de la adquisición de los manuscritos de Cortázar. Preparé allí la edición de Rayuela para la colección Archivos de París (coeditada con Saúl Yurkievich). Encontré que Cortázar había ensayado ocho ordenamientos distintos de los fragmentos: según los personajes, en números arábigos y romanos, a partir de colores... Buscaba organizar una novela que llamó “Mandala” Hasta que entendió que la novela era otra: un todo ya escrito, y que había que restar cada fragmento de esa suma para que la remisión sea su principio combinatorio; y esa resta cuajó en la metáfora de la Rayuela : en la hipótesis del juego y la libertad delHomo ludens . Mi signo es buscar, escribe Cortázar. Picasso, en cambio, dijo, como una amenaza: Yo no busco, encuentro. Es más nuestro el signo de la intimidad.
La obra visible y la invisible 
 Por lo demás, este centenario de Julio Cortázar bien podría demostrar que su obra “visible” se hace más joven gracias a su obra “invisible” (o inesperada). Convoca su lectura a una complicidad en la excepción: leer, nos dice, es leernos; dialogar en la intimidad de la inteligencia mutua con ironía y empatía. Esta es una operación delicada, de aprendizaje y atención, que hay que saber compartir; si bien siempre incluye su “tablero de instrucciones” para reencontrarnos en sus páginas. Pero no es prudente llamar a Cortázar “gran cronopio,” lo que lo convierte en un personaje de Astérix. Y tampoco es necesario ir a París para arrojar al Sena un paraguas roto. El hecho es que los jóvenes que lo leen por primera vez descubren que su lectura abre un espacio nuevo, un horizonte hospitalario, donde el juego es una forma de la inteligencia y el lenguaje la materia del mundo.
El taller de Cortázar 
El Diario de Andrés Fava (Alfaguara, 1995) es característico: Andrés Fava es protagonista de la novela El examen (escrita en l950 y publicada en l986) y su Diario pudo haber sido una parte de ese libro. Sin embargo, advierte Aurora Bernárdez, “quedó excluido del corpus de la novela” y fue conservado por el autor como un libro independiente y futuro. Tiene, así, el carácter no menos interesante de documentar el taller de Julio Cortázar. Fue escrito también en l950, y transparenta la proximidad del narrador, sus lecturas, proyectos, y en un párrafo (página 105) adelanta lo que será “Continuidad de los parques”. El Diario es un llamado a la fábula, al delicado y audaz trabajo de escribirlo todo de nuevo.
De allí que el libro empiece con la autoironía: “Diario de vida, vida de diario. Pobre alma, acabarás hablando journalese . Ya lo hacés a ratos.” El habla coloquial establece las distancias frente a la tradición sobreescrita del diario; mientras que “un tanguito alentador” advierte la perspectiva crucial de la escritura: “Sabé disimular.” Y un verso de Eduardo Lozano (“Mi corazón, copia de musgo”) sugiere los espacios de la escena: la intimidad, la escritura, la imagen. Así, hay que reconocer que la literatura es un “sacrificio de la verdad a la belleza”. La escena original (nombrar) se ha convertido en el escenario reflexivo donde ensayar la palabra religadora.
Eduardo Lozano fue un poeta argentino que colaboró en Sur y trabajó de bibliotecario en la Universidad de Pittsburgh, donde lo conocí. Había desaparecido de la literatura argentina, pero es notable que reaparezca en una página temprana de un libro póstumo de su amigo de juventud. Otro escritor argentino que fue amigo y protegido de Cortázar es Néstor Sánchez, narrador diferente, que frecuenté en Lima y Barcelona. Se hizo clochard en París, y cuando la policía lo detenía sólo mostraba un documento de identidad: la traducción al francés de su novela Nosotros dos , que Julio había celebrado. También ha desaparecido de la literatura argentina. Estaremos más solos si además desaparecen Enrique Molina y Héctor Libertella.
En esta papelería, la moral del artista joven va a definirse en tanto estado de “disponibilidad,” perspectiva que Cortázar desarrollará en una ética de la obediencia favorecida por el azar. Así, la escritura se define como “rigurosamente transmisible,” como un acto de comunicación plena. Esa conciencia formal impone la crítica de la prosodia, en virtud del “ritmo verbal” que desde la textura de su propia voz forja su prosa propia. Todo lo cual remite a una crítica del “realismo”, y a la reafirmación del espacio interior como la fuente de lo objetivo. Reveladoramente, la discusión lo lleva a plantearse un relato, que “nunca pude escribir bien”, porque requiere todavía imbricar “la literatura y lo objetivo” para liberar a la fábula. Ese relato será “Continuidad de los parques”, la semilla de la madurez creativa, buscada por este libro iniciático, gracias a un tal Fava que fabula la posible verdad de un escritor que, a sus cien años, sigue siendo parte del tiempo futuro. Porque con él recomienza, en cada lectura, la promesa de una fidelidad literaria mayor. No la ha apagado el gran desaparecedero argentino.

