Fue por los 90, en aquella 'resistencia cultural' contra el 'menemato', que con una serie de escritores nos afiliamos a un sindicato de periodismo. Eran tiempos de buscar formas de resistencias, como sucede hoy en estos tiempos en lo cultural y político.
Venía aportando unos escritos para diarios de la zona, pero era lo que considero escritos técnicos; si bien argumentaban sobre 'la salud mental' de la población y datos muy dramáticos de el aumento de depresiones, suicidios, violencia debido a causas que tenían que ver con la situación económica y como se había destruido el tejido social, no lo consideraba periodismo. Aquella década ya tenía el final anunciado que lamentablemente llegó en diciembre del 2001.
Conocía a varios periodistas locales y los que se estaban 'haciendo'. Encontraban el negocio en las Municipalidades, para armar su diario y con las dádivas (pauta se le dice ahora) de los intendentes, vivir bastante bien, hasta que cambia un gobierno. Vi crecer a varios en la región. Y lo más patético, visto a la distancia, es como era algo naturalizado. Era común para ellos ir a los agasajos 'del Día del periodista' en algún municipio. Con esto se construyó- mucho por esta zona del noroeste- la función de un periodismo servil, obsecuente y obediente al poder de turno.
Solo por aquellos años había un diario que se editaba en San Miguel, que tuvo para esos tiempos, el coraje de hacer un periodismo crítico. Lo comprobé al estar una vez en una dependencia municipal, y ver como se agolpaban algunos empleados, para ver qué había salido en ese periódico. Tuvo la capacidad crítica de poder ver que estaba pasando con lo político y lo cultural. Muchos de los escritores locales fuimos beneficiarios de sus notas, para difundir nuestras actividades y libros. En esos espacios comencé a tener una columna sobre Salud Mental y luego sobre algo cultural; como muchos lectores lamentamos el cierre del diario 'La hoja', esa usina de información local.
Carlos Liendro. 18/3/26