domingo, 19 de enero de 2014

JUAN GELMAN por ELENA PONIATOWSKA

Juan Gelman, militante








El 15 de agosto de 1994, invitados por el subcomandante Marcos, acudimos a la Primera Convención Nacional Zapatista en La Realidad, cerca de San Cristóbal, en las montañas del sureste mexicano, para la cual los zapatistas habían construido, en medio del bosque con troncos de árbol y lonas de gran tamaño, una nave como la de Fitzcarraldo, el personaje de Werner Herzog, absolutamente extraordinaria. De pronto, después de que saludaran desde un presidio improvisado los invitados de honor, Carlos Payán, Alberto Gironella (quien donó una magnífica pintura de Zapata que desapareció con la tempestad), Pablo González Casanova, Luis Villoro, doña Rosario Ibarra de Piedra, Eraclio Zepeda, Antonio García de León, Manuel Tello, el fotógrafo Heriberto Rodríguez y otros, cayó una tempestad que tiró a tierra las velas, es decir, el techo de la enorme tienda de campaña donde se celebraría el primer congreso zapatista. Ya el Sup nos había dicho antes de que cayera el primer aguacero que fue arreciando: No le hagan caso a la televisión, a la radio; no se pasmen, no se vendan, no se rindan, no se dejen, no tengan miedo, no se callen, no se sienten a descansar. Todos nos mojamos, nos enlodamos y absolutamente empapados fuimos a refugiarnos a otra tienda más o menos improvisada en la que mal que bien nos acomodamos para pasar la noche, alineados sobre la tierra mojada como sardinas. Éramos más de 70. Otros no corrieron con la suerte de un techo y pasaron la noche bajo el agua entre Durito, el escarabajo y el viejo Antonio que repetía Ocosingo, Oventic, Altamirano, Las Margaritas, La Independencia, Trinitaria. No te puedes dormir así, te vas a enfermar –me dijo Eugenia León, quien me prestó un pantalón que de tan largo me impedía caminar. Mariana Yampolsky, a quien le quitaron su cámara, la pasó muy mal. No puedo vivir sin mi cámara. Graciela Iturbide tomaba fotos con una pequeña que escondió en su bolsillo. Monsiváis decretó que se había torcido un tobillo y fue a pasar la noche en el único sitio en el que había un catre: la enfermería. Fui a visitarlo: Te pasas de listo. Jesusa Rodríguez encontró una hamaca y ofreció: El que sabe dormir en hamaca, que venga. Margarita González de León se preocupaba por la fosa séptica y el papel del excusado. Alguien dijo que el subcomandante Marcos, su pipa en la boca, se había asomado por una abertura a ver cómo íbamos y eso nos animó a todos. Al físico Manuel Fernández Guasti se le ocurrió sacar una pequeña guitarra y entonar con su jarana una y otra pieza recordándonos a Veracruz. Otros, agotados como Enrique González Rojo, pidieron que se callara y los dejara dormir. La mayoría nos lamentábamos y llorábamos nuestra desventura, cuando de pronto oímos a Juan Gelman que nunca levantaba la voz: Dejen ya de quejarse. Es una vergüenza escucharlos. De pie, enojado, una cobija sobre los hombros, siguió: Si venimos aquí es para ayudar, no para complicar más las cosas. No recuerdo si dijo algo más, pero sí el tono de su voz y la autoridad que emanaba de su figura alta a media tienda de campaña. Todos nos callamos avergonzados. Jesusa me recordó: La dictadura militar de Argentina eliminó a 30 mil, y él es un luchador. A la mañana siguiente fui a abrazarlo y todavía me dijo con la bondad que siempre vi en sus ojos: Córrele, a ver si alcanzas café caliente. Allá, debajo del árbol, lo está repartiendo Moisés.

No sé si los zapatistas tenían una clara conciencia de quién era su ilustre visitante, a lo mejor el poeta que escribió Ahí está la poesía de pie contra la muerte era sólo uno más de quienes admiramos al zapatismo. Lo que sí recuerdo es su entereza y su lealtad que lo hizo ir hasta Chiapas a acompañar a los más pequeños para darles –lo supieran o no – el abrigo de su obra clásica, cálida, sencilla y, por tanto, indestructible.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/01/17/opinion/a04a1cul

miércoles, 15 de enero de 2014

JUAN GELMAN (1930- 2014)


Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.
Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.
Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.
Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.

(Poema aparecido en GOTÁN)

GUNTER GRASS



 
Günter Grass ha dado por cerrada su obra narrativa, debido a su avanzada edad, tras marcar durante más de medio siglo la vida cultural en Alemania. Sus libros, además de lograr un reconocimiento universal, que incluyó el Premio Nobel de Literatura, generaron con frecuencia debates que iban más allá de lo estrictamente literario. Desde El tambor de hojalata (1959), por el cual tuvo que comparecer ante los tribunales acusado de pornógrafo, hasta Pelando la cebolla, en la que desató un escándalo al revelar por primera vez que había sido miembro de las SS a los 17 años, Grass generó polémicas y polarizaciones. Sus intervenciones en política, que empezaron con su apoyo al Partido Socialdemócrata (SPD) y a Willy Brandt en su camino hacia la Cancillería, lo pusieron con frecuencia en la mira de ataque de los conservadores que aprovecharon el escándalo desatado por Pelando... para desacreditar las posiciones críticas del escritor.
Tras enterarse de que se le había concedido el Príncipe de Asturias de las Letras (1999), el escritor sostuvo que la buena recepción que había tenido su literatura era porque había logrado producir una novela típica de cada década. Así, según Grass, El rodaballo (1977) –con el planteo del problema del hambre– habría sido una novela típica de los ’70; La ratesa (1986) –con su trasfondo ecológico–, una novela típica de los ’80; y Es cuento largo (1995) –centrada en la reunificación alemana–, una obra típica de los ’90. Después vendrían A paso de cangrejo (2002), novela breve en la que rompió un tabú de la izquierda ocupándose del sufrimiento alemán en la guerra y desatándoles la lengua a muchos que hasta ese momento habían guardado silencio, y Pelando... (2006), con todas las polémicas paralelas.
Pelando... abrió un ciclo autobiográfico completado por La caja, de 2008, y Palabras de Grimm, de 2010. El primero está dedicado a la fotógrafa Maria Rama –muerta en 1977–, presunta propietaria de una cámara mágica que se volvió loca durante la guerra al ser la única superviviente de un taller de fotografía después de un bombardeo y empezó a fotografiar cosas que no existían o habían dejado de existir. Sin duda, el libro es también una historia de familia, pero no es solamente eso sino que además es una reflexión estética. Uno de los hijos que aparecen en el libro subraya que el padre tiende a mezclar las épocas, como lo hace la cámara mágica, y a ver más allá de lo que todos ven, lo que hace que no se sepa nunca lo que es verdad y lo que no lo es.
Esas mezclas entre la realidad y la ficción, y entre la historia y el presente, marcaron toda la obra de Grass, en la que los poetas del Barroco alemán terminaban reflexionando sobre la II Guerra Mundial. La otra constante que siempre lo acompañó fue la mezcla entre géneros. Entre novela y novela, con frecuencia publicó poemarios. Y en algunos de sus libros hay poemas integrados en el texto, siguiendo una tradición que tiene sus raíces en el Romanticismo alemán. Además están sus obras de teatro –hoy poco representadas–, entre las que destaca Los plebeyos ensayan la rebelión, un curioso homenaje a Bertolt Brecht.
Su adiós a la novela –dice que a su edad ya no puede planificar un período de trabajo de cinco o seis años que necesitaría para escribir una–- puede no significar necesariamente su adiós a la literatura. Le queda la poesía, un género que puede seguir cultivando a corto plazo y que, como él mismo ha dicho en muchas ocasiones, nunca engaña.